martes 8 de abril de 2008

sábado 7 de abril de 2007

ÉXODO
(Gr. «hodos», «camino»; «ex», «fuera de»: salida).
La salida de los israelitas de Egipto, después que Dios los hubiera liberado de su servidumbre en aquel país.
(A) ITINERARIO.
Hay considerables dificultades para determinar el itinerario preciso de este viaje. Los milagros que llevó Moisés a cabo tuvieron lugar en Zoán, o Tanis (Sal. 78:12). Ramesés se hallaba en las cercanías de esta capital. De allí, los israelitas pasaron a Sucot (Éx. 12:37), lugar que o bien se corresponde con Pitón o se hallaba cerca de estos parajes. Esta localidad está ocupada en la actualidad por Tell el-Maskhutah, en el oasis Tumilat, a unos 51 Km. al sursureste de Tanis y a 18 Km. al oeste de Ismailía. Para llegar a Palestina, los israelitas no tomaron la ruta más corta, que atravesaba el país de los filisteos, sino el camino del desierto, hacia el mar Rojo (Éx. 13:17, 18). Después de Sucot, su primer campamento fue Etam. Este lugar no ha sido identificado, pero se sabe que se hallaba en la linde del desierto (Éx. 13:20). De allí, los israelitas retrocedieron y acamparon entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón, en Pi-hahirot (Éx. 14:2; Nm. 33:7). No se ha podido determinar la situación de este campamento. Estaba en la orilla occidental del mar Rojo; es por este sitio que atravesaron a pie el mar para llegar al desierto de Shur (Éx. 15:4, 22; Nm. 33:8); después se dirigieron hacia el monte Sinaí siguiendo la costa del mar Rojo (Éx. 16:1; Nm. 33:10, 15).
Según los textos bíblicos, se puede recapitular de la siguiente manera la ruta del éxodo: (Ver gráfico)
(B) FECHA DEL ÉXODO.
Dentro de la cronología comúnmente aceptada de la historia de Egipto se proponen dos posturas principales: el éxodo tuvo lugar hacia el año 1441 a.C. bajo el reinado de Amenofis II de la XVIII dinastía, o bien en el año 1290 a.C. bajo Ramsés II de la XIX dinastía. Por lo que respecta a la cronología absoluta, es evidente que la asunción de una fecha tardía (1290 a.C.) no concuerda con el marco cronológico bíblico. Se dan razones a favor y en contra de cada uno de los anteriores puntos de vista, que no resultan realmente satisfactorios. La revisión crítica del marco cronológico de la historia egipcia hecha por investigadores como Velikovsky y Courville (véanse EGIPTO y Bibliografía, al final de este artículo) en base a la reevaluación de las inscripciones y monumentos, ofrece, sin embargo, un marco que, respetando la cronología bíblica, muestra los puntos de coincidencia dentro de una catástrofe que envolvió a Egipto. Los hicsos quedan en este esquema identificados con los amu o amalecitas, siendo esto apoyado por una gran cantidad de evidencias cumulativas. Así, el establecimiento de la dinastía de los hicsos en Egipto coincide en el tiempo con la salida de los hebreos (1441 a.C.), y con el choque bélico de estos dos pueblos en Refidim (Éx. 17:8). Los hicsos mantuvieron a Egipto en la pobreza como conquistadores depredadores. Este esquema armoniza con el hecho de que durante todo el período de la peregrinación de los israelitas en el desierto, de la conquista, y de los Jueces, no se menciona en absoluto a Egipto; según las cronologías históricas convencionales, hubiera debido ser entonces la potencia dominante. Si los hicsos dominaron Egipto desde el tiempo del éxodo hasta que Saúl acabó con su poderío (¿1040 a.C.?), se explica que Egipto empiece a aparecer en escena de nuevo en los tiempos de David (cp. 1 R. 15:21). Courville señala en su obra "The Exodus Problem and Its Ramifications" que Ramsés I no fue el primer rey egipcio de este nombre, y que el último faraón de la opresión fue Rameses hijo de Uafres, que einó durante 29 años; su hijo Koncharis fue, en tal caso, el faraón del Éxodo (ver PP. 116-132). Eusebio da su nombre como Cencheres, aunque atribuyéndolo a otra dinastía. Por otra parte, Josefo afirma que los hicsos tomaron Egipto sin tener que luchar (Contra Apión, 1:14). Un hecho así sólo tiene explicación si se ve en el contexto de un Egipto abrumado por una gran catástrofe nacional que le impidió reaccionar.
Entre las objeciones a esta reconstrucción, se aduce que en las ruinas de Pi-Rameses se halla en profusión el nombre de Ramsés II. Sin embargo, G. E. Wright ha señalado que es bien posible que la ciudad que ocupaba este sitio originalmente fuera destruida por Ahmose en la época en que los hicsos fueron expulsados de Egipto. La restauración de la ciudad pudo entonces ser llevada a cabo por Ramsés II, que inscribiría su nombre en los edificios restaurados.
Todo lo anterior, y muchas consideraciones adicionales, dan evidencia de la necesidad de una revisión en profundidad del modelo actualmente aceptado de la historia antigua de Egipto, para llevarla a una armonía con la evidencia interna de los documentos y monumentos. Esta obra ya ha sido claramente trazada en sus líneas maestras por Velikovsky y Courville. No hay base histórica alguna para dudar de la fecha del Éxodo en base a la cronología bíblica (alrededor del año 1440 a.C.); por otra parte, se puede llegar a un esquema de la historia egipcia, en base a los mismos documentos y monumentos egipcios, que muestran su correspondencia con la opresión y el éxodo, además de con el largo silencio y postración bajo los hicsos. (Véase también EGIPTO, (a) Historia; y (f) La estancia de los israelitas en Egipto.)
(C) NÚMERO DE ISRAELITAS QUE ABANDONARON EGIPTO.
El texto de Éx. 12:37 dice: «Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños». Frente a esta afirmación bíblica se han levantado objeciones en contra, llegándose al extremo de afirmar que no pudieron salir más de 6.000 a 8.000 israelitas de Egipto (Beer). Sin embargo, esta posición deja sin sentido todo el contexto del relato. Hay varios puntos que sólo son explicables en base a un gran número de israelitas:
(a) El temor que los egipcios habían llegado a tener a los israelitas, lo que los llevó a su criminal intento de mantener su población a raya mediante el infanticidio (Éx. 1); este temor fue también compartido por las naciones de Canaán ante la expectativa de la invasión israelita;
(b) la necesidad de una gran cantidad de israelitas para atemorizar a los egipcios y cananeos concuerda también con las dificultades con que se hallaron en el desierto, que sólo pudieron ser vencidas por una intervención sobrenatural (Éx. 15:22; 16:12, 13,14-18; 17:1-7; Dt. 8:2-4). (Véase también PEREGRINACIÓN POR EL DESIERTO.)
(c) Ruta.
Según los textos bíblicos, se puede recapitular de la siguiente manera la ruta del éxodo:

Según la biblia

Los israelitas esclavos en Egipto
1 Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob, cada uno con su familia: 2 Rubén, Simeón, Leví, Judá, 3 Isacar, Zabulón, Benjamín, 4 Dan, Neftalí, Gad y Aser. 5 Todas las personas descendientes directos de Jacob eran setenta. José ya estaba en Egipto.
6 Murieron José y sus hermanos, y toda aquella generación. 7 Pero los hijos de Israel fueron fecundos y se hicieron muy numerosos; se multiplicaron y llegaron a ser muy poderosos. Y la tierra estaba llena de ellos.
8 Después se levantó un nuevo rey en Egipto que no había conocido a José, el cual dijo a su pueblo: 9 "He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros. 10 Procedamos astutamente con él para que no se multiplique; no suceda que, en caso de guerra, también se una a nuestros enemigos, luche contra nosotros y se vaya del país."
11 Entonces les impusieron jefes de tributo laboral que los oprimiesen con sus cargas, y edificaron para el faraón las ciudades almacenes de Pitón y Ramesés. 12 Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y se propagaban, de manera que los egipcios se alarmaron a causa de los hijos de Israel. 13 Entonces los egipcios los hicieron trabajar con dureza, 14 y amargaron sus vidas con el pesado trabajo de hacer barro y adobes, aparte de todo trabajo en el campo; y en todos los tipos de trabajo les trataban con dureza.
15 También el rey de Egipto habló a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra y la otra Fúa, y les dijo:
16 -Cuando asistáis a las mujeres hebreas a dar a luz y veáis en la silla de parto que es niño, matadlo; pero si es niña, dejadla vivir.
17 Pero las parteras temían a Dios y no hicieron como el rey de Egipto les mandó, sino que dejaban con vida a los niños varones. 18 Entonces el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo:
-¿Por qué habéis hecho esto de dejar con vida a los niños varones?
19 Las parteras respondieron al faraón:
-Las mujeres hebreas no son como las egipcias. Ellas son vigorosas y dan a luz antes de que llegue a ellas la partera.
20 Dios favoreció a las parteras, y el pueblo se multiplicó y se fortaleció muchísimo. 21 Y sucedió que, porque las parteras tuvieron temor de Dios, él también les dio a ellas su propia familia.
22 Entonces el faraón mandó a decir a todo su pueblo: "Echad al Nilo a todo niño que nazca, pero a toda niña conservadle la vida."
El niño Moisés en la corte del faraón
2 Cierto hombre de la tribu de Leví tomó por esposa a una mujer levita. 2 Esta concibió y dio a luz un niño; y al ver que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses. 3 No pudiendo ocultarlo más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la recubrió con asfalto y brea. Colocó en ella al niño y lo puso entre los juncos a la orilla del Nilo. 4 Su hermana se mantuvo a distancia para ver lo que le acontecería.
5 Entonces la hija del faraón descendió al Nilo para bañarse. Y mientras sus doncellas se paseaban por la ribera del Nilo, ella vio la arquilla entre los juncos y envió a una sierva suya para que la tomase. 6 Cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo:
-Este es un niño de los hebreos.
7 Entonces la hermana del niño preguntó a la hija del faraón:
-¿Iré a llamar una nodriza de las hebreas para que te críe al niño?
8 La hija del faraón respondió:
-Vé.
Entonces la muchacha fue y llamó a la madre del niño. 9 Y la hija del faraón le dijo:
-Llévate a este niño y críamelo. Yo te lo pagaré.
La mujer tomó al niño y lo crió.
10 Cuando el niño creció, ella se lo llevó a la hija del faraón. El vino a ser para ella su hijo, y ella le puso por nombre Moisés, diciendo: "Porque de las aguas lo saqué."
Moisés huye del faraón
11 Aconteció cierto día, cuando Moisés había crecido, que fue a sus hermanos y les vio en sus duras tareas. Entonces vio a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. 12 El miró a uno y otro lado, y viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. 13 Al día siguiente salió otra vez, y he aquí que dos hebreos se estaban peleando. Entonces dijo al culpable:
-¿Por qué golpeas a tu prójimo?
14 Y él le respondió:
-¿Quién te ha puesto a ti por jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio?
Entonces Moisés tuvo miedo y pensó: "Ciertamente el asunto ya es conocido."
15 Cuando el faraón se enteró de este hecho, procuró matar a Moisés. Pero Moisés huyó de la presencia del faraón y se fue a la tierra de Madián, y se sentó junto a un pozo.
Moisés en la tierra de Madián
16 El sacerdote de Madián tenía siete hijas, quienes fueron a sacar agua para llenar los abrevaderos y dar de beber a las ovejas de su padre. 17 Pero vinieron unos pastores y las echaron. Entonces Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a sus ovejas.
18 Cuando ellas volvieron a Reuel su padre, él les preguntó:
-¿Por qué habéis vuelto tan pronto hoy?
19 Ellas le respondieron:
-Un hombre egipcio nos libró de mano de los pastores, y también nos sacó agua y dio de beber a las ovejas.
20 El preguntó a sus hijas:
-¿Y dónde está? ¿Por qué habéis abandonado a este hombre? Llamadlo para que coma algo.
21 Moisés aceptó vivir con aquel hombre, y él dio su hija Séfora a Moisés. 22 Ella dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Gersón, porque dijo: "Fui forastero en tierra extranjera."
Moisés es enviado para librar a Israel
23 Aconteció después de muchos años que el rey de Egipto murió. Los hijos de Israel gemían a causa de la esclavitud y clamaron a Dios, y el clamor de ellos a causa de su esclavitud subió a Dios. 24 Dios oyó el gemido de ellos y se acordó de su pacto con Abraham, con Isaac y con Jacob. 25 Dios miró a los hijos de Israel y reconoció su condición.
3 Apacentando Moisés las ovejas de su suegro Jetro, sacerdote de Madián, guió las ovejas más allá del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios. 2 Entonces se le apareció el ángel de Jehovah en una llama de fuego en medio de una zarza. El observó y vio que la zarza ardía en el fuego, pero la zarza no se consumía. 3 Entonces Moisés pensó: "Iré, pues, y contemplaré esta gran visión; por qué la zarza no se consume."
4 Cuando Jehovah vio que él se acercaba para mirar, lo llamó desde en medio de la zarza diciéndole:
-¡Moisés, Moisés!
Y él respondió:
-Heme aquí.
5 Dios le dijo:
-No te acerques aquí. Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde tú estás tierra santa es. 6 Yo soy el Dios de tus padres: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Entonces Moisés cubrió su cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios. 7 Y le dijo Jehovah:
-Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus sufrimientos. 8 Yo he descendido para librarlos de la mano de los egipcios y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y amplia, una tierra que fluye leche y miel, al lugar de los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. 9 Y ahora, he aquí que el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí; también he visto la opresión con que los oprimen los egipcios. 10 Pero ahora, vé, pues yo te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel.
11 Entonces Moisés dijo a Dios:
-¿Quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?
12 El respondió:
-Ciertamente yo estaré contigo. Esto te servirá como señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios en este monte.
13 Moisés dijo a Dios:
-Supongamos que yo voy a los hijos de Israel y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros." Si ellos me preguntan: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?
14 Dios dijo a Moisés:
-YO SOY EL QUE SOY. -Y añadió-: Así dirás a los hijos de Israel: "YO SOY me ha enviado a vosotros." 15 -Dios dijo además a Moisés-: Así dirás a los hijos de Israel: "JEHOVAH, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros." Este es mi nombre para siempre; éste será el nombre con que seré recordado de generación en generación. 16 Vé, reúne a los ancianos de Israel y diles: "Jehovah, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: ’De cierto yo os he visitado y he visto lo que se os ha hecho en Egipto. 17 Y he dicho que yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra de los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos; a una tierra que fluye leche y miel.’ "
18 »Ellos escucharán tu voz, y tú irás con los ancianos de Israel al rey de Egipto, y le diréis: "Jehovah, el Dios de los hebreos, ha venido a nuestro encuentro. Ahora permite que vayamos al desierto, a tres días de camino, para ofrecer sacrificios a Jehovah nuestro Dios."
19 »Yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sin que una poderosa mano lo obligue. 20 Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y después de esto os dejará ir. 21 También daré a este pueblo gracia ante los ojos de los egipcios, de modo que cuando salgáis no os vayáis con las manos vacías. 22 Cada mujer pedirá a su vecina y a la que habita en su casa, objetos de plata, objetos de oro y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos e hijas. Así despojaréis a los egipcios.
4 Entonces respondió Moisés y dijo:
-¿Y si ellos no me creen ni escuchan mi voz, sino que dicen: "No se te ha aparecido Jehovah"?
2 Jehovah le preguntó:
-¿Qué es eso que tienes en tu mano?
El respondió:
-Una vara.
3 Y él le dijo:
-Tírala al suelo.
El la tiró al suelo, y se convirtió en una serpiente. Y Moisés huía de ella. 4 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Extiende tu mano y agárrala por la cola.
El extendió su mano y la agarró, y volvió a ser vara en su mano.
5 -Esto es para que crean que se te ha aparecido Jehovah, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. 6 -Jehovah también le dijo-: Mete tu mano en tu seno.
El metió su mano en su seno, y al sacarla, he aquí que su mano estaba leprosa, blanca como la nieve. 7 Entonces le dijo:
-Vuelve a meter tu mano en tu seno.
El volvió a meter su mano en su seno; y al volver a sacarla de su seno, he aquí que volvió a ser como el resto de su carne.
8 -Y sucederá que si no te creen ni te escuchan a la primera señal, te creerán a la segunda señal. 9 Y sucederá que si no te creen a estas dos señales ni escuchan tu voz, tomarás agua del Nilo y la derramarás en tierra seca. El agua que tomarás del Nilo se convertirá en sangre sobre la tierra seca.
10 Entonces Moisés dijo a Jehovah:
-Oh Señor, yo jamás he sido hombre de palabras, ni antes ni desde que tú hablas con tu siervo. Porque yo soy tardo de boca y de lengua.
11 Jehovah le respondió:
-¿Quién ha dado la boca al hombre? ¿Quién hace al mudo y al sordo, al que ve con claridad y al que no puede ver? ¿No soy yo, Jehovah? 12 Ahora pues, vé; y yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que has de decir.
13 Y él dijo:
-¡Oh Señor; por favor, envía a otra persona!
14 Entonces el furor de Jehovah se encendió contra Moisés, y le dijo:
-¿No conozco yo a tu hermano Aarón el levita? Yo sé que él habla bien. He aquí que él viene a tu encuentro; y al verte, se alegrará en su corazón. 15 Tú le hablarás y pondrás en su boca las palabras. Yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer. 16 El hablará por ti al pueblo y será para ti como boca, y tú serás para él como Dios. 17 Lleva en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.
Moisés en camino a Egipto
18 Entonces Moisés se fue y volvió a donde estaba su suegro Jetro y le dijo:
-Permite que yo vaya y vuelva a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún están vivos.
Y Jetro dijo a Moisés:
-Vé en paz.
19 Jehovah dijo también a Moisés en Madián:
-Vé, vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban matarte.
20 Entonces Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los puso sobre un asno y regresó a la tierra de Egipto. Moisés tomó también en su mano la vara de Dios. 21 Y Jehovah dijo a Moisés:
-Cuando estés de regreso en Egipto, haz en presencia del faraón todas las señales que he puesto en tu mano. Sin embargo, yo endureceré su corazón, y él no dejará ir al pueblo. 22 Entonces dirás al faraón: "Así ha dicho Jehovah: ’Israel es mi hijo, mi primogénito. 23 Yo te digo que dejes ir a mi hijo para que me sirva. Si rehúsas dejarlo ir, he aquí que yo mataré a tu hijo, a tu primogénito.’ "
24 Aconteció en el camino, en una posada, que Jehovah le salió al encuentro y procuró matarlo. 25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado, cortó el prepucio de su hijo y tocó con él los pies de Moisés, diciendo:
-¡De veras, tú eres para mí un esposo de sangre!
26 Entonces le dejó. Ella había dicho "esposo de sangre" a causa de la circuncisión.
Moisés y Aarón ante el pueblo
27 Entonces Jehovah dijo a Aarón:
-Vé al desierto, al encuentro de Moisés.
El fue y lo encontró en el monte de Dios, y lo besó. 28 Entonces Moisés refirió a Aarón todas las palabras que Jehovah le enviaba a decir y todas las señales que le mandaba hacer.
29 Moisés y Aarón fueron, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel. 30 Aarón relató todas las cosas que Jehovah había dicho a Moisés, y éste hizo las señales ante los ojos del pueblo. 31 El pueblo creyó; y al oír que Jehovah había visitado a los hijos de Israel y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.
Moisés y Aarón ante el faraón
5 Después Moisés y Aarón fueron al faraón y le dijeron:
-Jehovah, el Dios de Israel, dice así: "Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto."
2 Pero el faraón respondió:
-¿Quién es Jehovah para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehovah, ni tampoco dejaré ir a Israel.
3 Ellos le dijeron:
-El Dios de los hebreos ha venido a nuestro encuentro. Permite que vayamos al desierto, a tres días de camino, para ofrecer sacrificios a Jehovah nuestro Dios, no sea que nos castigue con peste o con espada.
4 Entonces el rey de Egipto les dijo:
-¡Moisés y Aarón! ¿Por qué distraéis al pueblo de sus labores? ¡Volved a vuestras tareas! 5 -Dijo también el faraón-: Ciertamente el pueblo de la tierra es ahora numeroso; no obstante, vosotros les habéis hecho suspender sus labores.
Se agrava el trabajo del pueblo
6 Aquel mismo día el faraón mandó decir a los capataces del pueblo y a sus vigilantes:
7 -Ya no daréis paja al pueblo para hacer los adobes, como hacíais antes. ¡Que vayan ellos y recojan por sí mismos la paja! 8 Sin embargo, les impondréis la misma cantidad de adobes que hacían antes. No les disminuiréis nada, porque están ociosos. Por eso gritan diciendo: "Vayamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios." 9 Hágase más pesado el trabajo de los hombres, para que se ocupen en él y no presten atención a palabras mentirosas.
10 Los capataces del pueblo y sus vigilantes salieron y hablaron al pueblo diciendo:
-Así ha dicho el faraón: "Yo no os daré paja. 11 Id y recoged por vosotros mismos la paja donde la halléis, pero en nada se disminuirá vuestra tarea."
12 Entonces el pueblo se dispersó por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojo en lugar de paja. 13 Y los capataces los apremiaban diciendo:
-Terminad vuestra tarea, lo de cada día en su día, como cuando se os daba paja.
14 Y azotaron a los vigilantes de los hijos de Israel que habían sido puestos por los capataces del faraón, y les dijeron:
-¿Por qué no habéis completado vuestra cantidad de adobes ni ayer ni hoy, como antes?
15 Los vigilantes de los hijos de Israel fueron al faraón y se quejaron ante él diciendo:
-¿Por qué procedes así con tus siervos? 16 No se da paja a tus siervos, y con todo nos dicen: "¡Haced adobes!" He aquí, tus siervos son azotados, cuando la culpa es de tu propio pueblo.
17 El respondió:
-¡Estáis ociosos! ¡Sí, ociosos! Por eso decís: "Vayamos y ofrezcamos sacrificios a Jehovah." 18 Id, pues, ahora y trabajad. No se os dará paja, pero habréis de entregar la misma cantidad de adobes.
19 Entonces los vigilantes de los hijos de Israel se vieron en aflicción, cuando les dijeron: "No se disminuirá en nada vuestra cantidad diaria de adobes." 20 Cuando ellos salían del palacio del faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que estaban esperándolos, 21 y les dijeron:
-Jehovah os mire y os juzgue, pues nos habéis hecho odiosos ante los ojos del faraón y los de sus servidores, poniendo en sus manos la espada para que nos maten.
Jehovah anuncia su actuación directa
22 Entonces Moisés se volvió a Jehovah y le dijo:
-Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? 23 Porque desde que fui al faraón para hablarle en tu nombre, él ha maltratado a este pueblo, y tú no has librado a tu pueblo.
6 Jehovah respondió a Moisés:
-Ahora verás lo que yo haré al faraón, porque sólo a causa de una poderosa mano los dejará ir. A causa de una poderosa mano los ha de echar de su tierra. 2 -Además, Dios dijo a Moisés-: Yo soy Jehovah. 3 Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso; pero con mi nombre Jehovah no me di a conocer a ellos. 4 Yo también establecí mi pacto con ellos, prometiendo darles la tierra de Canaán, la tierra en la cual peregrinaron y habitaron como forasteros. 5 Asimismo, yo he escuchado el gemido de los hijos de Israel, a quienes los egipcios esclavizan, y me he acordado de mi pacto. 6 Por tanto, di a los hijos de Israel: "Yo soy Jehovah. Yo os libraré de las cargas de Egipto y os libertaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos justicieros. 7 Os tomaré como pueblo mío, y yo seré vuestro Dios. Vosotros sabréis que yo soy Jehovah vuestro Dios, que os libra de las cargas de Egipto. 8 Yo os llevaré a la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob. Yo os la daré en posesión. Yo Jehovah."
9 De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moisés, a causa del decaimiento de ánimo y de la dura esclavitud. 10 Entonces Jehovah habló a Moisés diciendo:
11 -Vé al faraón rey de Egipto y dile que deje ir de su tierra a los hijos de Israel.
12 Y Moisés respondió a Jehovah diciendo:
-Si los hijos de Israel no me escuchan, ¿cómo, pues, me escuchará el faraón, siendo yo falto de elocuencia?
13 Entonces Jehovah habló a Moisés y a Aarón, y les dio mandamiento para los hijos de Israel y para el faraón rey de Egipto, a fin de sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto.
Casas paternas de Rubén, Simeón y Leví
14 Estos son los jefes de sus casas paternas:
Los hijos de Rubén, primogénito de Israel, fueron: Hanoc, Falú, Hesrón y Carmi. Estos son los clanes de Rubén.
15 Los hijos de Simeón fueron: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zojar y Saúl, hijo de la cananea. Estos son los clanes de Simeón.
16 Estos son los nombres de los hijos de Leví, según sus generaciones: Gersón, Cohat y Merari. Los años de la vida de Leví fueron 137.
17 Los hijos de Gersón fueron Libni y Simei, según sus clanes.
18 Los hijos de Cohat fueron: Amram, Izjar, Hebrón y Uziel. Los años de la vida de Cohat fueron 133.
19 Los hijos de Merari fueron Majli y Musi.
Estos son los clanes de Leví, según sus generaciones.
20 Amram tomó por mujer a Jocabed su tía, quien le dio a luz a Aarón y a Moisés. Los años de la vida de Amram fueron 137.
21 Los hijos de Izjar fueron: Coré, Néfeg y Zicri.
22 Los hijos de Uziel fueron: Misael, Elzafán y Sitri.
23 Aarón tomó por mujer a Elisabet hija de Aminadab, hermana de Najsón, quien le dio a luz a Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
24 Los hijos de Coré fueron: Asir, Elcana y Abiasaf. Estos son los clanes de los coreítas.
25 Eleazar hijo de Aarón tomó por mujer a una de las hijas de Putiel, la cual le dio a luz a Fineas.
Estos son los jefes de las casas paternas de los levitas, según sus clanes. 26 Estos son aquel Aarón y aquel Moisés, a quienes Jehovah dijo: "Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, según sus ejércitos." 27 Ellos son los que hablaron al faraón rey de Egipto para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Estos fueron Moisés y Aarón.
Dios recalca la misión de Moisés
28 Sucedió esto el día en que Jehovah habló a Moisés en la tierra de Egipto. 29 Jehovah habló a Moisés diciendo:
-Yo soy Jehovah. Di al faraón, rey de Egipto, todas las cosas que yo te diga a ti.
30 Moisés respondió a Jehovah:
-He aquí que yo soy un hombre falto de elocuencia; ¿cómo, pues, me escuchará el faraón?
7 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Mira, yo te he puesto como dios para el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. 2 Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará al faraón para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. 3 Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré mis señales y mis prodigios en la tierra de Egipto. 4 El faraón no os escuchará. Pero yo pondré mi mano sobre Egipto y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto con grandes actos justicieros. 5 Así sabrán los egipcios que yo soy Jehovah, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.
6 Moisés y Aarón hicieron como Jehovah les mandó; así lo hicieron. 7 Moisés tenía 80 años y Aarón 83 años, cuando hablaron al faraón.
La vara se transforma en serpiente
8 Jehovah habló a Moisés y a Aarón diciendo:
9 -Cuando el faraón os responda y diga: "Mostrad señales", tú dirás a Aarón: "Toma tu vara y arrójala delante del faraón, y ella se transformará en una serpiente."
10 Fueron, pues, Moisés y Aarón al faraón, e hicieron como Jehovah les había mandado: Aarón echó su vara delante del faraón y de sus servidores, y se convirtió en una serpiente. 11 El faraón también llamó a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los magos de Egipto, hicieron lo mismo con sus encantamientos. 12 Cada uno echó su vara, las cuales se convirtieron en serpientes; pero la vara de Aarón se tragó las varas de ellos. 13 Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Jehovah había dicho.
Primera plaga: el agua hecha sangre
14 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-El corazón del faraón se ha endurecido, y rehúsa dejar ir al pueblo. 15 Vé por la mañana al faraón, cuando él salga al río. Ponte frente a él a la orilla del Nilo. Toma en tu mano la vara que se transformó en serpiente, 16 y dile: "Jehovah, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: ’Deja ir a mi pueblo para que me sirva en el desierto.’ Pero he aquí que hasta ahora no has querido escuchar. 17 Así ha dicho Jehovah: ’En esto conocerás que yo soy Jehovah’; he aquí, con la vara que tengo en mi mano golpearé las aguas del Nilo, y éstas se convertirán en sangre. 18 Los peces que hay en el Nilo morirán. El Nilo apestará, y los egipcios tendrán asco de beber agua del Nilo."
19 Jehovah dijo también a Moisés:
-Di a Aarón: "Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de agua; y ellas se convertirán en sangre." Habrá sangre en toda la tierra de Egipto, hasta en los baldes de madera y en las vasijas de piedra.
20 Moisés y Aarón hicieron como les mandó Jehovah. Alzó la vara y golpeó las aguas del Nilo en presencia del faraón y de sus servidores, y todas las aguas del Nilo se convirtieron en sangre. 21 Los peces que había en el Nilo murieron. Y el Nilo apestaba, de modo que los egipcios no podían beber de él. Hubo sangre en toda la tierra de Egipto.
22 Pero los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos. Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho.
23 Después se volvió el faraón y entró en su casa, y no quiso prestar más atención al asunto. 24 Y todos los egipcios hicieron pozos alrededor del Nilo para beber, porque no podían beber las aguas del Nilo.
Segunda plaga: las ranas
25 Pasaron siete días después que Jehovah golpeó el Nilo.
8 1 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Vé al faraón y dile que Jehovah ha dicho así: "Deja ir a mi pueblo para que me sirva. 2 Y si rehúsas dejarlo ir, he aquí yo castigaré todo tu territorio con una plaga de ranas. 3 El Nilo se llenará de ranas, las cuales subirán y entrarán en tu casa y en tu dormitorio, y sobre tu cama. Entrarán en las casas de tus servidores y de tu pueblo. Entrarán en tus hornos y en tus artesas de amasar. 4 Las ranas subirán sobre ti, sobre tu pueblo y sobre todos tus servidores." 5 -Jehovah dijo también a Moisés-: Di a Aarón: "Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, sobre los canales y sobre los estanques; y haz subir ranas sobre la tierra de Egipto."
6 Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto. 7 Pero los magos hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron subir ranas sobre la tierra de Egipto. 8 Entonces el faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo:
-Rogad a Jehovah para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir al pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehovah.
9 Y Moisés dijo al faraón:
-Dígnate indicarme cuándo he de rogar por ti, por tus servidores y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti y de tus casas, y solamente queden en el Nilo.
10 Y él dijo:
-Mañana.
Y Moisés respondió:
-Se hará conforme a tu palabra, para que conozcas que no hay otro como Jehovah nuestro Dios. 11 Las ranas se irán de ti, de tus casas, de tus servidores y de tu pueblo, y solamente quedarán en el Nilo.
12 Entonces salieron Moisés y Aarón de la presencia del faraón. Y Moisés clamó a Jehovah por el asunto de las ranas que había mandado sobre el faraón. 13 Jehovah hizo conforme a la palabra de Moisés. Murieron las ranas de las casas, de los patios y de los campos. 14 Las juntaron en muchos montones, y la tierra apestaba. 15 Pero viendo el faraón que le habían dado alivio, endureció su corazón y no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho.
Tercera plaga: los piojos
16 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Di a Aarón: "Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra para que se convierta en piojos en toda la tierra de Egipto."
17 Ellos lo hicieron así. Aarón extendió su mano con su vara y golpeó el polvo de la tierra, el cual se convirtió en piojos, tanto sobre los hombres como sobre los animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos, en toda la tierra de Egipto.
18 Los magos también intentaron hacer piojos con sus encantamientos, pero no pudieron. Había piojos tanto en los hombres como en los animales. 19 Entonces los magos dijeron al faraón:
-¡Esto es el dedo de Dios!
Pero el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho.
Cuarta plaga: las moscas
20 Jehovah dijo a Moisés:
-Levántate muy de mañana, preséntate ante el faraón cuando él salga al río y dile que Jehovah ha dicho así: "Deja ir a mi pueblo para que me sirva. 21 Porque si no dejas ir a mi pueblo, he aquí yo enviaré una nube de moscas sobre ti y sobre tus servidores, sobre tu pueblo y dentro de tus casas. Y las casas de los egipcios se llenarán de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estén. 22 Pero el mismo día yo excluiré la tierra de Gosén, donde habita mi pueblo, para que no vaya allí la nube de moscas, a fin de que sepas que yo, Jehovah, estoy en medio de la tierra. 23 Yo haré distinción entre mi pueblo y el tuyo. Mañana tendrá lugar esta señal."
24 Jehovah lo hizo así: Vino una densa nube de moscas sobre la casa del faraón, sobre las casas de sus servidores, y sobre toda la tierra de Egipto. La tierra quedó devastada a causa de ellas. 25 Entonces el faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo:
-Id, ofreced sacrificios a vuestro Dios, dentro del país.
26 Moisés respondió:
-No conviene que lo hagamos así, porque ofreceríamos como sacrificio a Jehovah lo que es una abominación a los egipcios. Si sacrificáramos en presencia de los egipcios lo que para ellos es una abominación, ¿no nos apedrearían? 27 Iremos a tres días de camino por el desierto y ofreceremos sacrificios a Jehovah, según él nos diga.
28 El faraón dijo:
-Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehovah vuestro Dios en el desierto, con tal que no os vayáis demasiado lejos. Rogad por mí.
29 Respondió Moisés:
-He aquí, al salir yo de tu presencia, rogaré a Jehovah, y él hará que mañana la nube de moscas se aparte del faraón, de sus servidores y de su pueblo, con tal que el faraón no se vuelva a burlar, no dejando ir al pueblo para ofrecer sacrificios a Jehovah.
30 Entonces Moisés salió de la presencia del faraón y oró a Jehovah. 31 Y Jehovah hizo conforme a la palabra de Moisés y apartó del faraón, de sus servidores y de su pueblo la nube de moscas, sin que quedara una sola. 32 Pero el faraón endureció también esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.
Quinta plaga: la peste
9 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Vé al faraón y dile que Jehovah, el Dios de los hebreos, ha dicho así: "Deja ir a mi pueblo para que me sirva. 2 Porque si rehúsas dejarlos ir y los sigues deteniendo, 3 he aquí la mano de Jehovah traerá una terrible peste sobre tu ganado que está en el campo: caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas. 4 Pero Jehovah hará distinción entre el ganado de Israel y el de Egipto, de modo que no muera nada de todo lo que pertenece a los hijos de Israel." 5 -Jehovah fijó un plazo diciendo-: Mañana Jehovah hará esto en el país.
6 Al día siguiente Jehovah hizo esto, y murió todo el ganado de Egipto. Pero del ganado de los hijos de Israel no murió ni un solo animal. 7 El faraón envió observadores, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto ni un solo animal. Pero el corazón del faraón se endureció, y no dejó ir al pueblo.
Sexta plaga: las úlceras
8 Jehovah dijo a Moisés y a Aarón:
-Tomad puñados de hollín de un horno, y que Moisés lo esparza hacia el cielo, en presencia del faraón. 9 Este se convertirá en polvo sobre toda la tierra de Egipto, y ocasionará sarpullido que producirá úlceras, tanto en los hombres como en los animales, en toda la tierra de Egipto.
10 Tomaron, pues, el hollín del horno y se pusieron de pie delante del faraón. Moisés lo esparció hacia el cielo, y éste se convirtió en sarpullido que producía úlceras, tanto en los hombres como en los animales. 11 Y los magos no podían estar en presencia de Moisés por causa de las úlceras, porque los magos tenían úlceras, como todos los egipcios.
12 Pero Jehovah endureció el corazón del faraón. Y éste no los escuchó, tal como Jehovah lo había dicho a Moisés.
Séptima plaga: el granizo
13 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Levántate muy de mañana, preséntate delante del faraón y dile que Jehovah, el Dios de los hebreos, dice así: "Deja ir a mi pueblo para que me sirva. 14 Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas sobre ti, sobre tus servidores y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra. 15 Porque hasta ahora yo podría haber extendido mi mano para herirte a ti y a tu pueblo con una plaga tal que ya habrías sido eliminado de la tierra. 16 Pero por esto mismo te he dejado con vida, para mostrarte mi poder y para dar a conocer mi nombre en toda la tierra. 17 ¿Todavía te insolentas contra mi pueblo para no dejarlos ir? 18 He aquí, mañana a estas horas yo haré caer granizo tan pesado, como nunca lo hubo en Egipto desde el día en que fue fundado, hasta ahora. 19 Ordena, pues, que recojan tu ganado y todo lo que tienes en el campo, en un lugar seguro; porque el granizo caerá sobre todo hombre o animal que se halle en el campo y que no haya sido recogido en casa, y morirá."
20 De los servidores del faraón, el que temió la palabra de Jehovah hizo que sus criados y su ganado huyeran a casa. 21 Pero los que no tomaron en serio la palabra de Jehovah dejaron a sus criados y sus ganados en el campo.
22 Jehovah dijo a Moisés:
-Extiende tu mano hacia el cielo para que caiga granizo sobre toda la tierra de Egipto, sobre los hombres, sobre los animales y sobre toda la hierba del campo en la tierra de Egipto.
23 Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehovah envió truenos y granizo. El fuego se descargó sobre la tierra, y Jehovah hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto. 24 Hubo, pues, granizo y fuego centelleante mezclado con el granizo, y era tan pesado que nunca lo hubo como aquél en toda la tierra de Egipto desde que comenzó a ser nación. 25 El granizo destruyó en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, tanto los hombres como los animales. El granizo también arruinó toda la hierba del campo y destrozó todos los árboles del campo. 26 Sólo en la tierra de Gosén, donde habitaban los hijos de Israel, no cayó granizo. 27 Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón y les dijo:
-He pecado esta vez. Jehovah es el justo; yo y mi pueblo somos los culpables. 28 Rogad a Jehovah para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir, y vosotros no os detendréis más.
29 Moisés le respondió:
-Al salir yo de la ciudad, extenderé mis manos a Jehovah, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo, para que sepas que la tierra es de Jehovah. 30 Pero yo sé que ni tú ni tus servidores teméis todavía la presencia de Jehovah Dios.
31 El lino y la cebada fueron destruidos, porque la cebada estaba en espiga y el lino en flor. 32 Pero el trigo y el centeno no fueron destruidos, pues eran tardíos.
33 Después de haber salido de la presencia del faraón y de la ciudad, Moisés extendió sus manos a Jehovah, y cesaron los truenos y el granizo; y no cayó más lluvia sobre la tierra. 34 Entonces, al ver que habían cesado la lluvia, el granizo y los truenos, el faraón volvió a pecar. Tanto él como sus servidores endurecieron su corazón. 35 El corazón del faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israel, tal como Jehovah lo había dicho por medio de Moisés.
Octava plaga: la langosta
10 Jehovah dijo a Moisés:
-Vé al faraón, porque yo he endurecido su corazón y el corazón de sus servidores para manifestar entre ellos estas señales mías, 2 y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, las señales que yo hice en medio de ellos, para que sepáis que yo soy Jehovah.
3 Entonces Moisés y Aarón fueron al faraón y le dijeron:
-Jehovah, el Dios de los hebreos, ha dicho así: "¿Hasta cuándo rehusarás humillarte ante mí? Deja ir a mi pueblo para que me sirva. 4 Si rehúsas dejarlo ir, he aquí mañana yo traeré la langosta a tu territorio; 5 y cubrirá la superficie de la tierra, de modo que ésta no pueda verse. Devorará el resto de lo que ha escapado, lo que os ha quedado del granizo. Devorará también todos los árboles que crecen en el campo. 6 Y llenará tus casas, las casas de tus servidores y las casas de todos los egipcios, como nunca vieron tus padres ni tus abuelos desde que existieron sobre la tierra, hasta el día de hoy."
Moisés dio media vuelta y salió de la presencia del faraón. 7 Entonces los servidores del faraón le dijeron:
-¿Hasta cuándo ha de sernos éste una trampa? Deja ir a esos hombres para que sirvan a Jehovah su Dios. ¿Todavía no te das cuenta de que Egipto está destruido?
8 Moisés y Aarón volvieron a ser traídos ante el faraón, quien les dijo:
-Id y servid a Jehovah vuestro Dios. ¿Quiénes son los que han de ir?
9 Moisés respondió:
-Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros ancianos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; hemos de ir con nuestras ovejas y con nuestras vacas, porque tendremos una fiesta de Jehovah.
10 Y él les dijo:
-¡Sea Jehovah con vosotros, si yo os dejo ir a vosotros y a vuestros niños! ¡Ved cómo vuestras malas intenciones están a la vista! 11 ¡No será así! Id vosotros los varones y servid a Jehovah, pues esto es lo que vosotros habéis pedido.
Y los echaron de la presencia del faraón. 12 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto, para que la langosta suba sobre la tierra de Egipto. Ella devorará toda la hierba de la tierra y todo lo que ha dejado el granizo.
13 Moisés extendió su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehovah trajo un viento del oriente sobre el país, todo aquel día y toda aquella noche. Al amanecer, el viento del oriente trajo la langosta. 14 Esta subió sobre toda la tierra de Egipto y se posó muy densamente en todos los rincones del país. Nunca antes hubo tal plaga de langosta, ni la habrá después. 15 Cubrieron la superficie de toda la tierra, de modo que la tierra se oscureció. Devoraron toda la hierba de la tierra y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo. En toda la tierra de Egipto no quedó nada verde, ni en los árboles, ni en la hierba del campo.
16 Entonces el faraón hizo llamar apresuradamente a Moisés y a Aarón, y les dijo:
-He pecado contra Jehovah vuestro Dios y contra vosotros. 17 Pero perdonad, por favor, mi pecado sólo una vez más y rogad a Jehovah vuestro Dios para que él aparte de mí solamente esta mortandad.
18 Moisés salió de la presencia del faraón y oró a Jehovah. 19 Jehovah hizo soplar un fortísimo viento del occidente que llevó la langosta y la arrojó al mar Rojo. Ni una sola langosta quedó en todo el territorio de Egipto. 20 Pero Jehovah endureció el corazón del faraón, y éste no dejó ir a los hijos de Israel.
Novena plaga: las tinieblas
21 Jehovah dijo a Moisés:
-Extiende tu mano hacia el cielo para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tinieblas que hasta puedan ser palpadas.
22 Moisés extendió su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas por toda la tierra de Egipto, durante tres días. 23 No se podían ver unos a otros, ni nadie se movió de su lugar durante tres días. Pero todos los hijos de Israel tenían luz en sus moradas. 24 Luego el faraón hizo llamar a Moisés y le dijo:
-Id y servid a Jehovah. Vayan también vuestros niños con vosotros. Solamente que sean dejadas vuestras ovejas y vuestras vacas.
25 Moisés respondió:
-Entonces tú nos tendrás que dar animales para sacrificar y ofrecer en holocausto a Jehovah nuestro Dios. 26 ¡También nuestro ganado irá con nosotros! No quedará ni una pezuña de ellos, porque de ellos hemos de tomar para servir a Jehovah nuestro Dios. No sabemos con qué hemos de servir a Jehovah, hasta que lleguemos allá.
27 Pero Jehovah endureció el corazón del faraón, y no quiso dejarlos ir. 28 Y el faraón dijo a Moisés:
-¡Retírate de mi presencia! ¡Guárdate de volver a ver mi cara; porque el día en que veas mi cara, morirás!
29 Y Moisés respondió:
-Bien has dicho. ¡Jamás volveré a ver tu cara!
Anuncio de la décima plaga
11 Jehovah dijo a Moisés:
-Traeré una sola plaga más sobre el faraón y sobre Egipto. Después de esto, él os dejará ir de aquí. Cuando os deje ir, él os echará de aquí por completo. 2 Habla, pues, al pueblo para que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina, objetos de plata y de oro.
3 Jehovah dio gracia al pueblo ante los ojos de los egipcios. El mismo Moisés era considerado como un gran hombre en la tierra de Egipto, tanto a los ojos de los servidores del faraón, como a los ojos del pueblo.
4 Entonces dijo Moisés:
-Así ha dicho Jehovah: "Como a la media noche yo pasaré por en medio de Egipto. 5 Y todo primogénito en la tierra de Egipto morirá, desde el primogénito del faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está detrás del molino, y todo primerizo del ganado. 6 Habrá un gran clamor en toda la tierra de Egipto, como nunca lo hubo ni lo habrá. 7 Pero entre todos los hijos de Israel, ni un perro les ladrará, ni a los hombres ni a los animales, para que sepáis que Jehovah hace distinción entre los egipcios y los israelitas." 8 Entonces vendrán a mí todos estos tus servidores, y postrados delante de mí dirán: "Sal tú, y todo el pueblo que te sigue." Y después de esto, yo saldré.
Salió muy enojado de la presencia del faraón. 9 Y Jehovah dijo a Moisés:
-Faraón no os escuchará, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto.
10 Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante del faraón. Pero Jehovah endureció el corazón del faraón, y éste no dejó ir de su tierra a los hijos de Israel.
La Pascua de liberación
12 Jehovah habló a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:
2 -Este mes os será el principio de los meses; será para vosotros el primero de los meses del año. 3 Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo que el 10 de este mes cada uno tome para sí un cordero en cada casa paterna, un cordero por familia. 4 Si la familia es demasiado pequeña como para comer el cordero, entonces lo compartirán él y su vecino de la casa inmediata, de acuerdo con el número de las personas. Según la cantidad que ha de comer cada uno, repartiréis el cordero. 5 El cordero será sin defecto, macho de un año; tomaréis un cordero o un cabrito. 6 Lo habréis de guardar hasta el día 14 de este mes, cuando lo degollará toda la congregación del pueblo de Israel al atardecer. 7 Tomarán parte de la sangre y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las puertas de las casas en donde lo han de comer. 8 Aquella misma noche comerán la carne, asada al fuego. La comerán con panes sin levadura y con hierbas amargas. 9 No comeréis del cordero nada crudo, ni cocido en agua; sino asado al fuego, con su cabeza, sus piernas y sus entrañas. 10 Nada dejaréis de él hasta la mañana. Lo que quede hasta la mañana habréis de quemarlo en el fuego. 11 Así lo habréis de comer: con vuestros cintos ceñidos, puestas las sandalias en vuestros pies y con vuestro bastón en la mano. Lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehovah.
12 »La misma noche yo pasaré por la tierra de Egipto y heriré de muerte a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de los hombres como del ganado. Así ejecutaré actos justicieros contra todos los dioses de Egipto. Yo, Jehovah.
13 »La sangre os servirá de señal en las casas donde estéis. Yo veré la sangre y en cuanto a vosotros pasaré de largo y cuando castigue la tierra de Egipto, no habrá en vosotros ninguna plaga para destruiros.
14 »Habréis de conmemorar este día. Lo habréis de celebrar como fiesta a Jehovah a través de vuestras generaciones. Lo celebraréis como estatuto perpetuo. 15 Siete días comeréis panes sin levadura. El primer día quitaréis de vuestras casas la levadura, porque cualquiera que coma algo con levadura desde el primer día hasta el séptimo, esa persona será excluida de Israel.
16 »El primer día habrá asamblea sagrada. También en el séptimo día habrá asamblea sagrada. Ningún trabajo haréis en ellos, excepto la preparación de lo que cada uno haya de comer. Sólo eso podréis hacer. 17 Guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día habré sacado vuestros ejércitos de la tierra de Egipto. Por tanto, guardaréis este día como estatuto perpetuo a través de vuestras generaciones.
18 »Comeréis los panes sin levadura en el mes primero, desde el día 14 del mes al atardecer, hasta el día 21 del mes al atardecer. 19 Durante siete días no se hallará en vuestras casas nada que tenga levadura. Cualquiera que coma algo con levadura, sea forastero o natural de la tierra, esa persona será excluida de la congregación de Israel. 20 No comeréis ninguna cosa con levadura. En todo lugar donde habitéis comeréis panes sin levadura.
21 Moisés convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo:
-Sacad y tomad del rebaño para vuestras familias, y sacrificad el cordero pascual. 22 Tomad luego un manojo de hisopo y empapadlo en la sangre que está en la vasija, y untad el dintel y los postes de la puerta con la parte de la sangre que está en la vasija. Ninguno de vosotros salga de la puerta de su casa hasta la mañana. 23 Porque Jehovah pasará matando a los egipcios, y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará de largo aquella puerta y no dejará entrar en vuestras casas al destructor para matar. 24 Guardaréis estas palabras como ley para vosotros y para vuestros hijos, para siempre. 25 Cuando hayáis entrado en la tierra que Jehovah os dará, como lo prometió, guardaréis este rito. 26 Y cuando os pregunten vuestros hijos: "¿Qué significa este rito para vosotros?", 27 vosotros les responderéis: "Este es el sacrificio de la Pascua de Jehovah, quien pasó de largo las casas de los hijos de Israel cuando mató a los egipcios y libró nuestras casas."
Entonces el pueblo se inclinó y adoró. 28 Los hijos de Israel fueron y lo hicieron; como Jehovah había mandado a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.
Décima plaga: mueren los primogénitos
29 Aconteció que a la medianoche Jehovah mató a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón que se sentaba en el trono, hasta el primogénito del preso que estaba en la mazmorra, y todo primerizo del ganado. 30 Aquella noche se levantaron el faraón, todos sus servidores y todos los egipcios, pues había un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto. 31 Entonces hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo:
-¡Levantaos y salid de en medio de mi pueblo, vosotros y los hijos de Israel! Id y servid a Jehovah, como habéis dicho. 32 Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos. Y bendecidme a mí también.
Los israelitas salen de Egipto
33 Los egipcios apremiaban al pueblo, apresurándose a echarlos del país, porque decían:
-¡Todos seremos muertos!
34 La gente llevaba sobre sus hombros la masa que aún no tenía levadura y sus artesas envueltas en sus mantos. 35 Los hijos de Israel hicieron también conforme al mandato de Moisés, y pidieron a los egipcios objetos de plata, objetos de oro y vestidos. 36 Jehovah dio gracia al pueblo ante los ojos de los egipcios, quienes les dieron lo que pidieron. Así despojaron a los egipcios.
37 Partieron, pues, los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, unos 600.000 hombres de a pie, sin contar los niños. 38 También fue con ellos una gran multitud de toda clase de gente, y sus ovejas y ganado en gran número. 39 De la masa que habían sacado de Egipto, cocieron panes sin leudar, porque no le habían puesto levadura; ya que cuando fueron echados de Egipto, no pudieron detenerse ni para preparar comida.
40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue de 430 años. 41 Pasados los 430 años, en el mismo día salieron de la tierra de Egipto todos los escuadrones de Jehovah. 42 Esta es noche de guardar en honor de Jehovah, por haberlos sacado de la tierra de Egipto. Todos los hijos de Israel, a través de sus generaciones, deben guardar esta noche en honor de Jehovah.
Los que han de participar en la Pascua
43 Jehovah dijo a Moisés y a Aarón:
-Este es el estatuto acerca de la Pascua: Ningún extranjero comerá de ella. 44 Pero todo esclavo que alguien haya comprado por dinero comerá de ella después que lo hayas circuncidado. 45 El que es extranjero y mercenario no la comerá. 46 Será comida en una casa; no llevarás de aquella carne fuera de la casa. Tampoco quebraréis ninguno de sus huesos. 47 Toda la congregación de Israel la celebrará. 48 Si algún extranjero que reside entre vosotros quisiera celebrar la Pascua de Jehovah, que sea circuncidado todo varón de su familia. Entonces podrá celebrarla, y será como el natural de la tierra. Pero ningún incircunciso comerá de ella. 49 La misma ley será para el natural y para el extranjero que viva entre vosotros.
50 Así lo hicieron todos los hijos de Israel. Tal como lo mandó Jehovah a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. 51 Y sucedió que aquel mismo día Jehovah sacó de la tierra de Egipto a los hijos de Israel, por sus ejércitos.
13 Jehovah habló a Moisés diciendo:
2 -Conságrame todo primogénito; todo el que abre la matriz entre los hijos de Israel, tanto de los hombres como de los animales, es mío.
3 Moisés dijo al pueblo:
-Conmemorad este día en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de esclavitud; porque Jehovah os ha sacado de aquí con mano poderosa. Por eso no comeréis nada que tenga levadura. 4 Vosotros salís hoy, en el mes de Abib. 5 Y cuando Jehovah te haya llevado a la tierra de los cananeos, heteos, amorreos y jebuseos, la cual juró a tus padres que te daría, una tierra que fluye leche y miel, celebraréis este rito en este mes. 6 Durante siete días comeréis panes sin levadura, y el séptimo día será fiesta para Jehovah. 7 Durante los siete días se comerán los panes sin levadura, y no se verá contigo nada leudado ni levadura en todo tu territorio.
8 »Aquel día se lo contarás a tu hijo diciendo: "Esto se hace con motivo de lo que Jehovah hizo conmigo cuando salí de Egipto. 9 Esto ha de ser para ti como una señal sobre tu mano y como un memorial entre tus ojos, para que la ley de Jehovah esté en tu boca, porque con mano poderosa Jehovah te sacó de Egipto. 10 Por tanto, guardarás esta ordenanza en el tiempo fijado, de año en año."
Consagración de los primogénitos
11 »Cuando Jehovah te haya introducido en la tierra de los cananeos, y te la haya dado como te juró a ti y a tus padres, 12 apartarás para Jehovah todo primogénito que abre la matriz, y también todo primerizo de las crías de tus animales; los machos serán de Jehovah. 13 Rescatarás con un cordero todo primerizo de asno; y si no lo rescatas, romperás su nuca. También rescatarás todo primogénito de entre tus hijos. 14 Y cuando mañana te pregunte tu hijo diciendo: "¿Qué es esto?", le dirás: "Con mano poderosa Jehovah nos sacó de Egipto, de la casa de esclavitud. 15 Cuando el faraón se endureció para no dejarnos ir, Jehovah mató en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito del hombre hasta el primerizo del animal. Por esta razón yo ofrezco en sacrificio a Jehovah todo primerizo macho que abre la matriz y rescato a todo primogénito de mis hijos." 16 Esto ha de ser para ti como una señal sobre tu mano y como un memorial entre tus ojos, ya que Jehovah nos sacó de Egipto con mano poderosa.
Elección de la ruta del mar Rojo
17 Cuando el faraón dejó ir al pueblo, Dios no lo guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era más corto, porque dijo Jehovah: "No sea que al enfrentarse con la guerra, el pueblo cambie de parecer y se vuelva a Egipto." 18 Más bien, Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el camino del desierto hacia el mar Rojo. Los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto armados.
Los restos de José llevados de Egipto
19 Moisés tomó también consigo los restos de José, quien había hecho jurar a los hijos de Israel diciendo: "Ciertamente Dios os visitará, y haréis llevar de aquí mis restos, con vosotros."
Dios guía a Israel de día y de noche
20 Salieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto. 21 Jehovah iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que pudieran caminar tanto de día como de noche. 22 La columna de nube nunca se apartó de día de delante del pueblo, ni la columna de fuego de noche.
Los israelitas cruzan el mar Rojo
14 Jehovah habló a Moisés diciendo:
2 -Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen cerca de Pi-hajirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal-zefón; acamparéis en el lado opuesto, junto al mar. 3 Entonces el faraón dirá de los hijos de Israel: "Andan errantes por la tierra; el desierto les cierra el paso." 4 Yo endureceré el corazón del faraón para que os persiga; pero yo mostraré mi gloria en el faraón y en todo su ejército, y los egipcios sabrán que yo soy Jehovah.
Ellos lo hicieron así. 5 Y cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo huía, el corazón del faraón y de sus servidores se volvió contra el pueblo. Y dijeron:
-¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, y que no nos sirva?
6 Unció su carro y tomó consigo a su gente. 7 Tomó 600 carros escogidos y todos los demás carros de Egipto con los oficiales que estaban al frente de todos ellos.
8 Jehovah endureció el corazón del faraón, rey de Egipto, y él persiguió a los hijos de Israel; pero éstos salieron osadamente. 9 Los egipcios los persiguieron con toda la caballería, los carros del faraón, sus jinetes y su ejército; y los alcanzaron mientras acampaban junto al mar, al lado de Pi-hajirot, frente a Baal-zefón.
10 Cuando el faraón se había acercado, los hijos de Israel alzaron los ojos; y he aquí que los egipcios venían tras ellos. Entonces los hijos de Israel temieron muchísimo y clamaron a Jehovah. 11 Y dijeron a Moisés:
-¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para morir en el desierto? ¿Por qué nos has hecho esto de sacarnos de Egipto? 12 ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto diciendo: "Déjanos solos, para que sirvamos a los egipcios"? ¡Mejor nos habría sido servir a los egipcios que morir en el desierto!
13 Y Moisés respondió al pueblo:
-¡No temáis! Estad firmes y veréis la liberación que Jehovah hará a vuestro favor. A los egipcios que ahora veis, nunca más los volveréis a ver. 14 Jehovah combatirá por vosotros, y vosotros os quedaréis en silencio.
15 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que se marchen. 16 Y tú, alza tu vara y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo para que los hijos de Israel pasen por en medio del mar, en seco. 17 Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que entren detrás de ellos, y mostraré mi gloria en el faraón y en todo su ejército, en sus carros y en sus jinetes. 18 Y los egipcios sabrán que yo soy Jehovah, cuando yo muestre mi gloria en el faraón, en sus carros y en sus jinetes.
19 Entonces el ángel de Dios, que iba delante del campamento de Israel, se trasladó e iba detrás de ellos. Asimismo, la columna de nube que iba delante de ellos se trasladó y se puso detrás de ellos, 20 y se colocó entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel, constituyendo nube y tinieblas para aquéllos, mientras que alumbraba a Israel de noche. En toda aquella noche no se acercaron los unos a los otros.
21 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y Jehovah hizo que éste se retirase con un fuerte viento del oriente que sopló toda aquella noche e hizo que el mar se secara, quedando las aguas divididas. 22 Y los hijos de Israel entraron en medio del mar en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. 23 Los egipcios los persiguieron, y entraron en el mar tras ellos con toda la caballería del faraón, sus carros y sus jinetes.
24 Aconteció que a eso de la vigilia de la mañana, Jehovah miró hacia el ejército de los egipcios, desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión en el ejército de los egipcios. 25 Trabó las ruedas de sus carros, de modo que se desplazaban pesadamente. Entonces los egipcios dijeron:
-¡Huyamos de los israelitas, porque Jehovah combate por ellos contra los egipcios!
26 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre sus jinetes.
27 Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, éste volvió a su lecho, de modo que los egipcios chocaron contra él cuando huían. Así precipitó Jehovah a los egipcios en medio del mar. 28 Las aguas volvieron y cubrieron los carros y los jinetes, junto con todo el ejército del faraón que había entrado en el mar tras ellos. No quedó de ellos ni uno solo. 29 Pero los hijos de Israel caminaron en seco por en medio del mar, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. 30 Así libró Jehovah aquel día a Israel de mano de los egipcios. Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. 31 Cuando Israel vio la gran hazaña que Jehovah había realizado contra los egipcios, el pueblo temió a Jehovah, y creyó en él y en su siervo Moisés.
Cántico a Jehovah por la liberación
15 Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico a Jehovah, diciendo:
"¡Cantaré a Jehovah,
pues se ha enaltecido grandemente!
¡Ha arrojado al mar caballos y jinetes!
2 Jehovah es mi fortaleza y mi canción;
él ha sido mi salvación.
¡Este es mi Dios! Yo le alabaré.
¡El Dios de mi padre! A él ensalzaré.
3 "Jehovah es un guerrero.
¡Jehovah es su nombre!
4 Ha echado al mar los carros
y el ejército del faraón.
Fueron hundidos en el mar Rojo
sus mejores oficiales.
5 Las aguas profundas los cubrieron;
descendieron como piedra a las profundidades.
6 "Tu diestra, oh Jehovah,
ha sido majestuosa en poder;
tu diestra, oh Jehovah,
ha quebrantado al enemigo.
7 Con la grandeza de tu poder has destruido a los que se opusieron a ti;
desataste tu furor,
y los consumió como a hojarasca.
8 Por el soplo de tu aliento
se amontonaron las aguas;
las olas se acumularon como un dique;
las aguas profundas se congelaron en medio del mar.
9 Dijo el enemigo: ’Perseguiré,
tomaré prisioneros y repartiré el botín;
mi alma se saciará de ellos;
desenvainaré mi espada,
y mi mano los desalojará.’
10 Pero tú soplaste con tu aliento,
y el mar los cubrió.
Se hundieron como plomo
en las impetuosas aguas.
11 "¿Quién como tú, oh Jehovah, entre los dioses?
¿Quién como tú,
majestuoso en santidad,
temible en hazañas dignas de alabanza,
hacedor de maravillas?
12 Extendiste tu diestra,
y la tierra los tragó.
13 En tu misericordia guías a este pueblo que has redimido,
y lo llevas con tu poder a tu santa morada.
14 "Los pueblos lo oyen y tiemblan;
la angustia se apodera de los filisteos.
15 Entonces los jefes de Edom se aterran;
los poderosos de Moab son presas del pánico;
se abaten todos los habitantes de Canaán.
16 Sobre ellos caen terror y espanto;
ante la grandeza de tu brazo
enmudecen como la piedra,
hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehovah;
hasta que haya pasado este pueblo
que tú has adquirido.
17 Tú los introducirás y los plantarás
en el monte de tu heredad,
en el lugar que has preparado
como tu habitación, oh Jehovah,
en el santuario que establecieron tus manos, oh Señor.
18 Jehovah reinará por siempre jamás."
19 Cuando la caballería del faraón entró en el mar con sus carros y jinetes, Jehovah volvió a traer las aguas del mar sobre ellos, mientras que los hijos de Israel caminaron en seco en medio del mar. 20 Entonces María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas. 21 Y María les dirigía diciendo:
"¡Cantad a Jehovah,
pues se ha enaltecido grandemente!
¡Ha arrojado al mar caballos y jinetes!"
Las aguas de Mara son hechas dulces
22 Moisés hizo que Israel partiese del mar Rojo, y ellos se dirigieron al desierto de Shur. Caminaron tres días por el desierto, sin hallar agua, 23 y llegaron a Mara. Pero no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas. Por eso pusieron al lugar el nombre de Mara. 24 Entonces el pueblo murmuró contra Moisés diciendo:
-¿Qué hemos de beber?
25 Moisés clamó a Jehovah, y Jehovah le mostró un árbol. Cuando él arrojó el árbol dentro de las aguas, las aguas se volvieron dulces. Allí dio al pueblo leyes y decretos. Allí lo probó 26 diciéndole:
-Si escuchas atentamente la voz de Jehovah tu Dios y haces lo recto ante sus ojos; si prestas atención a sus mandamientos y guardas todas sus leyes, ninguna enfermedad de las que envié a Egipto te enviaré a ti, porque yo soy Jehovah tu sanador.
Jehovah envía codornices y maná
27 Llegaron a Elim, donde había doce manantiales de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas.
16 Toda la congregación de los hijos de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, el día 15 del mes segundo después de salir de la tierra de Egipto. 2 Entonces toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto. 3 Los hijos de Israel les decían:
-¡Ojalá Jehovah nos hubiera hecho morir en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.
4 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-He aquí, yo haré llover para vosotros pan del cielo. El pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día; así lo pondré a prueba, si anda en mi ley o no. 5 Pero en el sexto día prepararán lo que han de llevar, que será el doble de lo que recogen cada día.
6 Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel:
-Al atardecer sabréis que Jehovah os ha sacado de la tierra de Egipto. 7 Y al amanecer veréis la gloria de Jehovah, porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehovah. Pues, ¿qué somos nosotros para que murmuréis contra nosotros? 8 -Agregó Moisés-: Jehovah os dará al atardecer carne para comer y al amanecer pan hasta saciaros, porque Jehovah ha oído vuestras murmuraciones contra él. Pues, ¿qué somos nosotros? Vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehovah.
9 Moisés dijo a Aarón:
-Di a toda la congregación de los hijos de Israel: "Acercaos a la presencia de Jehovah, pues él ha oído vuestras murmuraciones."
10 Y sucedió que mientras Aarón hablaba a toda la congregación de Israel, miraron hacia el desierto; y he aquí, la gloria de Jehovah se apareció en la nube. 11 Y Jehovah habló a Moisés diciendo:
12 -Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Háblales diciendo: "Al atardecer comeréis carne, y al amanecer os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehovah vuestro Dios."
13 Al atardecer vinieron las codornices y cubrieron el campamento. Y al amanecer había una capa de rocío alrededor del campamento. 14 Cuando se evaporó la capa de rocío, he aquí que sobre la superficie del desierto había una sustancia menuda, escamosa y fina como la escarcha sobre la tierra. 15 Al verla, los hijos de Israel se preguntaron unos a otros:
-¿Qué es esto?
Pues no sabían lo que era. Entonces Moisés les dijo:
-Es el pan que Jehovah os da para comer. 16 Esto es lo que Jehovah ha mandado: "Recoged de ello cada uno según lo que necesite para comer: un gomer por persona. Cada uno recogerá según el número de las personas que están en su tienda."
17 Así lo hicieron los hijos de Israel. Unos recogieron más, y otros menos. 18 Lo midieron por gomer; y al que recogió mucho no le sobró, y al que recogió poco no le faltó. Cada uno recogió según lo que necesitaba para comer. 19 Y Moisés les dijo:
-Ninguno guarde nada de ello hasta el día siguiente.
20 Pero no obedecieron a Moisés, sino que algunos guardaron algo para el día siguiente; pero crió gusanos y hedió. Y Moisés se enojó contra ellos. 21 Lo recogían cada mañana, cada uno según lo que necesitaba para comer; y cuando el sol calentaba, se derretía. 22 En el sexto día recogieron doble porción de comida: dos gomeres para cada uno. Todos los principales de la congregación fueron a Moisés y se lo hicieron saber. 23 Y él les dijo:
-Esto es lo que ha dicho Jehovah: "Mañana es sábado de reposo, el sábado consagrado a Jehovah. Lo que tengáis que cocer al horno, cocedlo hoy; y lo que tengáis que cocinar, cocinadlo. Y todo lo que sobre, dejadlo a un lado y guardadlo para la mañana."
24 Ellos lo guardaron para la mañana, según lo había mandado Moisés, y no hedió ni crió gusanos. 25 Y dijo Moisés:
-Comedlo hoy, porque es el sábado de Jehovah. Hoy no lo hallaréis en el campo. 26 Seis días lo recogeréis; pero el séptimo día es sábado, en el cual no será hallado.
27 Aconteció que algunos del pueblo salieron para recoger en el séptimo día, y no hallaron nada. 28 Y Jehovah dijo a Moisés:
-¿Hasta cuándo rehusaréis guardar mis mandamientos y mis instrucciones? 29 Mirad que Jehovah os ha dado el sábado, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Permanezca cada uno en su lugar; nadie salga de allí en el séptimo día.
30 Así reposó el pueblo el séptimo día.
El maná conservado como memorial
31 La casa de Israel lo llamó Maná. Era como semilla de cilantro, blanco; y su sabor era como de galletas con miel. 32 Moisés dijo:
-Esto es lo que Jehovah ha mandado: "Llenad un gomer de maná para que sea conservado para vuestras generaciones, a fin de que ellas vean el pan que os di a comer en el desierto, cuando os saqué de la tierra de Egipto."
33 Moisés también dijo a Aarón:
-Toma una vasija y pon en ella un gomer lleno de maná; colócala delante de Jehovah, para que sea conservado para vuestras generaciones.
34 Y Aarón lo puso delante del Testimonio, para que fuese conservado, como Jehovah había mandado a Moisés.
35 Los hijos de Israel comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada. Comieron maná hasta que llegaron a la frontera de la tierra de Canaán. 36 (Un gomer es la décima parte de un efa.)
Brota agua de la peña de Horeb
17 Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, para continuar sus etapas, según el mandato de Jehovah; y acamparon en Refidim, donde no había agua para que el pueblo bebiese. 2 El pueblo altercó con Moisés diciendo:
-¡Danos agua para beber!
Moisés les dijo:
-¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué ponéis a prueba a Jehovah?
3 Así que el pueblo sediento murmuró allí contra Moisés diciendo:
-¿Por qué nos trajiste de Egipto para matarnos de sed, a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?
4 Moisés clamó a Jehovah diciendo:
-¿Qué haré con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.
5 Jehovah respondió a Moisés:
-Pasa delante del pueblo y toma contigo a algunos de los ancianos de Israel. Toma también en tu mano la vara con que golpeaste el Nilo, y vé. 6 He aquí, yo estaré delante de ti allí sobre la peña de Horeb. Tú golpearás la peña, y saldrá de ella agua, y el pueblo beberá.
Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. 7 Y llamó el nombre de aquel lugar Masá y Meriba, por el altercado de los hijos de Israel y porque pusieron a prueba a Jehovah, diciendo: "¿Está Jehovah entre nosotros, o no?"
Victoria de Israel sobre Amalec
8 Entonces vino Amalec y combatió contra Israel en Refidim. 9 Y Moisés dijo a Josué:
-Escoge algunos de nuestros hombres y sal a combatir contra Amalec. Mañana yo estaré sobre la cima de la colina con la vara de Dios en mi mano.
10 Josué hizo como le dijo Moisés y combatió contra Amalec, mientras Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre de la colina. 11 Sucedió que cuando Moisés alzaba su mano, Israel prevalecía; pero cuando bajaba su mano, prevalecía Amalec. 12 Ya las manos de Moisés estaban cansadas; por tanto, tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y él se sentó sobre ella. Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro del otro lado. Así hubo firmeza en sus manos hasta que se puso el sol. 13 Y así derrotó Josué a Amalec y a su pueblo, a filo de espada. 14 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Escribe esto en un libro como memorial, y di claramente a Josué que yo borraré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.
15 Moisés edificó un altar y llamó su nombre Jehovah-nisi. 16 Y dijo:
-Por cuanto alzó la mano contra el trono de Jehovah, Jehovah tendrá guerra contra Amalec de generación en generación.
Jetro visita a Moisés en Refidim
18 Jetro, sacerdote de Madián y suegro de Moisés, oyó todas las cosas que Dios había hecho a favor de Moisés y de su pueblo Israel, y cómo Jehovah había sacado a Israel de Egipto. 2 Y Jetro, suegro de Moisés, tomó a Séfora, la mujer de Moisés, a quien éste había enviado; 3 también tomó a sus dos hijos. (El uno se llamaba Gersón, porque Moisés había dicho: "Fui forastero en tierra extranjera." 4 El otro se llamaba Eliezer, porque había dicho: "El Dios de mi padre me ayudó y me libró de la espada del faraón.") 5 Jetro, suegro de Moisés, y la mujer de éste y sus hijos fueron a ver a Moisés en el desierto donde estaba el campamento, junto al monte de Dios. 6 Y envió a decir a Moisés: "Yo, tu suegro Jetro, vengo a ti con tu mujer y con sus dos hijos."
7 Moisés salió a recibir a su suegro, se postró ante él y lo besó. Se preguntaron el uno al otro cómo estaban, y entraron en la tienda. 8 Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehovah había hecho al faraón y a los egipcios a favor de Israel, los contratiempos que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehovah. 9 Se alegró Jetro de todo el bien que Jehovah había hecho a Israel, librándole de la mano de los egipcios. 10 Jetro dijo:
-¡Bendito sea Jehovah, que os libró de mano de los egipcios y de mano del faraón! El es quien libró al pueblo de mano de los egipcios. 11 Ahora reconozco que Jehovah es más grande que todos los dioses, porque castigó a aquellos que os trataron con arrogancia.
12 Después Jetro, suegro de Moisés, ofreció un holocausto y sacrificios a Dios. Aarón y todos los ancianos de Israel fueron a comer con el suegro de Moisés delante de Dios.
Jetro asesora la elección de jueces
13 Aconteció que al día siguiente Moisés se sentó para administrar justicia al pueblo. Y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la noche. 14 Al ver el suegro de Moisés todo lo que él hacía por el pueblo, dijo:
-¿Qué es esto que haces con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú sólo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la noche?
15 Moisés respondió a su suegro:
-Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. 16 Cuando tienen cualquier asunto, vienen a mí. Yo juzgo entre uno y otro, y les hago conocer las leyes y las instrucciones de Dios.
17 Entonces el suegro de Moisés le dijo:
-No está bien lo que haces. 18 Te agotarás del todo, tú y también este pueblo que está contigo. El trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. 19 Ahora pues, escúchame; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Sé tú el portavoz del pueblo delante de Dios, y lleva los asuntos a Dios. 20 Enséñales las leyes y las instrucciones, y muéstrales el camino a seguir y lo que han de hacer. 21 Pero selecciona de entre todo el pueblo a hombres capaces, temerosos de Dios, hombres íntegros que aborrezcan las ganancias deshonestas, y ponlos al frente de ellos como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez, 22 para que juzguen al pueblo en todo tiempo. Todo asunto difícil lo traerán a ti, pero ellos juzgarán todo asunto menor. Así aliviarás la carga que hay sobre ti, haciendo que otros la compartan contigo. 23 Si haces esto, y Dios así te lo manda, tú podrás resistir; y también todo este pueblo irá en paz a su lugar.
24 Moisés escuchó el consejo de su suegro e hizo todo lo que él dijo. 25 Escogió Moisés hombres capaces de entre todo Israel y los puso al frente del pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. 26 Ellos juzgaban al pueblo en todo tiempo. Los asuntos difíciles los llevaban a Moisés, pero ellos se hacían cargo de todos los asuntos menores.
27 Entonces despidió Moisés a su suegro y lo encaminó a su tierra.
Jehovah confirma su pacto en Sinaí
19 En el mes tercero después de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en ese mismo día llegaron al desierto de Sinaí. 2 Partieron de Refidim y llegaron al desierto de Sinaí, e Israel acampó allí en el desierto frente al monte. 3 Entonces Moisés subió para encontrarse con Dios, y Jehovah lo llamó desde el monte, diciendo:
-Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: 4 "Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he levantado a vosotros sobre alas de águilas y os he traído a mí. 5 Ahora pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis para mí un pueblo especial entre todos los pueblos. Porque mía es toda la tierra, 6 y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.
7 Entonces Moisés volvió y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en su presencia todas estas palabras que Jehovah le había mandado. 8 Todo el pueblo respondió a una, y dijo:
-¡Haremos todo lo que Jehovah ha dicho!
Y Moisés repitió a Jehovah las palabras del pueblo. 9 Jehovah dijo a Moisés:
-He aquí, yo vendré a ti en una densa nube, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo y te crea para siempre.
Y Moisés repitió a Jehovah las palabras del pueblo. 10 Jehovah dijo a Moisés:
-Vé al pueblo y santifícalos hoy y mañana, y que laven sus vestidos. 11 Que estén preparados para el tercer día, porque al tercer día Jehovah descenderá sobre el monte Sinaí, a la vista de todo el pueblo. 12 Tú señalarás un límite al pueblo, alrededor, diciendo: "Guardaos; no subáis al monte ni toquéis su límite. Cualquiera que toque el monte, morirá irremisiblemente. 13 Nadie pondrá sus manos sobre él, porque ciertamente será apedreado o muerto a flechazos; sea animal u hombre, no vivirá. Sólo podrán subir al monte cuando la corneta suene prolongadamente."
14 Moisés descendió del monte al encuentro del pueblo y lo santificó, y ellos lavaron sus vestidos. 15 Entonces dijo al pueblo:
-Estad preparados para el tercer día. Absteneos de relaciones con mujer.
16 Aconteció al tercer día, al amanecer, que hubo truenos y relámpagos, una densa nube sobre el monte, y un fuerte sonido de corneta. Y todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció. 17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte. 18 Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehovah había descendido sobre él en medio de fuego. El humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera. 19 Mientras el sonido de la corneta se intensificaba en extremo, Moisés hablaba, y Dios le respondía con truenos.
20 Jehovah descendió sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte. Entonces Jehovah llamó a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. 21 Jehovah dijo a Moisés:
-Desciende y advierte al pueblo, no sea que traspasen el límite para ver a Jehovah y mueran muchos de ellos. 22 Santifíquense también los sacerdotes que se acercan a Jehovah, no sea que Jehovah acometa contra ellos.
23 Moisés dijo a Jehovah:
-El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has ordenado diciendo: "Señala límites al monte y santifícalo."
24 Y Jehovah le dijo:
-Vé, desciende y luego sube tú con Aarón. Pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a encontrarse con Jehovah, no sea que él acometa contra ellos.
25 Entonces Moisés descendió al encuentro del pueblo y se lo dijo.
Los Diez Mandamientos
20 Y Dios habló todas estas palabras, diciendo: 2 "Yo soy Jehovah tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud:
3 "No tendrás otros dioses delante de mí.
4 "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5 No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehovah tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. 6 Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos.
7 "No tomarás en vano el nombre de Jehovah tu Dios, porque Jehovah no dará por inocente al que tome su nombre en vano.
8 "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. 9 Seis días trabajarás y harás toda tu obra, 10 pero el séptimo día será sábado para Jehovah tu Dios. No harás en él obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. 11 Porque en seis días Jehovah hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehovah bendijo el día del sábado y lo santificó.
12 "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehovah tu Dios te da.
13 "No cometerás homicidio.
14 "No cometerás adulterio.
15 "No robarás.
16 "No darás falso testimonio contra tu prójimo.
17 "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo."
El pueblo teme ante la voz de Dios
18 Todo el pueblo percibía los truenos, los relámpagos, el sonido de la corneta y el monte que humeaba. Al ver esto, ellos temblaron y se mantuvieron a distancia. 19 Y dijeron a Moisés:
-Habla tú con nosotros, y escucharemos. Pero no hable Dios con nosotros, no sea que muramos.
20 Y Moisés respondió al pueblo:
-No temáis, porque Dios ha venido para probaros, a fin de que que su temor esté delante de vosotros para que no pequéis.
21 Entonces el pueblo se mantuvo a distancia, y Moisés se acercó a la densa oscuridad donde estaba Dios. 22 Y Jehovah dijo a Moisés: "Así dirás a los hijos de Israel: ’Vosotros habéis visto que he hablado desde los cielos con vosotros. 23 No os hagáis dioses de plata junto a mí; tampoco os hagáis dioses de oro.’
Sobre la edificación de altares
24 "Harás para mí un altar de tierra, y sobre él sacrificarás tus holocaustos y ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas. En cualquier lugar donde yo haga recordar mi nombre vendré a ti y te bendeciré. 25 Y si me haces un altar de piedras, no lo construyas con piedras labradas; porque si alzas una herramienta sobre él, lo profanarás. 26 Tampoco subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no sea descubierta sobre él.
Sobre los esclavos hebreos
21 "Estos son los decretos que expondrás ante ellos:
2 "Cuando compres un esclavo hebreo, seis años te servirá; pero al séptimo saldrá libre, gratuitamente. 3 Si entró solo, solo saldrá. Si tenía mujer, entonces su mujer saldrá con él. 4 Si su amo le ha dado mujer y ella le ha dado hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo; y él saldrá solo. 5 Y si él insiste en decir: ’Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre’, 6 entonces su amo lo acercará ante los jueces, lo acercará a la puerta o al poste de la puerta y le horadará la oreja con una lezna. Y le servirá para siempre.
7 "Cuando alguien venda a su hija como esclava, ésta no saldrá libre de la misma manera que suelen salir los esclavos varones. 8 Si ella no agrada a su señor, quien la había destinado para sí mismo, él ha de permitir que ella sea rescatada. No tendrá derecho de venderla a un pueblo extranjero, por haberla decepcionado. 9 Pero si la ha tomado para su hijo, hará con ella como se acostumbra hacer con las hijas. 10 Si él toma para sí otra mujer, a la primera no le disminuirá su alimento, ni su vestido, ni su derecho conyugal. 11 Si no le provee estas tres cosas, entonces ella saldrá libre gratuitamente, sin pagar dinero.
Ofensas, compensaciones y penas
12 "El que hiere a alguien causándole la muerte morirá irremisiblemente. 13 Pero si él no lo premeditó, sino que Dios permitió que cayera en sus manos, entonces yo te pondré el lugar al cual ha de huir. 14 Pero si alguno se acalora contra su prójimo y lo mata con alevosía, lo quitarás de mi altar para que muera.
15 "El que hiera a su padre o a su madre morirá irremisiblemente.
16 "El que secuestre a una persona, sea que la venda o que ésta sea encontrada en su poder, morirá irremisiblemente.
17 "El que maldiga a su padre o a su madre morirá irremisiblemente.
18 "Cuando algunos hombres peleen y uno hiera al otro con una piedra o con el puño, y éste no muera pero caiga en cama; 19 si se levanta y anda fuera apoyado en su bastón, entonces el que le hirió será absuelto. Solamente le compensará por el tiempo de inactividad, y se hará cargo de su curación.
20 "Cuando alguien golpee a su esclavo o a su esclava con un palo, y muera en sus manos, sin falta será castigado. 21 Pero si sobrevive uno o dos días, no será castigado, porque es propiedad suya.
22 "Cuando algunos hombres peleen y hieran a una mujer encinta y ésta aborte sin mayor daño, el culpable será multado de acuerdo con lo que le imponga el marido de la mujer y según lo que establezcan los jueces. 23 Pero si ocurre un daño mayor, entonces pagará vida por vida, 24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25 quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.
26 "Cuando alguien hiera el ojo de su esclavo o el ojo de su esclava y lo destruya, lo dejará ir libre en compensación por su ojo. 27 Si ocasiona la pérdida de un diente a su esclavo o un diente a su esclava, le dejará ir libre en compensación por su diente."
Muerte causada por animales
28 "Cuando un buey acornee a un hombre o a una mujer, y como consecuencia muera, el buey morirá apedreado, y no se comerá su carne; pero su dueño será absuelto. 29 Si el buey era corneador en el pasado y a su dueño se le había advertido, pero no lo había guardado, y mata a un hombre o a una mujer, el buey morirá apedreado; y también morirá el dueño. 30 Si le es impuesta una multa, entonces dará en rescate de su vida cuanto le sea impuesto. 31 Si ha acorneado a un hijo o a una hija, se hará con él conforme a este mismo decreto. 32 Si el buey acornea a un esclavo o a una esclava, el dueño del buey dará 30 siclos de plata al dueño del esclavo; y el buey morirá apedreado.
Muerte ocasionada a animales
33 "Cuando alguien deje abierta o cave una cisterna, y no la cubra, y allí caiga un buey o un asno, 34 el dueño de la cisterna pagará a su dueño su valor en dinero; y el animal muerto será suyo.
35 "Cuando el buey de alguien hiera al buey de su prójimo, y muera, entonces venderán el buey vivo y se repartirán el dinero. También se repartirán el buey muerto. 36 Pero si se sabía que el buey era corneador en el pasado y su dueño no lo había guardado, pagará buey por buey; y el buey muerto será suyo.
Leyes acerca de la restitución
22 1 "Cuando alguien robe un buey o una oveja y lo degüelle o venda, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja, pagará cuatro ovejas. 2 Si un ladrón es hallado forzando una casa, y es herido y muere, no hay castigo. 3 Pero si sucede después de salido el sol, sí, hay castigo. Al ladrón le corresponde hacer restitución, y si no tiene con qué, será vendido por lo que ha robado. 4 Si lo robado es hallado vivo en su poder, sea buey, asno u oveja, pagará el doble.
5 "Cuando alguien deje pastar su ganado en un campo o una viña y permita que su ganado pase a otro campo, pagará con lo mejor de su propio campo y con lo mejor de su viña.
6 "Cuando un fuego se extienda y halle espinos, y sean destruidas las gavillas o la mies o un campo, el que prendió el fuego, sin falta pagará el daño del incendio.
7 "Cuando alguien dé a su prójimo plata u objetos para que los guarde, y éstos sean robados de la casa del hombre; si es hallado el ladrón, éste pagará el doble. 8 Pero si no es hallado el ladrón, entonces al señor de la casa se le hará comparecer ante los jueces para determinar si ha metido la mano en la propiedad de su prójimo.
9 "Sobre todo asunto de posesión ilegal, sea con respecto a buey, asno, oveja, vestido o cualquier propiedad perdida, si uno dice: ’Esto es mío’, la causa de ambos será llevada ante los jueces. Y aquel a quien los jueces declaren culpable pagará el doble a su prójimo.
10 "Cuando alguien entregue a su prójimo un asno, un buey, una oveja o cualquier otro animal para que lo guarde, y se muera o se lastime, o sea robado sin que nadie lo vea, 11 tendrá lugar entre ambos un juramento ante Jehovah, de que no ha metido la mano en la propiedad de su prójimo. El dueño aceptará su testimonio, y el otro no hará restitución. 12 Pero si efectivamente le ha sido robado, él hará restitución a su dueño. 13 Y si el animal fue despedazado, él llevará al dueño evidencia del animal despedazado; y no hará restitución.
14 "Cuando alguien pida prestado un animal a su prójimo y sea lesionado o muerto en ausencia de su dueño, hará completa restitución. 15 Pero si el dueño estuvo presente, no la hará. Si el animal era alquilado, los daños están incluidos en el alquiler.
16 "Cuando alguien seduzca a una mujer virgen no desposada y se acueste con ella, deberá pagar el precio matrimonial por ella y la tomará por mujer. 17 Pero si el padre de ella rehúsa dársela, a pesar de ello él pagará en dinero el precio matrimonial.
Leyes diversas
18 "No dejarás que vivan las brujas.
19 "Cualquiera que tiene cópula con un animal morirá irremisiblemente.
20 "El que ofrece sacrificio a un dios que no sea Jehovah, será anatema.
21 "No maltratarás ni oprimirás al extranjero, porque también vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto.
22 "No afligirás a ninguna viuda ni huérfano. 23 Porque si llegas a afligirle y él clama a mí, ciertamente oiré su clamor, 24 y mi furor se encenderá, y os mataré a espada; y vuestras mujeres quedarán viudas, y vuestros hijos huérfanos.
25 "Si das prestado dinero a algún pobre de mi pueblo que está contigo, no te portarás con él como usurero, ni le impondrás intereses. 26 Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás a la puesta del sol. 27 Porque eso es su única cubierta; eso es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿Con qué más ha de dormir? Cuando él clame a mí, yo le oiré; porque soy misericordioso.
28 "No maldecirás a los jueces, ni hablarás mal del gobernante de tu pueblo.
29 "No demorarás en presentar las primicias de tu cosecha ni de tu lagar.
"Me darás el primogénito de tus hijos. 30 Lo mismo harás con el de tus vacas y el de tus ovejas. Siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás.
31 "Me seréis hombres santos. No comeréis la carne de un animal despedazado en el campo. A los perros se la echaréis.
Principios de bondad y honestidad
23 "No suscitarás rumores falsos, ni te pondrás de acuerdo con el impío para ser testigo perverso.
2 "No seguirás a la mayoría para hacer el mal. No testificarás en un pleito, inclinándote a la mayoría, para pervertir la causa. 3 Tampoco harás favoritismo al pobre en su pleito.
4 "Si encuentras extraviado el buey o el asno de tu enemigo, devuélveselo. 5 Si ves caído debajo de su carga el asno del que te aborrece, no lo dejes abandonado. Ciertamente le ayudarás con él.
6 "No pervertirás el derecho del necesitado en su pleito. 7 Te alejarás de las palabras de mentira, y no condenarás a morir al inocente y al justo; porque yo no justificaré al culpable.
8 "No recibirás soborno, porque el soborno ciega a los que ven con claridad y pervierte las palabras de los justos.
9 "No oprimirás al extranjero; pues vosotros sabéis cómo es el ánimo del extranjero, porque vosotros habéis sido extranjeros en la tierra de Egipto.
El sábado y el año sabático
10 "Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto. 11 Pero el séptimo la dejarás sin cultivar y vacante, para que coman de ella los necesitados de tu pueblo y para que de lo que quede coman también los animales del campo. Lo mismo harás con tu viña y con tu olivar.
12 "Seis días te dedicarás a tus labores; pero en el séptimo día cesarás, para que descansen tu buey y tu asno, y renueven fuerzas el hijo de tu sierva y el forastero.
13 "Guardaréis todo lo que os he dicho. No mencionaréis los nombres de otros dioses, ni se los oiga en vuestros labios.
Las fiestas de peregrinación
14 "Tres veces al año me celebrarás fiesta:
15 "Guardarás la fiesta de los panes sin levadura. Siete días comerás panes sin levadura, como te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en él saliste de Egipto. Y nadie se presentará delante de mí con las manos vacías.
16 "Guardarás también la fiesta de la siega y de los primeros frutos de lo que hayas sembrado en el campo.
"También guardarás la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido del campo el fruto de tus labores.
17 "Tres veces al año se presentarán todos tus hombres delante de Jehovah el Señor.
Ofrendas y sacrificios
18 "No ofrecerás la sangre de mi sacrificio junto con algo que tenga levadura.
"No quedará el sebo de mi ofrenda hasta la mañana.
19 "Traerás lo mejor de las primicias de tu tierra a la casa de Jehovah tu Dios.
"No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
Condiciones para la prosperidad
20 "He aquí, yo envío un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te lleve al lugar que yo he preparado. 21 Guarda tu conducta delante de él y escucha su voz. No le resistas, porque él no perdonará vuestra rebelión, pues mi nombre está en él. 22 Pero si en verdad escuchas su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. 23 Porque mi ángel irá delante de ti y te llevará a la tierra de los amorreos, heteos, ferezeos, cananeos, heveos y jebuseos, y yo los destruiré. 24 No te inclinarás ante sus dioses ni les rendirás culto, ni harás como ellos hacen. Más bien, los destruirás del todo y romperás por completo sus piedras rituales. 25 Pero servirás a Jehovah tu Dios, y él bendecirá tu pan y tu agua. Yo apartaré las enfermedades de en medio de ti. 26 No habrá en tu tierra mujer que aborte ni mujer estéril. Al número de tus días yo daré plenitud.
27 "Yo enviaré mi terror delante de ti y traeré confusión a todo pueblo donde tú entres. Haré que todos tus enemigos huyan de delante de ti. 28 Yo enviaré delante de ti la avispa, la cual echará de tu presencia a los heveos, cananeos y heteos. 29 No los echaré de tu presencia en un solo año, para que la tierra no quede desolada ni se multipliquen contra ti las fieras del campo. 30 Poco a poco los echaré de tu presencia, hasta que multipliques y tomes posesión de la tierra. 31 Yo estableceré tus fronteras desde el mar Rojo hasta el mar de los filisteos; y desde el desierto hasta el Río. Yo entregaré en vuestra mano a los habitantes del país, y tú los echarás de tu presencia. 32 No harás pacto con ellos ni con sus dioses. 33 No habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí; porque si rindes culto a sus dioses, ciertamente ellos te harán tropezar."
Confirmación del pacto en Sinaí
24 Dios dijo a Moisés:
-Subid ante Jehovah, tú, Aarón, Nadab, Abihú y setenta de los ancianos de Israel, y os postraréis a distancia. 2 Luego se acercará Moisés solo a Jehovah; pero no se acerquen ellos, ni suba el pueblo con él.
3 Moisés fue y refirió al pueblo todas las palabras de Jehovah y todos los decretos, y todo el pueblo respondió a una voz diciendo:
-Haremos todas las cosas que Jehovah ha dicho.
4 Moisés escribió todas las palabras de Jehovah. Y levantándose muy de mañana, erigió al pie del monte un altar y doce piedras según las doce tribus de Israel. 5 Luego mandó a unos jóvenes de los hijos de Israel, y éstos ofrecieron holocaustos y mataron toros como sacrificios de paz a Jehovah. 6 Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. 7 Asimismo, tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo:
-Haremos todas las cosas que Jehovah ha dicho, y obedeceremos.
8 Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo:
-He aquí la sangre del pacto que Jehovah ha hecho con vosotros referente a todas estas palabras.
9 Luego Moisés, Aarón, Nadab, Abihú y setenta de los ancianos de Israel subieron, 10 y vieron al Dios de Israel. Debajo de sus pies había como un pavimento de zafiro, semejante en pureza al mismo cielo. 11 Y no extendió su mano contra los principales de los hijos de Israel. Ellos vieron a Dios, y comieron y bebieron. 12 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Sube a mí, al monte, y espera allí. Yo te daré las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para enseñarles.
13 Se levantaron Moisés y Josué su ayudante, y Moisés subió al monte de Dios; 14 y dijo a los ancianos:
-Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros. He aquí Aarón y Hur están con vosotros. El que tenga algún asunto, acuda a ellos.
15 Entonces Moisés subió al monte, y la nube cubrió el monte. 16 La gloria de Jehovah posó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días. Al séptimo día él llamó a Moisés de dentro de la nube. 17 Y la apariencia de la gloria de Jehovah en la cumbre del monte era como un fuego consumidor ante los ojos de los hijos de Israel. 18 Moisés entró en la nube y subió al monte. Y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.
Ofrenda para el tabernáculo
25 Jehovah habló a Moisés diciendo: 2 "Di a los hijos de Israel que tomen para mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis mi ofrenda. 3 Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, bronce, 4 material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra, 5 pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia, 6 aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 7 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. 8 Que me hagan un santuario, y yo habitaré en medio de ellos. 9 Haréis el diseño del tabernáculo y el de todos sus accesorios, conforme a todo lo que yo te mostraré.
El arca del testimonio
10 "Harás un arca de madera de acacia. Será de dos codos y medio de largo, de un codo y medio de ancho, y de un codo y medio de alto. 11 La recubrirás de oro puro; por dentro y por fuera la recubrirás, y harás sobre ella una moldura de oro alrededor. 12 Para ella harás cuatro aros de oro fundido, los cuales pondrás en sus cuatro patas: dos aros a un lado de ella, y dos aros al otro lado. 13 Harás unas varas de madera de acacia, las cuales recubrirás de oro; 14 y meterás las varas por los aros a los lados del arca, para llevar el arca con ellas. 15 Las varas permanecerán en los aros del arca; no se quitarán de ella. 16 Pondrás en el arca el testimonio que yo te daré.
El propiciatorio
17 "Harás un propiciatorio de oro puro. Será de dos codos y medio de largo, y de un codo y medio de ancho. 18 Harás también dos querubines; de oro modelado a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. 19 Harás un querubín en un extremo, y el otro querubín en el otro extremo. De una sola pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. 20 Los querubines extenderán las alas por encima, cubriendo con sus alas el propiciatorio. Sus caras estarán una frente a la otra; las caras de los querubines estarán mirando hacia el propiciatorio.
21 "Pondrás el propiciatorio sobre el arca, por encima; y dentro del arca pondrás el testimonio que yo te daré. 22 Allí me encontraré contigo, y desde encima del propiciatorio, de en medio de los querubines que están sobre el arca del testimonio, hablaré contigo de todo lo que te mande para los hijos de Israel.
La mesa de la Presencia
23 "Harás una mesa de madera de acacia. Será de dos codos de largo, de un codo de ancho y de un codo y medio de alto. 24 La recubrirás de oro puro y le harás una moldura de oro alrededor. 25 Le harás también un marco alrededor, de un palmo menor de ancho, y al marco le harás una moldura de oro alrededor. 26 Le harás cuatro aros de oro, los cuales pondrás en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro patas. 27 Próximos al marco estarán los aros, donde se colocarán las varas para llevar la mesa.
28 "Harás las varas de madera de acacia y las recubrirás de oro; con ellas será llevada la mesa. 29 También harás sus platos, sus cucharas, sus vasijas y sus tazones para hacer la libación; los harás de oro puro. 30 Y pondrás sobre la mesa el pan de la Presencia, continuamente, delante de mí.
El candelabro de oro
31 "Harás un candelabro de oro puro modelado a martillo. El candelabro con su base, su tallo, sus cálices, sus botones y sus flores será de una sola pieza. 32 Seis brazos saldrán de sus lados: tres brazos del candelabro de un lado, y tres brazos del candelabro del otro lado. 33 Habrá tres cálices en forma de flor de almendro en un brazo, con un botón y una flor; y tres cálices en forma de flor de almendro en el otro brazo, con un botón y una flor; así en los seis brazos que salen del candelabro. 34 En el tallo del candelabro habrá cuatro cálices en forma de flor de almendro, con sus botones y sus flores. 35 Habrá un botón debajo de dos brazos del mismo, otro botón debajo de otros dos brazos del mismo, y otro botón debajo de los otros dos brazos del mismo; así con los seis brazos que salen del candelabro. 36 Sus botones y sus brazos serán de una sola pieza con él; todo será una pieza de oro puro modelado a martillo.
37 "Además, le harás siete lámparas, y las pondrás en alto, para que alumbren hacia adelante. 38 También sus despabiladeras y sus platillos serán de oro puro. 39 Lo harás de un talento de oro puro, junto con todos estos accesorios. 40 Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.
Las piezas del tabernáculo
26 "Harás el tabernáculo de diez tapices de lino torcido, de material azul, de púrpura y de carmesí. Y los decorarás con querubines, obra de fina artesanía. 2 Cada tapiz será de 28 codos de largo y de 4 codos de ancho. Todos los tapices tendrán la misma medida. 3 Cinco tapices se unirán el uno con el otro; y también los otros cinco tapices se unirán el uno con el otro. 4 Harás lazos de hilo azul en la orilla de cada tapiz del extremo de la unión, y lo mismo harás en la orilla del tapiz del extremo en la otra unión. 5 Harás cincuenta lazos en el primer tapiz, y otros cincuenta en el extremo del tapiz de la otra unión, estando los lazos contrapuestos, uno frente al otro. 6 También harás cincuenta ganchos de oro con los cuales unirás los tapices el uno con el otro, de manera que el tabernáculo forme un solo conjunto.
7 "Asimismo, harás tapices de pelo de cabra para la tienda que estará sobre el tabernáculo, once tapices en total. 8 Cada tapiz será de 30 codos de largo y de 4 codos de ancho. Los once tapices tendrán una misma medida. 9 Unirás cinco tapices en un conjunto, y seis tapices en el otro conjunto. Doblarás el sexto tapiz para que vaya en la parte frontal del tabernáculo. 10 Harás cincuenta lazos en la orilla del tapiz del extremo, en la primera unión; y otros cincuenta lazos en la orilla del otro tapiz, en la segunda unión. 11 Asimismo, harás cincuenta ganchos de bronce, los cuales meterás en los lazos, y juntarás la tienda de manera que forme un conjunto. 12 El sobrante de los tapices de la cubierta, que es de medio tapiz, colgará hacia la parte posterior del tabernáculo. 13 Y el codo de un lado y el otro codo del otro lado, que sobran a lo largo de los tapices de la tienda, colgarán sobre los lados del tabernáculo, a un lado y al otro, para cubrirlo.
14 "También harás para el tabernáculo una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y sobre ésta habrá una cubierta de pieles finas.
15 "Harás para el tabernáculo tablones de madera de acacia para estar puestos de manera vertical. 16 Cada tablón será de 10 codos de largo y de un codo y medio de ancho. 17 Cada tablón tendrá dos espigas para ser trabadas una con otra. Así harás con todos los tablones del tabernáculo. 18 Harás para el lado sur del tabernáculo veinte tablones. 19 Harás cuarenta bases de plata para estar debajo de los veinte tablones: dos bases debajo de un tablón para sus dos espigas, y dos bases debajo de otro tablón para sus dos espigas. 20 Y para el otro lado del tabernáculo, el lado norte, harás otros veinte tablones, 21 con sus cuarenta bases de plata, dos bases debajo de un tablón y dos bases debajo de otro tablón. 22 Para el lado posterior del tabernáculo, al occidente, harás seis tablones. 23 Harás, además, dos tablones para las esquinas del tabernáculo en los dos extremos posteriores, 24 los cuales estarán unidos por abajo y unidos por arriba con un aro. Así será con los dos tablones para las dos esquinas. 25 De modo que habrá ocho tablones con sus bases de plata, dieciséis bases; dos bases debajo de un tablón y dos bases debajo de otro tablón.
26 "Harás también travesaños de madera de acacia: cinco para los tablones de un lado del tabernáculo; 27 cinco travesaños para los tablones del otro lado del tabernáculo, y cinco travesaños para los tablones del lado posterior del tabernáculo, al occidente. 28 El travesaño del centro pasará por la mitad de los tablones, de un extremo al otro extremo. 29 Recubrirás de oro los tablones. Harás también de oro sus aros en los cuales se han de meter los travesaños. También recubrirás de oro los travesaños. 30 Y levantarás el tabernáculo conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.
31 "Harás también un velo de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, decorado con querubines, obra de fina artesanía. 32 Lo pondrás sobre cuatro pilares de madera de acacia recubiertos de oro, con sus ganchos de oro sobre las cuatro bases de plata. 33 Harás colgar el velo de los ganchos. Introducirás detrás del velo el arca del testimonio. Aquel velo os servirá de separación entre el lugar santo y el lugar santísimo. 34 Pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio, en el lugar santísimo.
35 "Pondrás la mesa fuera del velo, y el candelabro frente a la mesa, en el lado sur del tabernáculo. Y pondrás la mesa en el lado norte.
36 "Harás para la entrada del tabernáculo una cortina de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, obra de bordador. 37 Harás para la cortina cinco pilares de madera de acacia, y los recubrirás de oro. Sus ganchos serán de oro; y les harás cinco bases de bronce fundido.
El altar del holocausto
27 "Harás un altar de madera de acacia. Será cuadrado, de 5 codos de largo, de 5 codos de ancho y de 3 codos de alto. 2 Le harás cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos serán de una misma pieza. Y lo recubrirás de bronce. 3 También harás sus bandejas para las cenizas, sus palas, sus tazones para la aspersión, sus tenedores y sus baldes. Harás de bronce todos sus utensilios. 4 Le harás una rejilla de bronce en forma de red, y sobre la red harás cuatro aros de bronce en sus cuatro extremos. 5 Y la pondrás por debajo y alrededor del borde del altar. La red llegará hasta la mitad del altar.
6 "Harás varas para el altar, varas de madera de acacia, y las recubrirás de bronce. 7 Las varas se meterán por los aros. Esas varas estarán a los dos lados del altar cuando sea transportado. 8 Harás el altar hueco, hecho de tablas. De la manera que te fue mostrado en el monte, así lo harán.
El atrio del tabernáculo
9 "Harás el atrio del tabernáculo. En el lado sur el atrio tendrá mamparas de lino torcido a lo largo de 100 codos, por un lado. 10 Sus veinte pilares y sus veinte bases serán de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas serán de plata. 11 De la misma manera, en el lado norte habrá mamparas a lo largo de 100 codos, con sus veinte pilares y sus veinte bases de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas serán de plata.
12 "El ancho del atrio en el lado occidental tendrá 50 codos de mamparas. Sus pilares serán diez, con sus diez bases. 13 El ancho del atrio al frente, es decir, al este, será de 50 codos. 14 Las mamparas de un lado tendrán 15 codos, con sus tres pilares y sus tres bases. 15 Al otro lado las mamparas tendrán 15 codos, y sus pilares y sus bases también serán tres.
16 "En la entrada del atrio habrá una cortina de 20 codos, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, obra de bordador. Sus pilares y sus bases serán cuatro. 17 Todos los pilares alrededor del atrio estarán ceñidos de plata. Sus ganchos serán de plata, y sus bases de bronce. 18 El atrio será de 100 codos de largo, de 50 codos de ancho y de 5 codos de alto. Sus mamparas serán de lino torcido; y sus bases, de bronce.
19 "Todos los utensilios para el servicio del tabernáculo, así como todas sus estacas y las del atrio, serán de bronce.
Aceite para las lámparas
20 "Tú mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas claro y puro para la iluminación, a fin de hacer arder continuamente las lámparas. 21 Aarón y sus hijos las dispondrán delante de Jehovah, en el tabernáculo de reunión, fuera del velo que está delante del testimonio, desde el anochecer hasta el amanecer. Este es un estatuto perpetuo de los hijos de Israel, a través de sus generaciones.
Las vestiduras sacerdotales
28 "Harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aarón y sus hijos con él, para que Aarón y sus hijos Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar me sirvan como sacerdotes. 2 Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, que le den gloria y esplendor. 3 Tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes he llenado de espíritu de sabiduría, y ellos harán las vestiduras de Aarón, para consagrarlo a fin de que me sirva como sacerdote. 4 Las vestiduras que serán confeccionadas son las siguientes: el pectoral, el efod, la túnica, el vestido a cuadros, el turbante y el cinturón. Harán las vestiduras sagradas para tu hermano Aarón y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes.
El efod
5 "Tomarán oro, material azul, púrpura, carmesí y lino; 6 y harán el efod de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, obra de fina artesanía. 7 Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos extremos, para poderse unir. 8 Su ceñidor para ajustar el efod, que estará sobre éste, será de su misma hechura y de los mismos materiales: oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido. 9 Tomarás dos piedras de ónice y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel: 10 seis de sus nombres en una piedra y los nombres de los seis restantes en la otra piedra, conforme al orden de su nacimiento. 11 Por mano de grabador en piedra y con grabadura de sello, harás grabar aquellas dos piedras con los nombres de los hijos de Israel, y les harás engastes de oro alrededor. 12 Y pondrás aquellas piedras sobre las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel. Aarón llevará sus nombres delante de Jehovah, sobre sus dos hombreras, como memorial. 13 Harás engastes de oro, 14 y dos cadenillas de oro puro, trenzadas como cordón, y fijarás en los engastes las cadenillas trenzadas como cordón.
El pectoral del juicio
15 "Harás el pectoral del juicio, obra de fina artesanía; lo harás como la hechura del efod: de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. 16 Será cuadrado y plegado; será de un palmo de largo y de un palmo de ancho. 17 Lo llenarás con los engastes de piedras, con cuatro hileras de piedras: La primera hilera tendrá un rubí, un topacio y un berilo. 18 La segunda hilera tendrá una turquesa, un zafiro y un diamante. 19 La tercera hilera tendrá un jacinto, un ágata y una amatista. 20 La cuarta hilera tendrá un crisólito, un ónice y un jaspe. Estas piedras estarán montadas en engastes de oro. 21 Las piedras corresponderán a los nombres de los hijos de Israel; serán doce como sus nombres. Corresponderán a las doce tribus, como grabaduras de sello, cada una con su nombre.
22 "Harás sobre el pectoral cadenillas trenzadas como cordón, de oro puro. 23 Harás también sobre el pectoral dos anillos de oro, los cuales pondrás en los dos extremos del pectoral. 24 Meterás los dos cordones de oro en los dos anillos, en los extremos del pectoral. 25 Los dos extremos de ambos cordones fijarás sobre los dos engastes, y los fijarás a las hombreras del efod en su parte delantera.
26 "Harás también otros dos anillos de oro, los que pondrás en los dos extremos del pectoral, en el borde que está al lado interior del efod. 27 Harás también otros dos anillos de oro y los fijarás en la parte inferior de las dos hombreras del efod, en su parte delantera, frente a su unión sobre el ceñidor del efod. 28 Así atarán el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con un cordón azul, para que esté sobre el ceñidor del efod y para que el pectoral no se desprenda del efod. 29 Y cuando Aarón entre en el santuario, llevará los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, para memorial continuo delante de Jehovah.
30 "Y pondrás el Urim y el Tumim en el pectoral del juicio, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre a la presencia de Jehovah. Así llevará continuamente Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón, en presencia de Jehovah.
La túnica del efod
31 "Harás la túnica del efod toda de material azul. 32 En medio de ella, en la parte superior, habrá una abertura que tendrá un borde alrededor. Será obra de tejedor, como la abertura de una coraza de cuero, para que no se rompa. 33 En sus bordes inferiores harás granadas de material azul, de púrpura y de carmesí; y entre ellas y alrededor de sus bordes harás campanillas de oro: 34 campanilla de oro y granada, luego campanilla de oro y granada, alrededor de los bordes de la túnica. 35 Aarón las llevará cuando ministre. Su sonido se oirá cuando entre en el santuario delante de Jehovah, y cuando salga, para que no muera.
Otras vestiduras sacerdotales
36 "Harás de oro puro una lámina en forma de flor, y grabarás en ella con grabadura de sello: ’Consagrado a Jehovah.’ 37 La colocarás sobre un cordón azul, y estará sobre el turbante; estará en la parte delantera del turbante. 38 Estará sobre la frente de Aarón, y Aarón cargará con la culpa relacionada con las cosas sagradas que los hijos de Israel hayan consagrado, todos sus obsequios sagrados. Estará continuamente sobre su frente para que hallen gracia delante de Jehovah.
39 "Tejerás a cuadros un vestido de lino y harás un turbante de lino. Harás también un cinturón, obra de bordador. 40 También harás vestidos y cinturones para los hijos de Aarón, y les harás turbantes para gloria y esplendor. 41 Con ellos vestirás a tu hermano Aarón, y con él a sus hijos. Los ungirás, los investirás y los consagrarás para que me sirvan como sacerdotes.
42 "También les harás pantalones de lino para cubrir su desnudez desde la cintura hasta los muslos. 43 Aarón y sus hijos estarán vestidos con ellos cuando entren en el tabernáculo de reunión, o cuando se acerquen al altar para servir en el santuario; no sea que carguen con la culpa y mueran. Este es un estatuto perpetuo para él y para sus descendientes después de él.
Consagración de Aarón y sus hijos
29 "Esto es lo que harás para consagrarlos, para que me sirvan como sacerdotes: Toma un novillo, dos carneros, sin defecto; 2 panes sin levadura, tortas sin levadura amasadas con aceite y galletas sin levadura untadas con aceite. Harás estas cosas de harina fina de trigo. 3 Las pondrás en una cesta, y los ofrecerás en la cesta, junto con el novillo y los dos carneros. 4 Harás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua. 5 Tomarás las vestiduras y vestirás a Aarón con el vestido, la túnica del efod, el efod y el pectoral, y lo sujetarás con el ceñidor del efod. 6 Pondrás el turbante sobre su cabeza, y sobre el turbante pondrás la diadema sagrada. 7 Luego tomarás el aceite de la unción y lo derramarás sobre su cabeza; así lo ungirás. 8 Luego harás que se acerquen sus hijos y los vestirás con los vestidos. 9 Ceñirás los cinturones a Aarón y a sus hijos, y les pondrás los turbantes, y tendrán el sacerdocio por estatuto perpetuo. Así investirás a Aarón y a sus hijos.
10 "Luego acercarás el novillo delante del tabernáculo de reunión, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo. 11 Degollarás el novillo delante de Jehovah, a la entrada del tabernáculo de reunión. 12 Tomarás parte de la sangre del novillo y la pondrás con tu dedo sobre los cuernos del altar; y derramarás el resto de la sangre al pie del altar. 13 Tomarás también todo el sebo que cubre las vísceras, el sebo que está sobre el hígado y los dos riñones con el sebo que los cubre, y lo harás arder sobre el altar. 14 Pero quemarás en el fuego fuera del campamento la carne, la piel y el estiércol del novillo. Es un sacrificio por el pecado.
15 "Asimismo, tomarás uno de los carneros, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. 16 Degollarás el carnero, tomarás su sangre y la rociarás encima y alrededor del altar. 17 Cortarás el carnero en pedazos, lavarás sus vísceras y sus piernas, y las pondrás con sus pedazos y con su cabeza. 18 Harás arder todo el carnero sobre el altar. Es holocausto de grato olor a Jehovah, ofrenda quemada a Jehovah.
19 "Luego tomarás el otro carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. 20 Degollarás el carnero, y tomarás parte de su sangre y la pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos, sobre el dedo pulgar de sus manos derechas y sobre el dedo pulgar de sus pies derechos. Derramarás el resto de la sangre encima y alrededor del altar. 21 Luego tomarás parte de la sangre que está sobre el altar y del aceite de la unción, y los rociarás sobre Aarón y sus vestiduras, y sobre sus hijos y sus vestiduras. Así serán consagrados Aarón y sus vestiduras, y con él sus hijos y sus vestiduras.
22 "Luego tomarás el sebo del carnero, la rabadilla, el sebo que cubre las vísceras, el sebo que está sobre el hígado, los dos riñones con el sebo que los cubre y el muslo derecho, porque es el carnero de la investidura. 23 También tomarás de la cesta de los panes sin levadura que está delante de Jehovah, un pan, una torta de pan amasada con aceite y una galleta. 24 Pondrás todas estas cosas en las manos de Aarón y en las manos de sus hijos, y las mecerás como ofrenda mecida delante de Jehovah. 25 Después las tomarás de sus manos y las harás arder en el altar, sobre el holocausto, como grato olor delante de Jehovah. Es una ofrenda quemada a Jehovah.
26 "Entonces tomarás el pecho del carnero de la investidura de Aarón, y lo mecerás como ofrenda mecida delante de Jehovah. Esta será tu porción. 27 Apartarás el pecho de la ofrenda mecida y el muslo de la ofrenda alzada, lo que fue mecido y lo que fue alzado del carnero de la investidura, de lo que era para Aarón y para sus hijos. 28 Esto será para Aarón y para sus hijos de parte de los hijos de Israel, por estatuto perpetuo, porque es ofrenda alzada. Será una ofrenda de parte de los hijos de Israel, de sus sacrificios de paz como ofrenda alzada para Jehovah.
29 "Las vestiduras sagradas de Aarón serán para sus hijos después de él, para que con ellas sean ungidos y para que con ellas sean investidos. 30 El hijo suyo que sea sacerdote en su lugar y que entre al tabernáculo de reunión para servir en el santuario, las vestirá durante siete días.
31 "Tomarás el carnero de la investidura y cocerás su carne en un lugar santo. 32 Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero y el pan que está en la cesta, a la entrada del tabernáculo de reunión. 33 Ellos comerán aquellas cosas con las cuales se hizo expiación para investirlos y consagrarlos; pero ningún extraño comerá de ellas, porque son sagradas. 34 Si sobra algo de la carne de la investidura y del pan hasta la mañana, quemarás al fuego lo que haya sobrado. No se comerá, porque es cosa sagrada.
35 "Así harás a Aarón y a sus hijos, conforme a todas las cosas que yo te he mandado. Durante siete días los investirás. 36 Y cada día ofrecerás un toro como sacrificio por el pecado, para hacer expiación. Purificarás el altar al hacer expiación por él, y lo ungirás para santificarlo. 37 Durante siete días expiarás el altar y lo santificarás; así será un altar santísimo. Todo lo que toque al altar será santificado.
El holocausto continuo
38 "Esto es lo que ofrecerás sobre el altar cada día, continuamente: dos corderos de un año. 39 Ofrecerás uno de los corderos al amanecer, y el otro cordero lo ofrecerás al atardecer. 40 Además, con cada cordero ofrecerás la décima parte de un efa de harina fina, mezclada con la cuarta parte de un hin de aceite puro de olivas. La libación será de la cuarta parte de un hin de vino.
41 "Ofrecerás el otro cordero al atardecer. Con él presentarás una ofrenda vegetal como la de la mañana, y del mismo modo su libación, como grato olor. Es una ofrenda quemada a Jehovah.
42 "Esto será, a través de vuestras generaciones, el holocausto continuo delante de Jehovah, a la entrada del tabernáculo de reunión, donde me encontraré contigo para hablarte allí. 43 También me encontraré allí con los hijos de Israel, y el lugar será santificado por mi gloria. 44 Santificaré el tabernáculo de reunión y el altar. Asimismo, santificaré a Aarón y a sus hijos para que me sirvan como sacerdotes. 45 Yo habitaré en medio de los hijos de Israel, y seré su Dios. 46 Y conocerán que yo soy Jehovah su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para habitar en medio de ellos. Yo, Jehovah, su Dios.
El altar del incienso
30 "Harás asimismo un altar para quemar incienso. Lo harás de madera de acacia. 2 Será cuadrado, de un codo de largo, de un codo de ancho y de dos codos de alto. Sus cuernos serán hechos de la misma pieza. 3 Lo recubrirás de oro puro, tanto su cubierta como sus paredes alrededor y sus cuernos. Le harás alrededor una moldura de oro. 4 Le harás también dos aros de oro debajo de su moldura en sus dos costados, en sus dos lados, donde se colocarán las varas con que será transportado. 5 Harás las varas de madera de acacia y las recubrirás de oro.
6 "Pondrás el altar delante del velo que está junto al arca del testimonio y delante del propiciatorio que está sobre el testimonio, donde yo me encontraré contigo. 7 Aarón quemará incienso aromático sobre él; lo quemará cada mañana cuando prepare las lámparas. 8 Cuando encienda las lámparas al anochecer, también quemará incienso delante de Jehovah, continuamente, a través de vuestras generaciones. 9 No ofreceréis sobre el altar incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda vegetal. Tampoco derramaréis libación sobre él. 10 Una vez al año Aarón hará expiación sobre los cuernos del altar. Con la sangre de la víctima para la expiación por el pecado, hará expiación sobre él, una vez al año, a través de vuestras generaciones. Será muy sagrado a Jehovah."
El medio siclo para el tabernáculo
11 Jehovah habló a Moisés diciendo: 12 "Cuando hagáis el censo para obtener el número de los hijos de Israel, según los que sean contados de ellos, cada uno dará a Jehovah el rescate por su persona. Así no habrá mortandad entre ellos, cuando hayan sido contados. 13 Esto dará todo el que sea contado: medio siclo conforme al siclo del santuario. El siclo tiene 20 geras. La mitad de un siclo será la ofrenda alzada para Jehovah. 14 Cada uno que sea contado, de veinte años para arriba, dará esta ofrenda alzada para Jehovah. 15 Al entregar la ofrenda alzada para Jehovah a fin de hacer expiación por vuestras personas, el rico no dará más, ni el pobre dará menos del medio siclo. 16 Tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones y lo darás para el servicio del tabernáculo de reunión. Ello será un memorial a los hijos de Israel, delante de Jehovah, para hacer expiación por vuestras personas."
La fuente de bronce
17 Jehovah también habló a Moisés diciendo: 18 "También harás una fuente de bronce para lavarse, con su base también de bronce. La pondrás entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás en ella agua. 19 Aarón y sus hijos se lavarán en ella sus manos y sus pies. 20 Cuando entren en el tabernáculo de reunión, se lavarán con agua, para que no mueran. Cuando se acerquen al altar para servir y presentar la ofrenda quemada a Jehovah, 21 también se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. Esto será un estatuto perpetuo, tanto para él como para sus descendientes, a través de sus generaciones."
El aceite de la santa unción
22 Jehovah también habló a Moisés diciendo: 23 "Toma especias aromáticas: de mirra granulada de primera, 500 siclos; de canela aromática, la mitad, es decir, 250; de cálamo aromático, 250; 24 de casia, 500, según el siclo del santuario; y un hin de aceite de oliva. 25 Con esto prepararás el aceite de la santa unción. Será un ungüento combinado, obra de perfumador, el cual será el aceite de la santa unción. 26 Con él ungirás el tabernáculo de reunión y el arca del testimonio, 27 la mesa con todos sus utensilios, el candelabro con sus utensilios, el altar del incienso, 28 el altar del holocausto con todos sus utensilios y la fuente con su base. 29 Así los consagrarás, y serán cosas muy sagradas. Todo lo que los toque será santificado.
30 "También ungirás a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás, para que me sirvan como sacerdotes. 31 Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: ’Este será mi aceite de la santa unción a través de todas vuestras generaciones. 32 No será vertido sobre el cuerpo de ningún hombre, ni haréis una composición similar. Sagrado es, y sagrado será para vosotros. 33 Cualquiera que prepare un ungüento similar y cualquiera que ponga de él sobre una persona extraña será excluido de su pueblo.’ "
El incienso aromático
34 Jehovah dijo también a Moisés: "Toma especias: estacte, uña aromática, gálbano e incienso puro; igual peso de cada cosa. 35 Haz con ello el incienso aromático, obra de perfumador, salado, puro y santo. 36 Molerás una parte de él muy fina y la pondrás delante del testimonio, en el tabernáculo de reunión, donde yo me encontraré contigo. Será para vosotros cosa muy sagrada. 37 No os haréis incienso de una composición similar. Te será cosa sagrada para Jehovah; 38 cualquiera que haga una composición similar para olerla será excluido de su pueblo."
Artesanos a cargo del tabernáculo
31 Jehovah habló a Moisés diciendo: 2 "Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, 3 y lo he llenado del Espíritu de Dios, con sabiduría, entendimiento, conocimiento y toda habilidad de artesano, 4 para hacer diseños artísticos y para trabajar en oro, plata y bronce; 5 en el tallado de piedras para engastar, en el tallado de madera y para realizar toda clase de labor.
6 "He aquí, yo he escogido con él a Oholiab hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan. También he puesto sabiduría en el corazón de toda persona sabia de corazón, para que realicen todo lo que te he mandado: 7 el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio y el propiciatorio que está sobre ella. También todos los utensilios del tabernáculo: 8 la mesa y sus utensilios, el candelabro de oro puro y todos sus utensilios, el altar del incienso, 9 el altar del holocausto y todos sus utensilios, la fuente y su base, 10 las vestiduras de material tejido, las vestiduras sagradas para el sacerdote Aarón, las vestiduras de sus hijos, para servir como sacerdotes, 11 el aceite de la unción y el incienso aromático para el santuario. Lo harán conforme a todo lo que te he mandado."
El sábado como señal del pacto
12 Jehovah habló además a Moisés diciendo: 13 "Tú hablarás a los hijos de Israel y les dirás: ’Ciertamente guardaréis mis sábados, porque esto es una señal entre yo y vosotros a través de vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehovah, el que os santifico. 14 Guardaréis el sábado, porque es sagrado para vosotros; el que lo profane morirá irremisiblemente. Cualquiera que haga algún trabajo en él será excluido de en medio de su pueblo. 15 Seis días se trabajará, pero el séptimo día será sábado de reposo consagrado a Jehovah. Cualquiera que haga algún trabajo en el día del sábado morirá irremisiblemente.’
16 "Los hijos de Israel guardarán el sábado, celebrándolo como pacto perpetuo a través de sus generaciones. 17 Será señal para siempre entre yo y los hijos de Israel. Porque en seis días Jehovah hizo los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó."
18 Y cuando acabó de hablar con él en el monte Sinaí, dio a Moisés dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.
El pueblo adora un becerro de oro
32 Al ver el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, ellos se congregaron ante Aarón y le dijeron:
-Levántate, haz para nosotros dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.
2 Aarón les respondió:
-Quitad los aretes de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.
3 Entonces todos los del pueblo se quitaron los aretes de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón. 4 El los recibió de sus manos e hizo un becerro de fundición, modelado a buril. Entonces dijeron:
-¡Israel, éste es tu dios que te sacó de la tierra de Egipto!
5 Al ver esto, Aarón edificó un altar delante del becerro y pregonó diciendo:
-¡Mañana habrá fiesta para Jehovah!
6 Al día siguiente madrugaron, ofrecieron holocaustos y trajeron sacrificios de paz. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó para divertirse.
Moisés intercede por su pueblo
7 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. 8 Se han apartado rápidamente del camino que yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición, lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: "¡Israel, éste es tu dios que te sacó de la tierra de Egipto!" 9 -Le dijo, además, a Moisés-: Yo he visto a este pueblo, y he aquí que es un pueblo de dura cerviz. 10 Ahora pues, deja que se encienda mi furor contra ellos y los consuma, pero yo haré de ti una gran nación.
11 Entonces Moisés imploró el favor de Jehovah su Dios, diciendo:
-Oh Jehovah, ¿por qué se ha de encender tu furor contra tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto con gran fuerza y con mano poderosa? 12 ¿Por qué han de hablar los egipcios diciendo: "Los sacó por maldad, para matarlos sobre los montes y para exterminarlos sobre la faz de la tierra"? Desiste del ardor de tu ira y cambia de parecer en cuanto a hacer mal a tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a quienes juraste por ti mismo y les dijiste: "Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de la cual he hablado. Y ellos la tomarán como posesión para siempre."
14 Entonces Jehovah cambió de parecer en cuanto al mal que dijo que haría a su pueblo.
La ira de Moisés contra los idólatras
15 Entonces Moisés se volvió y descendió del monte trayendo en sus manos las dos tablas del testimonio, tablas escritas por ambos lados; por uno y otro lado estaban escritas. 16 Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios, grabada sobre las tablas.
17 Al oír Josué el estruendo del pueblo que gritaba, dijo a Moisés:
-¡Estruendo de batalla hay en el campamento!
18 Pero Moisés respondió:
-No es estruendo de victoria ni estruendo de derrota. Yo escucho estruendo de cantares.
19 Aconteció que cuando llegó al campamento y vio el becerro y las danzas, la ira de Moisés se encendió, y arrojó las tablas de sus manos y las rompió al pie del monte. 20 Y tomó el becerro que habían hecho y lo quemó en el fuego. Luego lo molió hasta reducirlo a polvo, lo esparció sobre el agua, y lo hizo beber a los hijos de Israel. 21 Y Moisés dijo a Aarón:
-¿Qué te ha hecho este pueblo, para que hayas traído sobre él un pecado tan grande?
22 Y Aarón respondió:
-No se encienda la ira de mi señor. Tú conoces al pueblo, que es inclinado al mal. 23 Ellos me dijeron: "Haz para nosotros dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido." 24 Y yo les respondí: "Los que tengan oro, que se lo quiten." Ellos me lo dieron, y lo arrojé al fuego; y salió este becerro.
Los levitas ejecutan la ira de Dios
25 Al ver que el pueblo se había desenfrenado, pues Aarón les había permitido el desenfreno, de modo que llegaron a ser una vergüenza entre sus enemigos, Moisés 26 se puso de pie a la entrada del campamento y dijo:
-¡Quien esté de parte de Jehovah únase conmigo!
Y se unieron con él todos los hijos de Leví. 27 Y él les dijo:
-Así ha dicho Jehovah, el Dios de Israel: "¡Cíñase cada uno su espada, y pasad y volved, de entrada a entrada del campamento! ¡Matad cada uno a su hermano, a su amigo y a su pariente!"
28 Entonces los hijos de Leví hicieron conforme al dicho de Moisés, y aquel día cayeron del pueblo como 3.000 hombres. 29 Entonces Moisés dijo:
-Hoy os habéis investido a vosotros mismos para Jehovah, cada uno a costa de su hijo o de su hermano, para que él os dé hoy bendición.
Jehovah se aparta del campamento
30 Al día siguiente Moisés dijo al pueblo:
-Vosotros habéis cometido un gran pecado. Pero yo subiré ahora hacia Jehovah; quizás yo pueda hacer expiación por vuestro pecado.
31 Moisés regresó a Jehovah y le dijo:
-¡Ay! Este pueblo ha cometido un gran pecado al haberse hecho dioses de oro. 32 Pero ahora perdona su pecado; y si no, por favor, bórrame de tu libro que has escrito.
33 Jehovah respondió a Moisés:
-¡Al que ha pecado contra mí, a ése lo borraré de mi libro! 34 Vuelve, pues; conduce a este pueblo al lugar que te he dicho; he aquí que mi ángel irá delante de ti. Pero en el día del castigo yo les castigaré por su pecado.
35 Y Jehovah hirió al pueblo con una plaga por lo que habían hecho con el becerro que Aarón formó.
33 Después Jehovah dijo a Moisés:
-Vé, sube de aquí, tú con el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra acerca de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: "A tus descendientes la daré." 2 Yo enviaré un ángel delante de vosotros y arrojaré a los cananeos, amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos. 3 Sube a la tierra que fluye leche y miel, pero yo no subiré en medio de ti, no sea que te consuma en el camino, porque eres un pueblo de dura cerviz.
4 Al oír el pueblo esta mala noticia, ellos hicieron duelo. Ninguno se atavió con sus joyas. 5 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Di a los hijos de Israel: "Vosotros sois un pueblo de dura cerviz; si yo estuviese un solo instante en medio de vosotros, os consumiría. Ahora pues, quitaos vuestras joyas, y yo sabré qué he de hacer con vosotros."
6 Y los hijos de Israel se desprendieron de sus joyas a partir del monte Horeb.
La tienda fuera del campamento
7 Entonces Moisés tomó una tienda y la levantó fuera del campamento, a considerable distancia. A esta tienda la llamó: tienda de reunión. Y sucedía que todo el que buscaba a Jehovah, iba a la tienda de reunión que estaba fuera del campamento.
8 Cuando Moisés se dirigía a la tienda de reunión, todo el pueblo se levantaba y se ponía de pie junto a la entrada de su propia tienda. Miraban a Moisés hasta que él entraba en la tienda. 9 Cuando Moisés entraba en la tienda, la columna de nube descendía y se detenía a la entrada de la tienda; y Dios hablaba con Moisés. 10 Al ver la columna de nube, que se detenía a la entrada de la tienda, todo el pueblo se levantaba y se postraba, cada uno a la entrada de su propia tienda.
11 Entonces Jehovah hablaba a Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Después regresaba Moisés al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su ayudante, no se apartaba de la tienda.
Jehovah revela su gloria a Moisés
12 Moisés dijo a Jehovah:
-Mira, tú me dices a mí: "Saca a este pueblo." Pero tú no me has dado a conocer a quién has de enviar conmigo. Sin embargo, dices: "Yo te he conocido por tu nombre y también has hallado gracia ante mis ojos." 13 Ahora, si he hallado gracia ante tus ojos, por favor muéstrame tu camino, para que te conozca y halle gracia ante tus ojos; considera también que esta gente es tu pueblo.
14 Jehovah le dijo:
-Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.
15 Y él respondió:
-Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. 16 ¿En qué, pues, se conocerá que he hallado gracia ante tus ojos, yo y tu pueblo? ¿No será en que tú vas con nosotros y en que yo y tu pueblo llegamos a ser diferentes de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?
17 Jehovah dijo a Moisés:
-También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia ante mis ojos y te he conocido por tu nombre.
18 Entonces Moisés dijo:
-Por favor, muéstrame tu gloria.
19 Y le respondió:
-Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti y proclamaré delante de ti el nombre de Jehovah. Tendré misericordia del que tendré misericordia y me compadeceré del que me compadeceré. 20 -Dijo además-: No podrás ver mi rostro, porque ningún hombre me verá y quedará vivo. 21 -Jehovah dijo también-: He aquí hay un lugar junto a mí, y tú te colocarás sobre la peña. 22 Sucederá que cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. 23 Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas. Pero mi rostro no será visto.
34 Jehovah dijo, además, a Moisés:
-Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las primeras, que rompiste. 2 Prepárate para la mañana, sube de mañana al monte Sinaí y preséntate allí delante de mí sobre la cumbre del monte. 3 No suba nadie contigo, ni nadie sea visto en todo el monte. No pasten ovejas ni bueyes frente a ese monte.
4 Moisés labró dos tablas de piedra como las primeras. Y levantándose muy de mañana subió al monte Sinaí, como le mandó Jehovah, y llevó en sus manos las dos tablas de piedra. 5 Entonces descendió Jehovah en la nube, y se presentó allí a Moisés; y éste invocó el nombre de Jehovah. 6 Jehovah pasó frente a Moisés y proclamó:
-¡Jehovah, Jehovah, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad, 7 que conserva su misericordia por mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; pero que de ninguna manera dará por inocente al culpable; que castiga la maldad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación.
8 Entonces Moisés se apresuró a bajar la cabeza hacia el suelo, y se postró 9 diciendo:
-Oh Señor, si he hallado gracia ante tus ojos, vaya por favor el Señor en medio de nosotros, aunque éste sea un pueblo de dura cerviz. Perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y acéptanos como tu heredad.
Moisés escribe los mandamientos
10 Jehovah le dijo:
-He aquí, yo hago un pacto frente a todo tu pueblo: Haré maravillas como nunca fueron hechas en toda la tierra y en ninguna de las naciones. Todo el pueblo, en medio del cual estás, verá la obra de Jehovah; porque algo temible haré para con vosotros. 11 Guarda lo que yo te mando hoy.
»He aquí, yo echaré de tu presencia a los amorreos, cananeos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos. 12 Guárdate, no sea que hagas alianza con los habitantes de la tierra a donde vas, de manera que eso sea de tropiezo en medio de ti. 13 Ciertamente derribaréis sus altares, romperéis sus imágenes y eliminaréis sus árboles rituales de Asera. 14 Porque no te postrarás ante otro dios, pues Jehovah, cuyo nombre es Celoso, es un Dios celoso. 15 No sea que hagas alianza con los habitantes de aquella tierra, y cuando ellos se prostituyan tras sus dioses y les ofrezcan sacrificios, te inviten, y tú comas de sus sacrificios; 16 o que al tomar tú sus hijas para tus hijos y al prostituirse ellas tras sus dioses, hagan que tus hijos se prostituyan tras los dioses de ellas.
17 »No te harás dioses de fundición.
18 »Guardarás la fiesta de los panes sin levadura. Siete días comerás panes sin levadura, como te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto.
19 »Todo primerizo que abre la matriz es mío; de tu ganado consagrarás el primerizo que sea macho de vaca o de oveja. 20 Pero rescatarás con un cordero el primerizo del asno; y si no lo rescatas, le romperás la nuca. También rescatarás todo primogénito varón de tus hijos, y nadie se presentará delante de mí con las manos vacías.
21 »Seis días trabajarás, pero en el séptimo día descansarás. Aun en el tiempo de la siembra y de la siega descansarás.
22 »Celebrarás la fiesta de Pentecostés, es decir, la de las primicias de la siega del trigo, y también la fiesta de la cosecha a la vuelta del año. 23 Tres veces al año se presentarán todos tus hombres delante del Señor Jehovah, Dios de Israel. 24 Porque yo expulsaré las naciones de tu presencia y ensancharé tus territorios. Nadie codiciará tu tierra mientras tú vayas tres veces al año para presentarte delante de Jehovah tu Dios.
25 »No ofrecerás la sangre de mi sacrificio junto con algo que tenga levadura.
»No quedará nada del sacrificio de la fiesta de la Pascua hasta la mañana.
26 »Traerás lo mejor de las primicias de tu tierra a la casa de Jehovah tu Dios.
»No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
27 Entonces Jehovah dijo a Moisés:
-Escribe estas palabras, porque conforme a ellas he hecho pacto contigo y con Israel.
28 Moisés estuvo allí con Jehovah cuarenta días y cuarenta noches. No comió pan ni bebió agua. Y en las tablas escribió las palabras del pacto: los diez mandamientos.
La cara de Moisés resplandece
29 Aconteció que al descender Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, mientras descendía del monte, Moisés no sabía que la piel de su cara resplandecía por haber estado hablando con Dios. 30 Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí que la piel de su cara era resplandeciente, y temieron acercarse a él.
31 Moisés los llamó. Entonces Aarón y todos los jefes de la congregación volvieron a él, y Moisés les habló. 32 Después de esto, se acercaron todos los hijos de Israel, y Moisés les mandó todas las cosas que Jehovah le había dicho en el monte Sinaí.
33 Y cuando Moisés terminó de hablar con ellos, puso un velo sobre su cara. 34 Cuando entraba a la presencia de Jehovah para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía. Entonces cuando salía, hablaba con los hijos de Israel lo que él le mandaba. 35 Al ver los hijos de Israel que la piel de su cara resplandecía, Moisés volvía a poner el velo sobre su cara, hasta que entraba para hablar con Jehovah.
Moisés reafirma la ley del sábado
35 Moisés hizo reunir a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: "Estas son las cosas que Jehovah ha mandado que hagáis: 2 ’Seis días se trabajará; pero el séptimo día os será sagrado, sábado de reposo consagrado a Jehovah. Cualquiera que haga algún trabajo en él morirá. 3 No encenderéis fuego en ninguna de vuestras moradas en el día de sábado.’ "
Llamado para levantar el tabernáculo
4 Moisés habló a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: "Esto es lo que Jehovah ha mandado: 5 ’Tomad de entre vosotros una ofrenda para Jehovah. Todo hombre de corazón generoso traiga una ofrenda para Jehovah: oro, plata, bronce, 6 material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra, 7 pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia, 8 aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático, 9 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.
10 " ’Todo hombre que entre vosotros sea sabio de corazón venga y haga todas las cosas que Jehovah ha mandado: 11 el tabernáculo, su tienda, su cubierta, sus ganchos, sus tablones, sus travesaños, sus pilares y sus bases; 12 el arca y sus varas, el propiciatorio y el velo de protección; 13 la mesa y sus varas, todos sus utensilios y el pan de la Presencia; 14 el candelabro para la iluminación y sus utensilios, sus lámparas y el aceite para la iluminación; 15 el altar del incienso y sus varas; el aceite de la unción y el incienso aromático; la cortina de la puerta para la entrada del tabernáculo; 16 el altar del holocausto, su rejilla de bronce, sus varas y todos sus utensilios; la fuente y su base; 17 las mamparas del atrio, sus pilares, sus bases y la cortina de la entrada del atrio; 18 las estacas del tabernáculo, las estacas del atrio y sus cuerdas; 19 las vestiduras de material tejido, para servir en el santuario, las vestiduras sagradas del sacerdote Aarón y las vestiduras de sus hijos, para servir como sacerdotes.’ "
Ofrenda para el tabernáculo
20 Entonces toda la congregación de los hijos de Israel salió de la presencia de Jehovah. 21 Y todo aquel a quien le impulsó su corazón y todo aquel a quien su espíritu le movió a la generosidad trajeron la ofrenda de Jehovah, para la obra del tabernáculo de reunión, para todo su servicio y para las vestiduras sagradas. 22 Tanto hombres como mujeres, toda persona de corazón generoso vino trayendo prendedores, aretes, anillos, collares y toda clase de objetos de oro. Todos presentaron a Jehovah una ofrenda de oro. 23 Todos los que poseían material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo y pieles finas, los trajeron. 24 Todos los que hicieron ofrenda de plata o de bronce trajeron la ofrenda para Jehovah. Todos los que tenían madera de acacia la trajeron para la labor de la obra.
25 Además, todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos y traían lo hilado: material azul, púrpura, carmesí y lino. 26 Todas las mujeres cuyo corazón les impulsó con sabiduría tejieron pelo de cabra.
27 Los jefes trajeron piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. 28 También trajeron las especias aromáticas y el aceite para la iluminación, para la unción y para el incienso aromático.
29 Los hijos de Israel, todos los hombres y mujeres cuyo corazón les movió a la generosidad para ofrendar para toda la obra que Jehovah había mandado por medio de Moisés que se hiciera, trajeron una ofrenda voluntaria a Jehovah.
Artesanos a cargo del tabernáculo
30 Entonces Moisés dijo a los hijos de Israel:
-Mirad, Jehovah ha llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, 31 y lo ha llenado del Espíritu de Dios, con sabiduría, entendimiento, conocimiento y toda habilidad de artesano, 32 para hacer diseños artísticos y para trabajar en oro, plata y bronce, 33 en el tallado de piedras para engastar, en el tallado de madera y para realizar toda clase de labor artística. 34 El ha puesto en su corazón la capacidad para enseñar, tanto él como Oholiab hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan. 35 Los ha llenado con sabiduría de corazón para realizar toda obra de artesano, diseñador y bordador de material azul, púrpura, carmesí y lino, y de tejedor; para que realicen toda labor y hagan diseños artísticos.
36 »Bezaleel, Oholiab y todos los sabios de corazón en quienes Jehovah ha puesto sabiduría y entendimiento para saber hacer toda la obra de la construcción del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Jehovah.
2 Entonces llamó Moisés a Bezaleel, a Oholiab y a todo hombre sabio de corazón en cuyo corazón Jehovah había puesto sabiduría, y todos aquellos cuyo corazón les impulsó para acercarse y llevar a cabo la obra. 3 Y ellos tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído, para que se llevara a cabo la obra de la construcción del santuario.
Como el pueblo continuaba trayendo ofrenda voluntaria cada mañana, 4 todos los maestros que hacían toda la obra del santuario dejaron cada uno su trabajo 5 y hablaron con Moisés diciendo:
-El pueblo trae mucho más de lo necesario para llevar a cabo la obra que Jehovah ha mandado que se haga.
6 Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo:
-Nadie, hombre o mujer, haga nada más como ofrenda para el santuario.
Así se le impidió al pueblo seguir trayendo; 7 pues ya había material suficiente para hacer toda la obra, y aun sobraba.
Las piezas del tabernáculo
8 Todos los sabios de corazón de entre los encargados de la obra hicieron el tabernáculo con diez tapices de lino torcido, de material azul, de púrpura y de carmesí. Y los hizo con querubines, obra de fina artesanía. 9 Cada tapiz era de 28 codos de largo y de 4 codos de ancho. Todos los tapices tenían la misma medida. 10 El unió cinco tapices el uno con el otro; y también unió los otros cinco tapices el uno con el otro. 11 También hizo lazos de material azul en la orilla del tapiz del extremo, en una unión. Lo mismo hizo en la orilla del otro tapiz del extremo, en la otra unión. 12 Hizo cincuenta lazos en un tapiz, e hizo cincuenta lazos en la orilla del tapiz de la otra unión, estando los lazos contrapuestos, uno frente al otro. 13 Hizo también cincuenta ganchos de oro con los cuales unió los tapices el uno con el otro, de manera que el tabernáculo formó un solo conjunto.
14 Hizo también tapices de pelo de cabra para la tienda que está sobre el tabernáculo, once tapices en total. 15 Cada tapiz era de 30 codos de largo y de 4 codos de ancho. Los once tapices tenían la misma medida. 16 Unió cinco tapices en un conjunto, y seis tapices en el otro conjunto. 17 Hizo también cincuenta lazos en la orilla del tapiz del extremo, en la primera unión; y cincuenta lazos en la orilla del otro tapiz, en la segunda unión. 18 Hizo también cincuenta ganchos de bronce para unir la tienda, de manera que formara un solo conjunto.
19 Hizo para el tabernáculo una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y sobre ésta puso una cubierta de pieles finas.
20 Hizo también para el tabernáculo los tablones de madera de acacia, para estar puestos de manera vertical. 21 Cada tablón era de 10 codos de largo y de un codo y medio de ancho. 22 Cada tablón tenía dos espigas para ser trabadas una con otra. Así hizo para todos los tablones del tabernáculo. 23 Hizo, pues, los tablones para el tabernáculo, veinte tablones para el lado sur. 24 Hizo también cuarenta bases de plata debajo de los veinte tablones: dos bases debajo de un tablón para sus dos espigas, y dos bases debajo de otro tablón para sus dos espigas. 25 Y para el otro lado, el lado norte del tabernáculo, hizo veinte tablones, 26 con sus cuarenta bases de plata: dos bases debajo de un tablón y dos bases debajo de otro tablón. 27 Hizo seis tablones para el lado posterior del tabernáculo, al occidente. 28 Para las esquinas del tabernáculo, en los dos extremos posteriores, hizo dos tablones, 29 los cuales estaban unidos por abajo y unidos por arriba con un aro. Así hizo con los dos en las dos esquinas. 30 Eran, pues, ocho tablones con sus bases de plata, dieciséis bases; dos bases debajo de cada tablón.
31 Hizo también los travesaños de madera de acacia: cinco para los tablones de un lado del tabernáculo, 32 cinco travesaños para los tablones del otro lado del tabernáculo, y cinco travesaños para los tablones del lado posterior del tabernáculo, al occidente. 33 Hizo que el travesaño del centro pasase por la mitad de los tablones, de un extremo al otro extremo. 34 Recubrió de oro los tablones; y también hizo de oro los aros en los cuales se habían de meter los travesaños. También recubrió de oro los travesaños.
35 Hizo también el velo de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. Y los hizo con querubines, obra de fina artesanía. 36 Para el velo hizo cuatro pilares de madera de acacia y los recubrió de oro. Sus ganchos eran de oro, y fundió para ellos cuatro bases de plata. 37 Hizo también la cortina para la entrada del tabernáculo, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido, obra de bordador. 38 También hizo sus cinco pilares y sus ganchos. Recubrió de oro la parte superior de sus columnas y sus bandas, y sus cinco bases eran de bronce.
El arca del testimonio
37 Bezaleel hizo también el arca de madera de acacia. Era de dos codos y medio de largo, de un codo y medio de ancho y de un codo y medio de alto. 2 La recubrió de oro puro por dentro y por fuera, y le hizo una moldura de oro alrededor. 3 Le hizo, además, cuatro aros de oro fundido para sus cuatro patas: dos aros a un lado de ella, y dos aros al otro lado. 4 También hizo las varas de madera de acacia y las recubrió de oro. 5 Y metió las varas por los aros a los lados del arca, para llevar el arca.
El propiciatorio
6 Hizo también el propiciatorio de oro puro. Era de dos codos y medio de largo y de un codo y medio de ancho. 7 También hizo los dos querubines; de oro modelado a martillo los hizo en los dos extremos del propiciatorio. 8 Un querubín estaba en un extremo, y el otro querubín en el otro extremo. De una sola pieza con el propiciatorio hizo los querubines en sus dos extremos. 9 Los querubines extendían las alas por encima, cubriendo con sus alas el propiciatorio. Sus caras estaban una frente a la otra; las caras de los querubines estaban mirando hacia el propiciatorio.
La mesa de la Presencia
10 Hizo también la mesa de madera de acacia. Era de dos codos de largo, de un codo de ancho y de un codo y medio de alto. 11 La recubrió de oro puro y le hizo una moldura de oro alrededor. 12 Le hizo también un marco alrededor, de un palmo menor de ancho, y al marco le hizo una moldura de oro alrededor. 13 Le hizo cuatro aros de oro fundido y los puso en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro patas. 14 Próximos al marco estaban los aros donde se colocaban las varas para llevar la mesa.
15 Hizo también las varas de madera de acacia, para llevar la mesa, y las recubrió de oro. 16 También hizo de oro puro los utensilios que habrían de estar sobre la mesa: sus platos, sus cucharas, sus tazones y sus vasijas para hacer la libación.
El candelabro de oro
17 Hizo también el candelabro de oro puro modelado a martillo. El candelabro con su base, su tallo, sus cálices, sus botones y sus flores era de una sola pieza. 18 Seis brazos salían de sus lados: tres brazos del candelabro de un lado, y tres brazos del candelabro del otro lado. 19 En un brazo había tres cálices en forma de botón y flor de almendro, y en su otro brazo había tres cálices en forma de botón y flor de almendro; así en los seis brazos que salían del candelabro. 20 En el tallo del candelabro había cuatro cálices en forma de flor de almendro, con sus botones y sus flores. 21 Había un botón debajo de dos brazos del mismo, otro botón debajo de otros dos brazos del mismo, y otro botón debajo de los otros dos brazos del mismo; así con los seis brazos que salían de él. 22 Sus botones y sus brazos eran de una sola pieza con él; todo era una pieza de oro puro modelado a martillo.
23 Hizo también de oro puro sus siete lámparas, sus despabiladeras y sus platillos. 24 Hizo el candelabro y todos sus accesorios de un talento de oro puro.
El altar del incienso
25 Hizo también de madera de acacia el altar del incienso. Era cuadrado, de un codo de largo, de un codo de ancho y de dos codos de alto. Sus cuernos estaban hechos de la misma pieza. 26 Lo recubrió de oro puro, tanto su cubierta como sus paredes alrededor y sus cuernos. Le hizo alrededor una moldura de oro. 27 También hizo dos aros de oro debajo de su moldura en sus dos costados, en sus dos lados, donde se colocaban las varas con que sería transportado. 28 Hizo las varas de madera de acacia y las recubrió de oro.
29 Hizo también el aceite de la santa unción y el incienso aromático puro, obra de perfumador.
El altar del holocausto
38 Hizo también el altar del holocausto de madera de acacia. Era cuadrado, de 5 codos de largo, de 5 codos de ancho y de 3 codos de alto. 2 Le hizo cuernos en sus cuatro esquinas; los cuernos eran de una misma pieza. Y los recubrió de bronce. 3 También hizo todos los utensilios del altar: bandejas, palas, tazones para la aspersión, tenedores y baldes. Hizo de bronce todos sus utensilios. 4 También hizo para el altar la rejilla de bronce, en forma de red, que puso por debajo del borde del altar, hasta la mitad del altar. 5 También hizo de bronce fundido cuatro aros en los cuatro extremos de la rejilla de bronce, donde se colocaban las varas.
6 Hizo también las varas de madera de acacia y las recubrió de bronce. 7 Metió las varas por los aros de los lados del altar, para transportarlo con ellas. El altar era hueco, hecho de tablas.
La fuente de bronce
8 Hizo también la fuente de bronce con su base de bronce, de los espejos de las mujeres que prestaban servicio a la entrada del tabernáculo de reunión.
El atrio del tabernáculo
9 Hizo también el atrio. En el lado sur el atrio tenía mamparas de lino torcido a lo largo de 100 codos. 10 Sus veinte pilares con sus veinte bases eran de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas eran de plata. 11 El lado norte también tenía 100 codos. Sus veinte pilares con sus veinte bases eran de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas eran de plata. 12 El lado occidental tenía 50 codos de mamparas con sus diez pilares y sus diez bases. Los ganchos de los pilares y sus bandas eran de plata. 13 Al frente, es decir, al este, también tenía 50 codos. 14 A un lado había 15 codos de mamparas con sus tres pilares y sus tres bases; 15 asimismo al otro lado. A uno y a otro lado de la entrada del atrio había 15 codos de mamparas con sus tres pilares y sus bases. 16 Todas las mamparas alrededor del atrio eran de lino torcido; 17 y las bases de los pilares, de bronce. Los ganchos de los pilares y sus bandas eran de plata. Los capiteles de sus pilares también estaban recubiertos de plata, y todos los pilares del atrio tenían bandas de plata.
18 La cortina de la entrada del atrio era obra de bordador hecha de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. Tenía 20 codos de largo por 5 codos de alto, como las mamparas del atrio. 19 Sus cuatro pilares con sus cuatro bases eran de bronce. Sus ganchos eran de plata, y el revestimiento de sus capiteles y sus bandas era de plata. 20 Todas las estacas del tabernáculo y del atrio alrededor eran de bronce.
Suma de los materiales usados
21 Estas son las cantidades de materiales usados para el tabernáculo, el tabernáculo del testimonio, que por orden de Moisés fueron escritas en un registro por los levitas, bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón.
22 Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todo lo que Jehovah había mandado a Moisés, 23 junto con Oholiab hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan, quien era artífice, diseñador y bordador en material azul, en púrpura, en carmesí y en lino.
24 Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del santuario, era oro de la ofrenda, y fue 29 talentos y 730 siclos, según el siclo del santuario. 25 La plata de los inscritos de la asamblea fue de 100 talentos y 1.775 siclos, según el siclo del santuario. 26 Esto representaba el medio por persona, es decir, el medio siclo, según el siclo del santuario, de todos los contados de veinte años para arriba, los cuales fueron 603.550. 27 Los 100 talentos de plata fueron fundidos para hacer las bases del santuario y las bases del velo, 100 bases por 100 talentos, un talento por base. 28 De los 1.775 siclos hizo los ganchos de los pilares, revistió sus capiteles y les puso sus bandas.
29 El bronce de la ofrenda fue 70 talentos y 2.400 siclos. 30 Con él hizo las bases de la entrada del tabernáculo de reunión, el altar de bronce y su rejilla de bronce; todos los utensilios del altar, 31 las bases del atrio alrededor, las bases de la entrada del atrio, todas las estacas del tabernáculo y todas las estacas del atrio alrededor.
El efod
39 Hicieron las vestiduras tejidas de material azul, de púrpura y de carmesí, para servir en el santuario. Hicieron las vestiduras sagradas para Aarón, como Jehovah había mandado a Moisés.
2 Hicieron el efod de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. 3 Extendieron láminas de oro e hicieron hilos para tejerlos junto con el material azul, la púrpura, el carmesí y el lino, obra de fina artesanía. 4 Le hicieron hombreras que se juntaban sobre él en sus dos extremos, para poderse unir. 5 Su ceñidor para ajustar el efod, el cual está sobre éste, era de la misma hechura y de los mismos materiales: oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, como Jehovah había mandado a Moisés. 6 Labraron las piedras de ónice con engastes de oro alrededor. Fueron grabadas con grabadura de sello, con los nombres de los hijos de Israel. 7 Y las pusieron sobre las hombreras del efod, como piedras memoriales para los hijos de Israel, como Jehovah había mandado a Moisés.
El pectoral del juicio
8 Hicieron también el pectoral, obra de fina artesanía como la hechura del efod: de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. 9 Era cuadrado y plegado; hicieron el pectoral de un palmo de largo y de un palmo de ancho, plegado. 10 Engastaron en él cuatro hileras de piedras: La primera hilera tenía un rubí, un topacio y un berilo. 11 La segunda hilera tenía una turquesa, un zafiro y un diamante. 12 La tercera hilera tenía un jacinto, un ágata y una amatista. 13 La cuarta hilera tenía un crisólito, un ónice y un jaspe. Estas piedras estaban montadas en engastes de oro. 14 Estas piedras correspondían a los nombres de los hijos de Israel; eran doce como sus nombres. Correspondían a las doce tribus, como grabaduras de sello, cada una con su nombre.
15 Hicieron también sobre el pectoral las cadenillas trenzadas como cordón, de oro puro. 16 Asimismo, hicieron los dos engastes de oro y los dos anillos de oro, y pusieron los anillos en los dos extremos del pectoral. 17 Metieron los dos cordones de oro en los dos anillos en los extremos del pectoral, 18 y fijaron los dos extremos de los dos cordones en los dos engastes y los fijaron sobre las hombreras del efod, en su parte delantera.
19 Hicieron otros dos anillos de oro que pusieron en los dos extremos del pectoral, en el borde que está al lado interior del efod. 20 Hicieron otros dos anillos de oro y los fijaron en la parte inferior de las dos hombreras del efod, en su parte delantera, frente a su unión sobre el ceñidor del efod. 21 Después ataron el pectoral por sus anillos a los anillos del efod con un cordón azul, para que estuviese sobre el ceñidor del efod y para que el pectoral no se desprendiese del efod, como Jehovah había mandado a Moisés.
La túnica del efod
22 Hizo también la túnica del efod, obra de tejedor, toda de material azul. 23 La túnica tenía una abertura en medio de ella como abertura de coraza de cuero, con un borde alrededor de la abertura, para que no se rompiera. 24 En los bordes inferiores de la túnica hicieron las granadas de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. 25 También hicieron las campanillas de oro puro, y las pusieron entre las granadas alrededor de los bordes de la túnica: 26 campanilla y granada, luego campanilla y granada, alrededor de los bordes de la túnica, para servir, como Jehovah había mandado a Moisés.
Otras vestiduras sacerdotales
27 También hicieron para Aarón y sus hijos el vestido de lino, obra de tejedor. 28 Hicieron de lino el turbante y los adornos de los otros turbantes. Y los pantalones fueron hechos de lino torcido. 29 También el cinturón era de lino torcido, de material azul, de púrpura y de carmesí, obra de bordador, como Jehovah había mandado a Moisés.
30 Asimismo, hicieron de oro puro una lámina en forma de flor para la diadema sagrada, y con grabadura de sello inscribieron en ella: "Consagrado a Jehovah." 31 Sobre ella pusieron un cordón azul, para colocarla en alto sobre el turbante, como Jehovah había mandado a Moisés.
Los artesanos presentan su labor
32 Así fue acabada toda la obra de la morada, el tabernáculo de reunión. Los hijos de Israel hicieron conforme a todo lo que Jehovah había mandado a Moisés; así lo hicieron. 33 Llevaron a Moisés el tabernáculo, la tienda y todos sus accesorios: sus ganchos, sus tablones, sus travesaños, sus pilares, sus bases, 34 la cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, la cubierta de pieles finas, el velo de separación; 35 el arca del testimonio, sus varas y el propiciatorio; 36 la mesa con todos sus utensilios y el pan de la Presencia; 37 el candelabro de oro puro, su hilera de lámparas y todos sus utensilios; el aceite para la iluminación; 38 el altar de oro, el aceite de la unción, el incienso aromático, la cortina de la entrada del tabernáculo; 39 el altar de bronce con su rejilla de bronce, sus varas y todos sus utensilios; la fuente y su base, 40 las mamparas del atrio, sus pilares, sus bases, la cortina de la entrada del atrio, sus cuerdas, sus estacas y todos los utensilios para el servicio en la morada, el tabernáculo de reunión; 41 las vestiduras de material tejido, para servir en el santuario, las vestiduras sagradas para el sacerdote Aarón y las vestiduras de sus hijos, para servir como sacerdotes. 42 Los hijos de Israel hicieron todo el trabajo conforme a todo lo que Jehovah había mandado a Moisés.
43 Moisés vio toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehovah había mandado; así la habían hecho. Y Moisés los bendijo.
Moisés erige el tabernáculo
40 Jehovah habló a Moisés diciendo: 2 "El primer día del mes primero harás levantar la morada, el tabernáculo de reunión. 3 Pondrás allí el arca del testimonio y la cubrirás con el velo. 4 Meterás la mesa y la pondrás en orden. Meterás también el candelabro y encenderás sus lámparas. 5 Pondrás el altar de oro para el incienso delante del arca del testimonio, y pondrás la cortina a la entrada del tabernáculo.
6 "Después pondrás el altar del holocausto delante de la entrada de la morada, el tabernáculo de reunión. 7 Colocarás la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás agua en ella. 8 Finalmente pondrás el atrio alrededor y la cortina a la entrada del atrio.
9 "Luego tomarás el aceite de la unción, y ungirás el tabernáculo y todo lo que está en él. Así lo consagrarás junto con todos sus utensilios, y será santo. 10 Ungirás también el altar del holocausto y todos sus utensilios. Así consagrarás el altar, y el altar será santísimo. 11 Asimismo, ungirás la fuente y su base, y la consagrarás.
12 "Después harás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua. 13 Vestirás a Aarón con las vestiduras sagradas, lo ungirás y lo consagrarás, para que me sirva como sacerdote. 14 Luego harás que sus hijos se acerquen, los vestirás con las vestiduras 15 y los ungirás como ungiste a su padre. Así me servirán como sacerdotes. Su unción les servirá para un sacerdocio perpetuo a través de sus generaciones."
16 Moisés hizo conforme a todo lo que Jehovah le había mandado; así lo hizo. 17 Y el tabernáculo fue levantado el primer día del mes primero del segundo año. 18 Moisés hizo levantar el tabernáculo y asentó sus bases, puso sus tablones, colocó sus travesaños, levantó sus pilares, 19 extendió la tienda sobre el tabernáculo y colocó la cubierta encima del tabernáculo, como Jehovah había mandado a Moisés.
20 Después tomó el testimonio y lo puso dentro del arca. Colocó las varas en el arca, y encima de ella puso el propiciatorio. 21 Introdujo el arca en el tabernáculo, puso el velo de protección y cubrió el arca del testimonio, como Jehovah había mandado a Moisés.
22 Después puso la mesa en el tabernáculo de reunión, en el lado norte del tabernáculo, fuera del velo. 23 Colocó sobre ella en orden el pan delante de Jehovah, como Jehovah había mandado a Moisés.
24 Colocó el candelabro en el tabernáculo de reunión, frente a la mesa, en el lado sur del tabernáculo. 25 Luego encendió las lámparas delante de Jehovah, como Jehovah había mandado a Moisés.
26 Luego colocó el altar de oro en el tabernáculo de reunión, delante del velo. 27 Y quemó sobre él incienso aromático, como Jehovah había mandado a Moisés.
28 Puso, asimismo, la cortina a la entrada del tabernáculo. 29 Colocó el altar del holocausto a la entrada de la morada, el tabernáculo de reunión, y sobre él ofreció el holocausto y la ofrenda vegetal, como Jehovah había mandado a Moisés.
30 Colocó la fuente entre el tabernáculo de reunión y el altar, y puso en ella agua para lavarse. 31 Moisés, Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies. 32 Cuando entraban en el tabernáculo de reunión y cuando se acercaban al altar, se lavaban, como Jehovah había mandado a Moisés.
33 Finalmente, hizo levantar el atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Y así Moisés acabó la obra.
La gloria de Dios cubre el tabernáculo
34 Entonces la nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehovah llenó la morada. 35 Moisés no podía entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehovah había llenado la morada.
36 En todas sus etapas, cuando la nube se levantaba del tabernáculo, los hijos de Israel partían; 37 pero si la nube no se levantaba, no partían hasta el día en que ella se levantaba. 38 Porque en todas sus etapas, la nube de Jehovah estaba de día sobre el tabernáculo; y el fuego estaba allí de noche, a la vista de toda la casa de Israel.
Las relaciones entre el Antiguo Testamento y el país del Nilo siguen representando un gran misterio histórico para los egiptólogos y biblistas. Los datos recogidos aquí no pretenden ser inéditos, pues han sido abordados por un buen numero de especialistas, mas sí su enfoque. Tal vez en el pensamiento mágico-religioso se hallen las claves para su mejor comprensión en el marco de la mentalidad mítica de los pueblos de Oriente.
Reconstruir el éxodo bíblico a partir de las fuentes egipcias es una tarea muy complicada. Los testimonios provenientes del antiguo país del Nilo con relación a la existencia de los israelitas son nulos en la primera mitad del segundo milenio antes de Cristo, con excepción del papiro Anastasi I, donde únicamente encontramos una descripción geográfica.
Hasta el momento, la primera mención que se hace en una inscripción egipcia a la existencia de Israel como pueblo, es en la estela del faraón Merneptah (hijo de Ramses II, 1224-1204 a.C. Dinastía XIX), piedra de basalto negro que data del siglo XIII a. C., donde se lee: “Israel ha sido arrasado y su descendencia no existe”.
Es cierto que muchos han relacionado a los hebreos con él termino âpiru ( ‘pr.w ), como aparece con anterioridad en los textos de Amarna (Dinastía XVIII), refiriéndose a un hostil pueblo hurrita; pero esto es dudoso. Sin embargo, la Biblia desde los primeros capítulos hace alusión a Egipto más de setecientas veces, ya sean citas directas o referencias simbólicas.
Por lo tanto, para facilitar nuestro estudio, hemos recurrido en parte a la metodología inversa que creemos es inevitable para nuestros objetivos; a saber, ver a Egipto en el Imperio Antiguo y Medio a partir de las menciones testamentarias y tratar de secuenciarlas con las pruebas documentarias disponibles.
Egipto en el Antiguo Testamento
Los problemas que plantea abordar este tema desde estas dos perspectivas se deben a razones bien delineadas. En primer lugar, si el origen del pueblo hebreo como sociedad autónoma y organizada se lo debe a un espectacular escape hacia el Levante, es hasta cierto punto lógico que esté ausente de los registros egipcios. Una derrota tal a su orden político y religioso seguramente fue borrada deliberadamente de sus anales en resguardo de sus divinidades; siendo en consecuencia recordada detalladamente en la memoria hebrea y descripta en el Pentateuco como un acto salvador de su Dios.
En segundo lugar, los testimonios arqueológicos son en buena medida fragmentarios, lo que dificulta la reconstrucción de la historia antigua y datación cronológica de Oriente desde un metodo sistemático.
El principal canal que ha conservado a través del tiempo, es decir, sin interrupción, una memoria “histórica” de este período es sin duda el Antiguo Testamento(Levirani, 1995). Esto, por un lado refleja una ventaja, la de seguir la historia egipcia a partir de las narraciones del libro de Génesis y del Éxodo pero, por el otro, plantea una dificultad, ya que el motivo que los reviste es religioso y este es siempre subjetivo. La tarea de conservación bíblica se efectuó por razones mayormente de orden sagrado y, al igual que los textos egipcios, bajo la supervisión de una clase sacerdotal. Como veremos en el presente trabajo, en el relato de la esclavitud y escape de Egipto prevaleció el elemento de supremacías de dioses; es decir, Yahvé en desmedro de los dioses egipcios y sus consecuentes recursos simbólicos que hallan su expresión narrativa en el mito.
El origen de Egipto según el Génesis
En la Tabla de las Naciones, como algunos comentaristas prefieren llamar al capítulo X del Génesis, se menciona el origen entre otros, del mismo Egipto. Dos de los descendientes de Cam, hijo de Noé y sobreviviente del diluvio, fueron Mizraim y Patros. Uno pobló la zona del delta, el otro la tierra más cercana a las misteriosas fuentes del “canal” (heb. SHEOR , “corriente”), como los antiguos se referían al Nilo; esto es, que desde antiguo se reconocía la dualidad en el Bajo y el Alto Egipto.
Algunos han querido ver en Mizraim al faraón Menes fundador de la Primera Dinastía, mencionado por Manetón, pero dicha identificación es incierta. Sin embargo, es notable que hasta el día de hoy los árabes conozcan a la tierra del Nilo como “Misr ” o “ la tierra de Cam el Negro ”. Lo curioso es que los mismos habitantes de Egipto hablaran de su tierra como “ Kemet” (la Negra) o “ Tauy” (las Dos Tierras).
Abraham hizo, en algunas oportunidades, visitas al país; por los registros bíblicos parece que tuvo relaciones comerciales, ya que adquirió una sierva egipcia llamada “Agar” (Génesis, cap. 12-13). Si bien no hay ninguna evidencia arqueológica de estos episodios, la situación reinante en Palestina con relación a sus enlaces y sus respectivas rutas comerciales o a los movimientos migratorios semitas, coinciden con los registros egipcios del viaje de Sinuhe y con las descripciones del Papiro Anastasi I.
Tiempo después, José es vendido como esclavo a Egipto por comerciantes ismaelitas a un hombre importante llamado Potifar, cuya esposa intentó seducirlo mientras ministraba en el interior de la casa. Es relevante la evidencia documentaria de mujeres ricas en busca de aventuras extramaritales, como lo muestra el Papiro Westcar.
En consecuencia, el hebreo es encerrado en prisión y finalmente alcanza un puesto de visir ante la corte del faraón por el arte de interpretar sueños y predecir siete años de abundancia y otros siete de hambre en el país bien amado . Existe evidencia de siete años de escasez en una inscripción sobre un bloque de granito en la isla de Sehail, que data de la Época Ptolemaica aunque la leyenda seguramente es mucho más antigua.
La historia de José, tal como la leemos en el Génesis, concuerda a grandes rasgos con las costumbres egipcias, las viviendas, el funcionamiento penitenciario, el cargo de visir o segundo en el reino, coinciden con lo que hoy se sabe del período en cuestión.
La invasión de los Hicsos
Un dato que no podemos pasar por alto es lo que menciona Génesis 41: 43, sobre el nombre que recibió José en su ascenso , “Avrekj ”. Esta expresión es una transliteración y no se sabe a ciencia cierta su verdadero significado, pero la versión siríaca de la Biblia lo vierte como: “Padre gobernante” y la Vulgata de Jerónimo como: “ que toda rodilla se doble ante él”.
El hecho de que así fuera llamado cuando montaba en el carro triunfal del faraón y de que halla recibido el anillo del sello, posiblemente con el emblema del escarabajo - al producirse la invasión de los Hicsos, algunos de sus faraones, cuyos amuletos eran escarabajos, llevaban nombres semitas con el elemento de la divinidad -, concuerda con lo que dice la obra de Manetón, hoy desaparecida.
Esta es rescatada por el historiador judío Flavio Josefo (siglo I d.C.), donde relaciona a los israelitas con los llamados Hicsos, que significa “gobernantes de los países extranjeros”. Es dudosa su procedencia, por lo que se sabe fue una invasión asiática, que según se cree, sucedió entre las dinastías XIII y XVII y que gobernaron durante unos doscientos años; otros prefieren fecharlos entre las dinastías XV y XVI.
Algunos comentaristas sitúan la entrada de José con el período de los Hicsos ya que, según Génesis 47: 20, José llego a ser dueño de casi todo Egipto a excepción de los bienes del Faraón y de sus sacerdotes. No hay ninguna evidencia bíblica acerca de que grupos asiáticos estuviesen instalados en el delta antes de la llegada de Israel (Génesis 46: 5, 6).
Según los textos hebraicos, la corte real estaba compuesta solo por egipcios, Potifar era uno de ellos. Además, José tuvo que servirles la comida a sus hermanos en una mesa aparte, “puesto que los egipcios no podían comer (...) con los hebreos”. Esto no hubiera sido necesario si los habitantes del palacio hubiesen sido semitas (Génesis 43: 31, 32).
L. Archer nos ofrece una teoría interesante. Nos habla de tres grupos: los Israelitas, los egipcios y las hordas invasoras de los Hicsos . Para su exposición utiliza el relato de Éxodo 1: 8-10 (Que hemos reproducido en parte) que menciona lo que sucedió después de la muerte de José. Allí dice:
“ Con el tiempo se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José”
Este nuevo rey, sin duda era de otra dinastía, bien podría ser un gobernante Hicsos , ya que no reconocía al pueblo del difunto José ni el cargo que ocupó.
“Y procedió a decir a su pueblo: “¡Miren! El pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y poderoso que nosotros.”
Es improbable que los israelitas hubieran sido más numerosos que todos los habitantes de los nomos de Egipto, en cambio, si hubieran sido unas dinastías invasoras evidentemente eran un grupo más reducido: “¡Vamos! Tratemos astutamente con ellos, por temor que se multipliquen y tenga que resultar que, en caso de que nos sobrevenga una guerra, entonces ellos ciertamente también se agreguen a los que nos odian y peleen contra nosotros y suban y se vayan del país”.
Es posible que si era una dinastía de Hicsos temieran que los hebreos se unieran a los egipcios en una posible guerra. Pero desgraciadamente es una etapa muy oscura y la invasión de estos extranjeros no se entiende con claridad. Las inscripciones de las tumbas nos silencian el hecho.
Existen algunas excepciones, como la estela descubierta por A. Mariette en Tanis, en 1863. Al parecer habla de los Hicsos y su supuesto dios Set. Asimismo, la Tablilla Carnarvon habla de la derrota de este pueblo semita.
Además, hay mucha incertidumbre en cuanto a las dinastías que presenciaron los acontecimientos. Pero ¿qué hay de la historia de Moisés y de la migración israelita registrada en el libro bíblico del Éxodo? ¿Es factible reconstruirlo a partir de documentos egipcios?
Solo es posible hacer un acercamiento, si se dejan definidos dos asuntos: por un lado, el problema cronológico y la dificultad de armonizar los hechos arqueológicos y epigráficos con la historia tal como la registra el Pentateuco; y por el otro, las profundas cuestiones religiosas que estuvieron enraizadas en las mentalidades de ambos pueblos.
El problema de las fechas
No existen dudas en cuanto a la estancia de los israelitas en Egipto; la presencia semita está bien atestiguada y, por lo tanto, es un tipo de conclusión que debemos aceptar a priori. No es el tipo de tradición que un pueblo inventaría: la esclavitud es un recuerdo humillante para cualquier nación. El problema aquí no es de orden histórico, es decir, si ocurrió o no, sino de orden estructural, i.e., cómo ocurrieron los acontecimientos y cuándo.
El tema de las fechas es un asunto delicado y por eso debemos abordarlo con cautela. Mientras que la cronología bíblica sitúa el éxodo en el siglo XV a. C., la datación que sugiere el registro arqueológico es alrededor del siglo XIII a.C.
La razón de esta diferencia se debe a dos factores: 1) Es imposible armonizar los trabajos de campo debido a que los investigadores de Palestina se manejan con herramientas muy diferentes a las que utilizan los egiptólogos, ya sea por la naturaleza de las fuentes escritas como por los materiales a estudiar; y 2) Los registros de Israel no mencionan el nombre de ningún faraón hasta el período monárquico; por lo tanto, no es factible establecer ninguna concordancia con las dinastías conocidas.
La dificultad de armonizar ambas cronologías con los trabajos de campo
Mientras que la cronología hebrea se basa en los cómputos de tiempo que da el Antiguo Testamento y en períodos generacionales de cuarenta años, se puede sumar desde que Abraham entró en la tierra prometida 430 años, de los cuales sólo 215 años estuvieron en tierra extranjera; esto nos llevaría al año 1513 a. C. para la salida de los israelitas de Egipto. Josefo habla del día trece del mes lunar Jántico, pero dice que el período de 430 se debe contar desde que entraron al país del Nilo ( Antigüedades Judías , Libro II § 318).
Como sea, muchos dudan que estas generaciones de 40 años sean literales, lo que dificulta el asunto, además de contradecir las pruebas arqueológicas. En ausencia de una tradición escrita se ha notado que muchos pueblos han utilizado el número cuarenta. Según Albright, este silencio se encuentra entre los fenicios y entre los cartaginenses.
Por otro lado, la cronología egipcia está apoyada en evidencia fragmentaria. Los historiadores se basan en
la Piedra de Palermo (incompleta), donde se presenta lo que se consideran las cinco primeras dinastías. El papiro Turín (en muchos fragmentos), que proporcionaría la lista de reyes desde el Reino Antiguo hasta el Nuevo. Y, finalmente, se coordinan con los textos de Manetón (treinta dinastías), ayudados por cálculos astronómicos.
Pero las dudas que arrojan tales fuentes son múltiples. La obra de Manetón usada para ordenar el rompecabezas que presentan las pruebas arqueológicas, como ya se mencionó, está perdida y sólo se recuperó de citas de otros escritores antiguos como Josefo (siglo I d. C.), Sexto Julio Africano (500 años después) y Sincelo (Siglo VIII o IX d. C.).
Es muy difícil saber con seguridad lo que es auténtico o lo que es espurio en Manetón. Es plausible que reyes y hasta dinastías enteras hayan gobernado al mismo tiempo, lo que reduciría la cuenta del tiempo asignado de manera considerable. Definitivamente los egiptólogos han depositado demasiada confianza en las inscripciones antiguas, pero la integridad moral de los escribas egipcios es con seguridad muy cuestionable.
Sumado a todo esto, los trabajos de campo difieren en la metodología y en la tarea interpretativa. Mientras que en Palestina, por la naturaleza de sus sitios y de sus fuentes escritas, que están relativamente intactas, se reconstruye una secuencia de acontecimientos en forma ininterrumpida y se les asignan fechas muy bajas; no sucede igual con los sitios egipcios. Estos han sido depredados por los llamados “padres de la Egiptología” e incluso antes de la invasión napoleónica, asignándoles fechas muy altas.
El enigma del faraón
Este tema ha sido fuente de controversia ¿Por qué la Biblia niega el nombre de los soberanos pero a cambio da el nombre de las parteras que asistieron al nacimiento, entre otros, del niño Moisés?
Una de las razones es que quizá haya habido implicaciones de orden religioso. El faraón (eg., “Gran Casa”) era para su teología un dios encarnado en la tierra. El halcón Horus, el amanecer, símbolo de la resurrección. Era la unión entre el cielo y la tierra.
Toda su actividad cívica era vista como un rito que protegía a Maât, la justicia y la verdad. Es posible que exista alguna relación entre la función sagrada del faraón y el enigmático jeroglífico hallado en un papiro en Abidos llamado “la Casa de la Vida”.
En consecuencia, el nombre de los faraones llevaba implícito, ya sea en su escritura como en su simbolismo, el nombre de alguna divinidad; lo que mencionarla bien podía significar reconocer su misma existencia Y los israelitas no reconocían la existencia de ningún Dios vivo a excepción de Yahvé, las demás divinidades eran inertes , dioses de palo y piedra .
Esto se hace evidente en el nombre egipcio de algunos personajes bíblicos, como el mismo Moisés. que tiene la misma terminación de Ra-mesés, o Tut-mosis por ejemplo, pero en el que está ausente el elemento concerniente al nombre de la divinidad.
Sin embargo, el Tetrateuco no guarda ninguna uniformidad en estos casos. Ya que esta construido de varias tradiciones muy antiguas es posible que, mientras algunas conservaron algunos nombres (mayormente de localidades como puntos de referencias), otras lo han omitido. Después de todo era una historia nacional e importaban muy poco estos detalles.
Cabe agregar, a propósito de lo dicho, que el encontrar nombres egipcios en los personajes del Éxodo (como Jofní, Finefás o Merarí, predominantemente en la tribu de Leví), es una prueba contundente de la relación que hubo entre los semitas y los egipcios (Pua y Sifra, las parteras en Éxodo 1: 15, son de procedencia hebrea y por lo tanto de una grafía muy antigua).
Por todo lo antes dicho, no es posible hasta el momento relacionar a los monarcas egipcios que menciona el Génesis ni al faraón que vivió en la época de Moisés con ningún nombre mencionado en las inscripciones.
Pero ¿qué hay de Ramsés II? ¿No es acaso este el faraón que prefieren la mayoría de las obras de consulta para situarlo en dicho período?
Ramsés II
Éxodo 1: 11, habla que los israelitas fueron obligados a trabajar en la construcción de dos emplazamientos, Piton (“Casa de Atum”, identificada tentativamente con Tell Rettaba) y Ramesés (“Casa de Ramsés”; San el-Hagar o Avaris, capital de los Hicsos , conocida en los textos griegos como Tanis).
Este hecho ha animado a muchos egiptólogos a relacionar el nombre de esta construcción con el faraón Ramsés II (Dinastía XIX), basándose en las inscripciones del mismo faraón en la que afirma haber edificado una ciudad que lleva su nombre (Per-Ramsés) con mano de obra de esclavos. Sin embargo, esta identificación es sumamente dudosa, el sitio mencionado por los registros hebreos era un depósito mientras que el que menciona las inscripciones egipcias era la capital misma. Por otra parte, aunque el faraón que protagonizó el éxodo hubiera sido Ramsés II, la prueba sigue siendo irrelevante, ya que el sitio que menciona la Biblia fue edificado antes del nacimiento de Moisés (Génesis 47: 11).
En consecuencia, parece que lo único que tuvieron en común el sitio bíblico y la capital de Per-Ramesu (Per-Ramsés) fue solamente el nombre.
Exodo 12:37, dice que Israel partió desde este sitio rumbo al Sinaí. Sin embargo, Josefo identifica a Per-Ramesés con Letópolis, una localidad cerca de Menfis. Esto es apoyado por Estrabón quien la sitúa un poco más arriba del Viejo Cairo (Estrabón XVII, 807).
El duelo de los dioses
Los egipcios eran dados a borrar registros de personas o acontecimientos que no les eran favorables. El mismo Tutmosis III hizo desaparecer el nombre de la reina Hashepsut de los bajorrelieves. En una inscripción acerca de un consejo que el rey Jeti III (2120-2050)a su hijo, decía que si no gobernaba con sabiduría “ los pueblos borraran tu recuerdo y el de tus ancestros”. Vale decir, que no nos extraña que el relato bíblico no tenga una correspondencia en la historia del país del Nilo(con esto no queremos decir que el acontecimiento bíblico fue necesariamente borrado). En cambio, lo que sí esta corroborado por los testimonios es la penetración de grupos semitas en el delta oriental, y que constituyeron una verdadera amenaza. A mediados del Imperio Medio, Amenemhet I como protección contra las incursiones nómadas levantó “La muralla del príncipe” de la que nos habla Sinuhé. Un sistema defensivo de fortificaciones en los límites del delta oriental.
Por otra parte, el registro bíblico, no nos ayuda demasiado en cuanto a una reconstrucción de orden histórica. La naturaleza del mensaje que quiere describir, es la supremacía de su Dios “uno y verdadero” sobre los “falsos dioses de Egipto”.
A continuación repasaremos a modo de ejemplo, el carácter teológico que reviste al relato de Exodo y cual fue el interés principal del cronista, razón por la cual poco importó mencionar los detalles que hoy intentamos dilucidar:
La lucha de las serpientes: Cuando Moisés se presenta ante el faraón, convierte su vara en serpiente para demostrar sus credenciales divinas. La serpiente en Egipto, era símbolo de sabiduría que poseía el mismo rey en su corona. Ahora ésta desafía a su capacidad de gobernar, por ello sus magos también convierten dos varas en reptiles, emblema de los dos reinos, pero la serpiente de Moisés resulta más poderosa que el Alto y el Bajo Egipto, devorando a las otras.
Las plagas
El Nilo se convierte en sangre : El carácter divino del río esta bien atestiguado. Para los egipcios era el dios Hapy. Diodoro Sículo (Libro I: 36, 7-12), habla de su crecida como algo maravilloso. Mientras que todos los demás ríos comienzan a decrecer en el solsticio de verano, éste es el único que empieza a aumentar su cause en ese momento, de manera tal que inunda gran parte del país. Por lo tanto, se celebraba el ritual de la crecida y su relación con el Dios Sol. Más que un dios específico era un espíritu andrógino, aquel que orientaba y ordenaba las caóticas aguas primordiales en virtud de la conservación de la vida humana. Era el símbolo de la vida.
Para los hebreos, la vida residía en la sangre, Yahvé salvaba mediante el derramamiento de ella en la tierra.
En consecuencia, convertir el río sagrado en sangre era una bofetada al centro de la teología egipcia.
Las ranas, los tábanos y los jejenes: La diosa rana Hegt y los dioses de la magia Phat y Thot no pudieron hacer nada al respecto. Maestros de la brujería, eran vistos como deidades que mantenían el orden del cosmos.
Peste al ganado y a los hombres: Los egipcios despreciaban a los pastores, eran ganaderos por excelencia. El que sus animales fueran muertos por una peste no solo fue un golpe a su economía, sino también a los dioses Hator y Apis.
Tampoco Isis, la diosa de la sanación, simbolizada por las fases lunares, como el ojo- en el mobiliario de los templos tiene correspondencia con instrumentos quirúrgicos- tampoco pudo curar a sus adoradores.
Tormenta con granizo y fuego: Set, dios de la tormenta y el relámpago, era visto como una divinidad negativa enemiga de Osiris. Según los escritores antiguos era el Dios de los Hicsos, compatible con las divinidades semitas, como Baal, el dios del rayo. Reshpú, el controlador del fuego, no pudo ayudar a su pueblo, como tampoco Thot, el regulador del tiempo y los ciclos estacionales.
Plaga de langostas: Esto fue un atentado a los ciclos de las cosechas y a los dioses de la fertilidad. El dios Min, relacionado con la fecundidad de la tierra negra, se lo representa bajo el símbolo del toro. En Grecia era asociado con Pan, el que rapta a las mujeres o el que fecunda a su propia madre.
Período de oscuridad en la tierra : Esto atentó contra el poder de las divinidades solares, símbolo de lo masculino, la salud y el orden. Atacó la dualidad Amón-Ra y a la triple manifestación de Horus, Isis y Osiris, funcionando como la voluntad poderosa, el soplo vital y fenómeno brillante.
El golpe contra la dinastía del faraón al dar muerte a su primogénito: El hijo del faraón era Horus, el disco solar alado, el astro naciente. Isis nada pudo hacer por su hijo-esposo. Tampoco Osiris pudo detener la llegada del ángel destructor de Yahvé. Hasta Anubis, el señor de la necrópolis estuvo inerte.
Muerte del mismo Faraón en el Mar Rojo
Los mares que circundaban el país bien amado (el mar Mediterráneo y Rojo o el Mar Grande [ Uadye uer ] y el Mar de Juncos [ she iaru ], como se conocía en la antigüedad) eran vistos como la sustancia primordial donde nacían y morían las demás formas. El agua era entendida como la vida. En los Textos de las Pirámides se puede leer un himno a las aguas divinas.
Es interesante notar que el ideograma del agua corriente VVV , este formado por el signo del agua V , de la luna V y de la mujer V , como símbolo vital.
Thot, el controlador del orden del mundo y Amón, protector de la monarquía, se demostraron incompetentes ante el poder de Yahvé sobre esta fuerza que asimiló al mismo Faraón o dios en la tierra.
Como se habrá podido observar, todo el relato esta “plagado” de un mensaje religioso, y según se cree pertenecen a una tradición muy antigua, probablemente reelaborada para el tiempo del exilio, fundamentalmente que solo Yahvé es el dios vivo y verdadero y los iconos egipcios no son nada más que la personificación de las fuerzas naturales creada por el mismo dios hebreo.
El tener en cuenta esta visión religiosa, aunada a la interpretación tanto histórica como arqueológica, nos ayudará a revisar los problemas expuestos en el presente trabajo desde varias perspectivas, que hacen al cuadro más completo. Las lagunas del origen y migración del pueblo hebreo desde el país del Nilo hacia el levante como describen los textos bíblicos, como los misteriosos elementos semitas en aparecen en los anales egipcios, se resisten a dejar lo más oscuro del lugar donde están sepultados, el eterno pasado, allí es donde reposan y por ahora seguirán descansando, quizá por ello nunca dejen de fascinarnos.
Bibliografía sugerida
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Las principales escenas descritas en el Libro del Éxodo forman ya parte de la conciencia occidental. Relatos como el de las plagas, el paso del Mar Rojo, la andadura errante por el desierto y la Alianza en el Monte Sinaí constituyen algunos de los momentos más llamativos y sin duda intensos del Antiguo Testamento.
Si bien la interpretación alegórica de muchos pasajes de la Escritura era ya conocida por los antiguos hebreos, y practicada con fluidez por los Padres de la Iglesia y por los exegetas medievales, no fue hasta el siglo XVII, principalmente gracias a la obra del Padre Richard Simon (1638-1712), que se inició un estudio crítico de la Biblia. Hoy en día, herederos de esta admirable tradición erudita que han cultivado tantos expertos (fundamentalmente en Alemania, Inglaterra y Francia), gozamos de una mayor fuente de datos y de perspectivas posibles para emitir un juicio sobre la historicidad de lo narrado en el Libro del Éxodo, y en cualquier caso para determinar la posible fecha de composición de la obra y su relación con la literatura del Oriente Antiguo. Esta capacidad de relacionar los contenidos de la Escritura con el contexto socio-histórico en que se desarrolló es ciertamente uno de los logros más importantes de toda la investigación científica y crítica de la Biblia, y nos ha permitido penetrar con mayor profundidad en el mensaje nuclear de la Escritura y en esa historia de búsqueda y de salvación que nos transmite. Discernir entre lo esencial y lo accesorio en la Revelación no es tarea fácil, pero los estudios bíblicos nos ayudan, al menos, a apreciar el marco en que se fraguó y a poner de relieve toda la riqueza de los textos. Admiración causa aún la actualidad y vigencia del mensaje salvífico de la Escritura, en cuyas dimensiones la Ciencia no hace sino ahondar, ofreciendo al teólogo y al estudioso de las religiones nuevos y valiosos horizontes. En efecto, “el estudio de la Biblia es, de algún modo, el alma de la Teología”[1].
La controversia sobre la composición del Pentateuco
Richard Simon, en su obra Histoire critique du Vieux Testament (1678)[2] advirtió la existencia de duplicados, cambios estilísticos y divergencias en el contenido del Antiguo Testamento; criterios que le servirán de base para establecer su crítica literaria del texto. Ya en la época ilustrada, autores como Witter y Astruc esbozaron lo que vendría a llamarse “hipótesis documentaria antigua”, identificando dos documentos, uno elohista y otro yahvista, en virtud de la convivencia de ambas denominaciones de la Divinidad en los pasajes del Pentateuco[3]. La crítica posterior se vería obligada a rechazar la atribución de la autoría del Pentateuco a Moisés. La dificultad de encontrar fuentes continuas fuera del Libro del Génesis propició el surgimiento a finales del siglo XVIII de la hipótesis de los fragmentos, debida especialmente a Geddes y a Vater. Geddes no encontraba continuidad alguna entre los distintos fragmentos del Pentateuco, y afirmaba que dos grupos independientes de recopiladores, el elohista y el yahvista, eran los artífices de su disposición actual[4]. Vater concentró sus esfuerzos en el estudio de la Ley y de los pasajes legislativos del Pentateuco, donde era prácticamente imposible encontrar fuentes continuas. Su núcleo se encontraría en el Deuteronomio, cuya composición situó en la época davídico-salomónica, aunque habría sido Josías su redescubridor y reeditor[5]. Los éxitos de la hipótesis fragmentaria son innegables en lo que se refiere a los textos legislativos, pero deja muchos puntos oscuros[6].
El fracaso de las tesis fragmentarias de explicar la unidad temática y narrativa que se percibe en muchos pasajes del Pentateuco impulsó a Kelle y a Ewald a formular, en el primer tercio del siglo XIX, la hipótesis de los complementos. Admitiendo las indudables divergencias de los textos, pero manteniendo el principio fundamental de la unidad de la trama narrativa del Pentateuco, aceptó la existencia de una fuente principal (elohista o sacerdotal), completada por la adición sucesiva de otros textos[7]. Los estudios de Wette (1780-1849) aportaron nuevas luces sobre el problema de la datación de los documentos[8].
La nueva hipótesis documentaria, que todavía hoy suscita polémica, tiene su origen en los trabajos de Hupfeld, Graf y Wellhausen. En su libro Die Quellen der Genesis und die Art ihrer Zusammensetzung, publicado en Berlín en 1853, H. Hupfeld propuso a la comunidad científica una nueva versión de la hipótesis documentaria antigua atribuida a Witter y Astruc. Su contribución más relevante a los estudios bíblicos es la de percatarse del carácter heterogéneo de la fuente elohista y desdoblarla, convencido tras pormenorizados estudios de que la utilización del nombre Elohim no era criterio suficiente para atribuir su redacción a un mismo autor o documento. Distingue así tres fuentes en el Génesis: E1, E2 y J[9]. Los trabajos de Graf siguen la misma línea que Hupfeld, aunque modifica el orden y la datación de las fuentes, fechando muchos pasajes en época exílica o postexílica[10].
El autor más influyente de la nueva hipótesis documentaria (también llamada “hipótesis documentaria clásica”) es J. Wellhausen[11]. Sus principales obras son Die Composition des Hexateuchs und der historischen Bücher des Alten Testaments (Berlín, 1876-1877) y Prolegomena zur Geschichte Israels (Berlín, 1878). Wellhausen determinó los modos de concebir la evolución histórica de la religión de Israel sentando las bases para una comprensión del trasfondo histórico de los textos del Hexateuco y del estudio del desarrollo diacrónico de las instituciones culturales de Israel[12]. Wellhausen afirma que el Pentateuco adquirió su forma presente en una serie de etapas, de varios siglos, en las que se “ensamblaron” cuatro documentos distintos. El desarrollo esquemático de los mismos hasta confluir en una única obra habría sido el siguiente: la fuente más antigua, la yahvista (J), se combinó con la elohista (E), para formar la fuente JE. Un tercer documento, el Deuteronomio (D), fue colocado como apéndice a JE por un segundo redactor, y, finalmente, el documento más tardío (P, sacerdotal) fue combinado con JED por un tercer redactor, formando el Pentateuco actual[13]. La hipótesis documentaria clásica es capaz de justificar razonadamente la falta de cohesión interna del Pentateuco de forma positiva, atribuyéndola no a una acumulación casual y fortuita de textos, sino a una serie de documentos previos originalmente independientes[14]. El material existente para fundamentar la hipótesis es amplio y variado, y las principales características tenidas en cuenta por Wellhausen son las diferencias en terminología y en estilo, las repeticiones, las interpolaciones (por ejemplo, Gn 38), las contradicciones intrínsecas al texto (por ejemplo, la prohibición de Dt 12, 13-14 de ofrecer los sacrificios en distintos lugares, que contrasta con Ex 20,24), etc.[15] Wellhausen fue capaz de mostrar un vínculo firme entre la historia de la composición del Pentateuco y la historia de la religión de Israel, que es sin duda uno de los principales objetivos de los estudios bíblicos[16].
No son pocas las preguntas sin respuesta que lega Wellhausen. En particular, la rígida estructura documentaria deja poco espacio para fragmentos e interpolaciones no pertenecientes a ninguna de las cuatro fuentes principales, y es difícil distinguir el documento E del J en muchos pasajes. Por otra parte, persiste la cuestión de si fueron individuos (como pensaba el mismo Wellhausen) o escuelas de narradores (Budde, Gunkel) quienes lo escribieron. La hipótesis documentaria ha sufrido ulteriores desarrollos, pero es necesario reconocer el mérito de Wellhausen al haber construido un cuerpo sólido de materiales y de conexiones mutuas entre los documentos que, en lugar de interpretar la descohesión interna del Pentateuco de modo negativo, lo hace de modo positivo, perspectiva que nosotros consideramos más interesante, al permitir vislumbrar una determinada intencionalidad en la redacción de los distintos pasajes, en lugar de atribuirlo todo a la simple acumulación de fragmentos.
Autores como Procksch y Smend han tratado de demostrar que los cuatro documentos originarios de Wellhausen no son los más antiguos, sino que pueden identificarse fuentes anteriores[17]. Martín Noth, en cambio, aun aceptando la hipótesis wellhauseniana de los cuatro documentos, se separó de éste en lo concerniente a las relaciones mutuas entre las fuentes, y presupuso que tras el gran bloque de narraciones del Pentateuco podía descubrirse una tradición oral. El Padre R. De Vaux también defendió la hipótesis documentaria en su forma modificada, aceptando el método de combinar fuentes como un lugar común en el mundo antiguo. De este modo, se sustituye el concepto de “documento”, más rígido y estructural, por el de “tradiciones paralelas”[18]. El problema, que también se hallará presente en hipótesis más recientes, es el de determinar el modo en que las tradiciones orales vivas, que teóricamente se siguen desarrollando paralelamente a la redacción de los documentos, influyen en éstos, y cómo se puede mantener (como hace de Vaux para el documento J) la existencia de un único autor cuando las tradiciones orales no son susceptibles de esta atribución. El término “documento”, clave en Wellhausen, presenta el problema de ser excesivamente rígido para el aparente dinamismo de las tradiciones religiosas y políticas de Israel. A pesar de dar solución a numerosas cuestiones, principalmente en el ámbito estilístico y filológico, es difícil mantener la idea de documentos únicos y fijos , tanto que estudiosos como Fohrer prefieren hablar de “estratos de fuentes”[19]. Sin embargo, esta modificación de la hipótesis clásica no está exenta de problemas, porque aun así sigue percibiéndose una notable unidad temática y redaccional en los pasajes que Wellhausen clasificó como pertenecientes a un mismo documento, tal que autores como Van Seters prefieren volver a Wellhausen[20]. Críticos de la hipótesis documentaria han hablado de la falta de necesidad de distinguir entre J y E, dadas las evidentes similitudes que poseen[21]. Por otra parte, la creciente “subdivisión” de los cuatro documentos originales de Wellhausen contribuye también a poner en tela de juicio los presupuestos básicos de la hipótesis documentaria, acercando las líneas metodológicas a la tesis de los fragmentos, dificultando la datación de los documentos en relación con la historia de Israel. La consideración de la elaboración gradual de los documentos no está, pues, exenta de una problemática fundamental que radica en la consecuente imposibilidad de discernir una unidad temática y narrativa en los diferentes pasajes, además de la vaguedad de expresiones como “grados” o “estratos”[22].
La hipótesis de Wellhausen concedía poca importancia a la tradición oral. Los expertos Nielsen, Carlson y Engnell[23], estudiosos de las sagas escandinavas, pensaron que el uso de la escritura era un fenómeno cultural relativamente tardío, y que por tanto era necesario postular la preeminencia de las tradiciones orales, confiriendo a la investigación bíblica una mayor flexibilidad que los rígidos cánones de la hipótesis documentaria, que a su juicio difícilmente podrían comprenderse desde la mentalidad de los antiguos. Sin embargo, esta aproximación hace plantearnos si es legítimo aplicar los criterios que rigen las sagas escandinavas (por ejemplo, las leyes épicas de Olrik sobre las características estructurales generales de las sagas, que presuponen la existencia de una mentalidad común en el hombre primitivo y que, en cualquier caso, han sido deducidas a partir del estudio de las tradiciones escandinavas, distintas y lejanas a las tradiciones semíticas[24]). Consideraciones similares podrían realizarse sobre la teoría de Jolles de las formas simples (formas breves del lenguaje que surgen con naturalidad y de modo anónimo en las sociedades primitivas), que él ha puesto en relación con las sagas de Islandia[25], y en general sobre todo intento de abordar la composición del Pentateuco desde la perspectiva de la literatura oral[26]. Autores como M. Noth, que aceptaron la tesis de la tradición oral, tuvieron dificultades en justificar presupuestos suyos como el de las características comunes de las tradiciones orales de pueblos tan distintos como el escandinavo o el semita, o que las tradiciones narrativas más antiguas son breves y concisas[27]. I. Engnell, autor muy próximo a Noth en lo que se refiere a la aceptación de las tradiciones orales, criticó sin embargo los intentos de elaborar una historia de las tradiciones del Pentateuco[28].
R. Rendtorff, cuyas ideas son próximas a las de Gunkel, Von Rad y Noth, se sitúa también en la hipótesis de las sagas, aunque su uso de los métodos de crítica literaria recuerda más a Wellhausen que a Noth[29]. E. Blum rechaza los métodos histórico-tradicionales de Gunkel para explicar la composición del Pentateuco, aunque también se aleja de las tesis de Noth sobre el modo en que tales tradiciones llegaron a combinarse entre sí. Para Blum, nada sabemos de las tradiciones anteriores a la existencia de Israel como estado, y no hay razones para suponer que existió un largo período de transmisión oral previo a la formación de dichas tradiciones[30]. Autores como R. Albertz han manifestado su inclinación hacia un enfoque, en la línea de Wellhausen, que permita integrar la visión histórico-religiosa de Israel con un enfoque teológico[31].
Es difícil establecer conclusiones sobre la composición del Pentateuco, dada la numerosa bibliografía existente y las diversas hipótesis, tendencias y líneas de investigación sugeridas en los últimos años. La hipótesis documentaria, por la influencia que ha ejercido en la investigación veterotestamentaria durante más de un siglo, presenta fundamentos que, a nuestro juicio, pueden ser aceptados en términos generales, principalmente en lo que respecta a la importancia atribuida al vínculo entre la historia religiosa de Israel y la historia política, además de su convicción de que el texto presenta una unidad temática a pesar de la falta de cohesión interna de los diversos pasajes. No se puede desestimar ciertamente la importancia de la tradición oral, aunque las propuestas originales, especialmente las que aluden a la aplicación de los criterios metodológicos y estilísticos que han orientado a los eruditos en el estudio de las sagas escandinavas, nos parecen inapropiadas para el contexto socio-cultural del pueblo hebreo. Se requiere una mayor profundización en las tradiciones orales y escritas de los pueblos semitas en general, en particular de la cultura cananea, y una mayor atención a las fuentes literarias extra-bíblicas propias de este contexto. En cuanto al Éxodo, es necesario ahondar en las evidencias históricas que poseemos, no sin olvidar las bases y los principios fundamentales aportados por las investigaciones crítico-literarias del texto en cuestión, que ofrecen interesantes luces y horizontes sobre las motivaciones del autor o de los diversos autores de las distintas fuentes documentarias, que si duda pueden iluminar a la investigación histórica, como veremos más adelante. Por otra parte, no podemos olvidar el carácter eminentemente teológico del Libro del Éxodo y del Pentateuco en general, por lo que también será necesario examinar la relación Teología/Historia, máxime a la luz de las nuevas hipótesis sobre la historicidad de este libro de la Escritura[32]. Tampoco es conveniente desterrar la crítica retórica y artística de la Biblia[33]. Hay un acuerdo sucinto entre los críticos de que el Pentateuco, como tal, no pudo haberse completado en su forma final con anterioridad al siglo VI a.C., lo que implicaría que muchos de los relatos supuestamente históricos son versiones tomadas a posteriori y, muy probablemente, con una clara intencionalidad política, de auto-legitimación frente a las demás comunidades presentes en la zona [34].
[1] Pontificia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 2001,23. [2] Se suele considerar un precursor notable de la moderna crítica bíblica a Alfonso de Madrigal (1410-1455), por sobrenombre El Tostado, así como a otros exegetas españoles posteriores: Gaspar de Grajal, Fray Luis de León, Benito Arias Montano... Cf. M. Andrés, “La Teología en el s. XVI”, en Historia de la teología española. I, 1983, 579-735; F. García López, El Pentateuco, 2002, 39-40.[3] J. Astruc, Conjectures sur les mémoires originaux dont il paraît que Moyse s’est servir pour composer le récit de la Genése, Bruselas, 1753.[4] Cf. R.C. Fuller, Alexander Geddes, 1737-1802. Pioneer of Biblical Exegesis,Sheffield, 1984.[5] Recientes estudios, como los de Silberman y Finkelstein que analizaremos más adelante, ponen en tela de juicio la existencia misma de una etapa davídico-salomónica.[6] Cf. F. García López, El Pentateuco, 2002, 41-42.[7] Cf. H. Ewald, Die Composition der Genesis kritisch untersucht, Braunschweig, 1823.[8] Cf. W.M.L. de Wette, Dissertatio critica qua Deuteronomium a prioribus Pentateuchi libris diversum alius cuiusdam recentioris auctoris opus esse monstratur, Halle, 1805.[9] E1, más tarde identificada con P, Priesterkodex, contiene la esencia de la Ley, mientras que E2 es posterior. La fuente yahvista sería la más tardía de las tres. [10] Cf. K.H. Graf, Die geschichtlichen Bücher des Alten Testaments. Zwei historisch-kritischen Untersuchungen, Leipzig, 1866. Basándose en los argumentos del silencio, esto es, en el desconocimiento de libros como el Deuteronomio o Josué-Reyes de las leyes sacerdotales del Pentateuco, concluyó que el documento J era el más antiguo de los tres.[11] Cf. H.-J. Kraus, Geschichte der historisch-kritischen Erforuschung des Alten Testaments, Neukirchen-Vluyn 1982; E.W.Nicholson, The Pentateuch in the Twentieth Century: The Legacy of Julius Wellhausen, Oxford, 1998.[12] F. García López es elocuente respecto a la importancia de Wellhausen: “Como si del flautista de Hamelin [ciudad natal del ilustre exegeta alemán] se tratase, este autor arrastró tras de sí una muchedumbre de exegetas”, El Pentateuco, 2002, 45.[13] Pasajes de dudoso origen como Gn 14 no provienen de ninguno de los documentos originarios, siendo independientes. [14] Mucho se ha hablado sobre la influencia del pensamiento de Hegel en la obra de Wellhausen, pero lo cierto es que su rechazo de las explicaciones casuales en la composición del Pentateuco puede también relacionarse con la consideración kantiana de la necesidad de aceptación de la ley de causa-efecto en toda ciencia. Como expondremos más tarde, a nuestro juicio no es posible atribuir la composición del Pentateuco a una mera acumulación de fragmentos previos sin una intencionalidad claramente socio-teológica.[15] Cf. R.N. Whybray, El Pentateuco, 1995, 25-27.[16] Para Wellhausen, y en consonancia con la concepción orgánica de la Historia propia de Herder, Humboldt y Ranke, la historia de la religión podía definirse como un continuo intercambio entre los sucesivos acontecimientos políticos y la diversidad de concepciones religiosas. Dicha diversidad quedaba plasmada en las diferencias entre los documentos, que no podían desmarcarse del contexto socio-histórico en que fueron compuestos. Cf. R. Albertz, Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, 1999, tomo I, 28ss. Estudios contemporáneos, como el del propio Albertz, indican que, si bien el planteamiento inicial de Wellhausen de no separar la historia religiosa de la historia política de Israel es válido, es necesario también incluir en estas consideraciones la historia social, la historia de los portadores de las diversas tradiciones religiosas y de sus circunstancias socio-económicas, asumiendo también las grandes transformaciones que Israel ha sufrido a lo largo de su propia historia. Cf. H.-J. Kraus, Geschichte der historisch-kritischen Erforschung des Alten Testaments, Neukirchen, 1969.[17] Cf. R.N. Whybray, El Pentateuco, 1995, 35.[18] Cf. R. De Vaux, “Réflexions sur l’état actuel de la critique du Pentateuque. Á propos du second centenaire d’Astruc”, Congress Volume, Copenhague 1953, VTS 1, 182-198.[19] Cf. G. Fohrer, Einleitung in das Alte Testament, Heidelberg, 1965. En palabras de este autor, “las Fuentes son más complejas, con frecuencia menos tangibles desde el punto de vista de la fraseología y, en razón del uso de material antiguo, menos atribuibles a un solo autor de lo que sugiere el término ‘documento’”.[20] Cf. J. Van Seters, “The Place of Yahwist in the History of Passover and Massot”, Zeitschrift für die Alttestamentliche Wissenschaft, Berlín, 1983, 167-182. [21] Cf. W. Rudolph, “Der Elohist von Exodus bis Josua”, Beihefte zur Zeitschrift für die Alttestamentliche Wissenschaft, 68, 1938.[22] Cf. N. Whybray, El Pentateuco, 1995, 40-41.[23] Cf. E. Nielsen, Oral Tradition. An Old Problem in Old Testament Introduction, Studies in Biblical Theology, Londres, 1954; R.A. Carlson, David the Chosen King. A Traditio-Historical Approach to the Second Book of Samuel, Estocolmo, 1964; I. Engnell, “Methodological Aspects of Old Testament Studies”, Congress Volume, Oxford, 1959, 13-30.[24] Sin olvidar que no todos los especialistas en folklore escandinavo tienen por válidas las leyes de Olrik. Expertos como Gunkel, que en un principio se mostraron entusiastas respecto a los resultados que podría ofrecer este nuevo enfoque en la investigación del Pentateuco, se vieron obligados a reconocer que no todas las narraciones del Génesis se acomodan al carácter de la Sage tal y como es definida por Olrik. Cf. H. Gunkel, The Legends of Genesis. The Biblical Saga and History, Nueva York, 1964. Gunkel trató de liberar el método histórico-crítico de estudio de la Biblia de una perspectiva centrada exclusivamente en lo sincrónico y en la distinción y estratificación para distinguir las diferentes fuentes. Gunkel trató de hacer este método constructivo, que no perdiese en su horizonte de trabajo la unicidad de las Sagradas Escrituras con respecto a los textos fundamentales de las demás religiones del momento. Sin desechar el concepto de “compilación” y de ensamblaje documentario, prestó atención a la textura particular de cada unidad dentro de los grandes textos, intentando identificar su Sitz im Leben, su ambiente de origen. La exégesis de Gunkel está estrechamente relacionada con el estudio crítico de las formas, la Formgeschichte, que estudiosos como Dibelius o Bultmann aplicarían al Nuevo Testamento tomando como referencia la hermenéutica existencia de Heidegger. Cf. Pontificia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 2001, 35.[25] Cf. A. Jolles, Einfache Formen, Tubinga, 1930.[26] Cf. N. Whybray, El Pentateuco, 1995, 171ss., sobre la problematicidad del carácter fijo o fluido de la tradición oral. [27] Cf. M. Noth, Überlieferungsgeschichte des Pentateuch, Stuttgart, 1948.[28] Cf. N. Whybray, El Pentateuco, 1995, 202.[29] Cf. R. Rendtorff, Das Alte Testament. Eine Einführung, Neukirchen, 1983. Rendtorff no concibe la historia de las tradiciones del Pentateuco sólo en términos de tradición oral.[30] Cf. E. Blum, Die Komposition der Vätergeschichte, Wissenschaftliche Monographien zum Alten und Neuen Testament, Neukirchen, 1984.[31] Cf. R. Albertz, Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, 1999, 46-47.[32] Coincidimos con Whybray en que la teoría de Sandmel de la composición haggádia y acumulativa del Pentateuco no ofrece explicaciones de la unidad del plan y del tema central, que pese a las inconsistencias prevalece en las consideraciones finales sobre el mismo. A nuestro juicio, un estudio literario e histórico del Éxodo y del Pentateuco en general no puede desligarse del presupuesto necesario de una intencionalidad teológico-salvífica del mensaje de estos textos de la Escritura, que puede probarse por las numerosas evidencias, tanto en el contenido como en la forma, que confieren al conjunto de los pasajes una relativa pero ante todo perceptible unidad. Baste tomar en conjunto la aparente linealidad histórica que se quiere transmitir entre los libros del Génesis y del Éxodo, que, aunque hoy en día sea insostenible a nivel histórico, no ha escapado a las líneas fundamentales de la investigación crítica del texto.Como dice Whybray, para Sandmel “nunca existió un acto deliberado mediante el cual un autor o editor general formulara y ejecutara un plan para componer un Pentateuco. Hay que pensar más bien que el Pentateuco fue creciendo, hasta la redacción de su última palabra, por la constante corrección de una masa literaria en continuo proceso de expansión”, El Pentateuco, 1995, 225-226. Los argumentos en contra de esta tesis son numerosos. Asimismo, es difícil suponer que se contase con una versión generalizada de las acumulaciones anteriores, a las que cada supuesto autor futuro pudiese añadir nuevos relatos o contenidos. Los datos parecen apuntar, mas bien, a una sistematización o redacción definitiva acaecida en una época determinada, lo que explicaría en gran parte el contexto histórico, social y político del Pentateuco. La hipótesis de Sandmel no parece sino una reedición de la tesis fragmentaria. Cf. S. Sandmel, “The Haggada within Scripture”, Journal of Biblical Literature, Filadelfia, 1961, 105-122. No se trata, por el contrario, de postular una “teología plenamente desarrollada”que constituiría el hilo unificador de todo el Pentateuco, como piensa H.H. Schmid-“Auf der Suche nach neuen Perspektiven für die Pentateuchforschung”, Congress Volume, Viena, 1980, 375-394-, sino de evitar perder la perspectiva teológica en pasajes fundamentales del Pentateuco. Una de las ventajas del método histórico-crítico es que, de por sí, no implica ningún a priori, pero también tiene límites, sobre todo en lo que concierne a su insistencia predominante en la forma, con menor atención a su contenido, que una semántica diferenciada puede corregir, y un enfoque que preserve la aproximación sincrónica sin desestimar las aportaciones positivas del estudio diacrónico. Cf. Pontificia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 2001, 38-39.[33] Cf. L. Alonso Schökel, “Die stilistische Analyse bei den Propheten”, Congress Volume, Oxford, 1959, 154-164; J. Muilenburg, “From Criticism and beyond”, Journal of Biblical Literature, Filadelfia, 1969, 1-18; R. Alter, The Art of Biblical Narrative, Londres, 1981. Alter afirma que muchas de las contradicciones del Pentateuco que nosotros percibimos como tales probablemente no fuesen contradictorias en la mente del autor bíblico, lo que supondría otra alternativa a la hipótesis documentaria, cuyo fundamento principal es, sin duda, la existencia de inconsistencias en el texto. Si bien la hipótesis de Alter puede ser válida en lo que él llama “contradicciones superficiales”, no la consideramos apropiada para explicar otras contradicciones de mayor gravedad, y su atribución de este tipo de contradicciones a un acto deliberado del escritor hebreo nos parece poco verosímil, o por lo menos atípica dentro de una mentalidad –la semítica- que se caracteriza por una notable meticulosidad tanto en la redacción como en el cuidado en la transmisión de los textos. Por otra parte, atribuir hechos evidentes –en base a los cuales se formulan hipótesis, como es el caso de la documentaria- a supuestas intenciones del autor no conduce nada, porque todas las teorías en este sentido son igualmente aceptables, ya que nadie puede conocer la intención concreta del autor en un pasaje determinado (esto no anula la presunción de una intención general, para cuya inducción habría ya un material mucho más amplio que para la dilucidación de la intención particular del autor en un cierto pasaje). [34] Cf. N. Whybray, El Pentateuco, 1995, 239; I. Finkelstein, N.A. Silberman, La Biblia desenterrada, 2003, 24-27.
El problema de la historicidad del relato del Éxodo
Si nos remitimos al relato del Libro del Éxodo y tratamos de buscar testimonios arqueológicos que puedan avalar, aun remotamente, lo que contiene, estas pruebas se reducen, principalmente, a la Estela de Merneptah y al Papiro de Leiden. Estudiosos como Wellhausen o Albright (de la Universidad de Chicago) consideraron verídicos, en su esencia, los relatos de un grupo de pastores hebreos esclavizados en Egipto y sometidos a trabajos públicos en la tierra de Gosén; grupo que lograría escapar bajo el liderazgo de Moisés[35]. En las últimas décadas, los estudiosos se han dividido entre los que afirman la historicidad sustancial de los acontecimientos del Éxodo, y los que la ponen en duda[36]. Surge la cuestión, por tanto, de si realmente cabe un justo medio entre la pura historia y la pura ficción, o si es necesario esbozar una reinterpretación de los relatos del Éxodo que no presuponga la historicidad que tradicionalmente se viene atribuyéndole.
R. Albertz, catedrático de la Universidad de Münster, sostiene el carácter sustancialmente histórico de la narración bíblica. Aun aceptando el grueso de la composición, matiza enormemente los datos bíblicos. Así, por ejemplo, señala que según la perspectiva moderna sólo un pequeño grupo de lo que más tarde habría de configurar el pueblo de Israel estuvo en Egipto, y que su experiencia religiosa se extendió posteriormente a todas las tribus[37]. En opinión de Albertz, resulta verosímil que los egipcios explotaran al grupo como mano de obra para la construcción de “las ciudades granero Pitón y Ramsés” (Éx 1,11), hacia mediados del siglo XIII[38]. Además, Albertz sostiene la tesis de W. Helck de que la comunidad del éxodo estaba constituida por un grupo de prisioneros de guerra de diferente origen étnico, en lugar de un grupo meramente nomádico, como opinan S. Hermann y H. Donner[39]. En el Papiro de Leiden, Ramsés II ordena: “Provéase de grano [...] a los cpr que acarrean las piedras para edificar la espléndida Pylón de [...] Ramsés Miamum”[40]. El término cpr, de enorme importancia, ya que servirá de base para la teoría de Mendenhall y Gottwald que explica el origen de Israel como un proceso revolucionario llevado a cabo por ciertos grupos socialmente marginados, los habiru[41], es ambiguo. R. O. Faulkner recoge en su diccionario de egipcio medio dos nombres similares: cprw, que traduce por “navegantes”[42] o por “trabajadores”[43], y otro mucho más cercano a la palabra en debate: cpr, que Faulkner traduce por “un pueblo asiático”[44]. Sir E. A. W. Budge incluye también el término en su diccionario, que él translitera Apriu, y traduce por “una clase de canteros extranjeros, en un tiempo identificados con los hebreos”[45]. Encontramos menciones de los apiru ya durante el reinado de Amenhotep II (c. 1420 a.C.[46]), en el contexto de sus campañas en Siria (segunda y tercera). Entre los prisioneros capturados figuran 3600 apiru, etnia que no se puede identificar con los shosu, y que aparece en el siglo XIX a. C. en Capadocia, en el XVIII a.C. en Mari y a continuación en Hálala. Muchos los identifican con los hebreos, que se habrían integrado en las sociedades en que habitan de un modo marginal, según el relato de la Toma de Joppe. Sin embargo, la diversidad de lugares en que se han encontrado evidencias de su estancia dificulta la asociación a un determinado colectivo étnico que podríamos identificar con los hebreos[47]. Se ha encontrado también mención de los apiru en las tumbas del segundo profeta de Amón, Puiemre (TT 39) y en la del heraldo Antef (TT 155), donde aparecen como viñadores. También se habla de los apiru en las campañas de Sethi I[48], descritos como bandas en las montañas que prestan apoyo a una coalición de Hamath y de Pella en su ataque a las fortalezas de Bethsan y Reheb. Sir Alan H. Gardiner prefirió equiparar los apiru a los forajidos o bandidos descritos en las cartas de Tell el Amarna[49].
El egiptólogo N. Grimal, que acepta en términos generales la historicidad del éxodo, lo reconstruye del siguiente modo. Parte de que la fecha más probable para situarlo es durante el reinado de Ramsés II. El Papiro de Leiden 348 habla, como hemos dicho anteriormente, de los apiru empleados en el transporte de piedras para un templo, referencia que también se encuentra en el Papiru Harris I. Se sabe, además, que había apiru trabajando en las canteras de piedra de Wadi Hammamat (al nordeste de Tebas), en época de Ramsés IV. Las fuentes egipcias no hablan de rebelión de los apiru, sino que parecen indicar que se trataba de una comunidad libre y comerciante con Egipto (como sugiere la situación socio-económica de su principal comunidad conocida, que es la de los artesanos del país de Madián, hoy Eilath). En las excavaciones en Eilath se ha hallado un templo local consagrado a la diosa Hathor, además de manifestaciones de cultos indígenas[50]. Esta consideración de los apiru contrasta notablemente con la de Gardiner y de otros muchos estudiosos, y nos hace preguntarnos si puede hablarse uniformemente de apiru tanto como colectivo étnico o como colectivo social, si estamos ante una vaga denominación egipcia o si se dio el caso de que ciertas comunidades apiru lograran finalmente asentarse y desarrollar una vida sedentaria. N. Grimal reconoce que ninguna fuente egipcia describe el Éxodo, aunque él lo atribuye a la poca importancia que los egipcios le habrían concedido aun en caso de haber sucedido efectivamente. La problemática Estela de Merneptah no aporta mucha claridad en la confusión. Cierto es que aparece una mención de Israel, pero muchos expertos niegan que se trate de un Estado, sino que más bien alude a un territorio concreto de Palestina o, como mucho, a un grupo reducido asentado en la zona[51]. Por otra parte, las consideraciones que establece Grimal para reconstruir el Éxodo, siguiendo a H. Caselles, no son aceptables hoy en día, cuando la conquista de Canaán es puesta en duda y, en cualquier caso, es extremadamente arriesgado proponer dataciones exactas. Además, no hay evidencias de una ciudad llamada Pitón hasta la época saíta (s. VII-VI a.C.)[52], por lo que la cita de Ex 1,11 (“Entonces, les impusieron capataces para oprimirlos con duros trabajos; y así edificaron para el faraón las ciudades de depósito, Pitom y Ramsés”), no puede tomarse de modo literal.
La inconsistencia de muchos de los datos del Éxodo permite atisbar una nueva perspectiva de abordar la discutida historicidad de los relatos. La “inmensa multitud” de que salió de Egipto era de aproximadamente 600,000 hombres, sin contar los niños; cifra a todas luces exagerada, que más bien apunta a una etapa de un mayor desarrollo político y económico de Israel, probablemente bajo el reinado de Josías. El número 40 es a todas luces simbólico[53], pues es difícil comprender cómo una multitud tan grande podría sobrevivir durante tanto tiempo en el desierto (además del resultado negativo de las excavaciones arqueológicas en la península del Sinaí, que más bien refutan la tesis de una población errante por estos territorios). Los milagros (maná, codornices, agua de la roca, etc.)[54] son más bien interpolaciones teológicas del autor posterior, cuya intención es ofrecer una visión religiosa de lo ocurrido y resaltar la importancia de la providencia divina y de la fidelidad del pueblo a su Dios. El Libro del Éxodo menciona a un monarca llamado “Ramsés”, pero la vaguedad de tal término, sin indicar ninguno de los otros nombres propios del soberano, hace sospechar que el autor bíblico reconstruyó a posteriori la epopeya y trató de conferirle verosimilitud al situarla en la etapa de los ramésidas. Durante el reinado de Ramsés II, que generalmente se ha considerado el faraón del Éxodo, se emprendió una notable serie de construcciones e complejos palaciegos en la zona del Delta, aunque Pitón no aparece como nombre de ciudad hasta la época saíta, siendo monarca Nekao II, hijo de Psamético I. Nekao II llevó a cabo obras en Wadi Tumilat, empleando 120,000 obreros, con la intención de construir un canal que uniese el Mediterráneo y el Mar Rojo. Emplazó la ciudad dePer-Temu como centro de tránsito para esta nueva vía comercial, hoy en Tell el-Maskuta, a quince kilómetro al oeste de Ismaelía[55]. Las coincidencias entre el relato del Éxodo y la situación real del Próximo Oriente antiguo no deben llevarnos a confusión: el autor bíblico conoce muy bien las tradiciones, la historia, la religión y la cultura del entorno de Israel, en especial Egipto, que había sido desde antiguo un lugar obligado de emigración para quienes buscaban un paraíso climático, ecológico y económico. Parece probable, por tanto, que el autor (o los autores) de los relatos bíblicos perteneciese a la elite social de su comunidad, o al menos dispusiese de importantes conocimientos en todos los campos del saber de su tiempo, capacitado para proyectar de alguna forma acontecimientos y circunstancias posteriores a fin de perfilar las líneas generales de los orígenes de la historia de Israel[56].
La relación entre el Éxodo y la revuelta de Jeroboam I contra Salomón y Roboam es cierta: los encuentros de Moisés con los dos monarcas son análogos a los de Jeroboam con Salomón y Roboam. Sin embargo, no podemos deducir de aquí, como hace Oblath, que el éxodo sea una alegoría en torno a los reinos de Salomón y Roboam y a la división del reino de Israel, porque muchos historiadores no estarían hoy dispuestos a aceptar la historicidad de figuras como David y Salomón, y porque tanto las pruebas arqueológicas como las literarias (la composición del Pentateuco) apuntan al siglo VII a.C. o más tarde[57].
El Papiro de Anastasi VI contiene la carta de un funcionario de frontera del tiempo de Sethi II, notificando la salida a través de los puestos fronterizos en el delta oriental de unos ciertos colectivos: “Otra comunicación para mi señor: hemos terminado de hacer pasar a las tribus shasu desde Edón hasta Tkw, a través de las fortificaciones de Merneptah, hasta los cauces de Pitón de Merneptah en Tkw, para preservar su vida y la de sus animales, gracias a la benevolencia de Faraón, el buen sol de todo el país”[58]. La conclusión más evidente que se desprende de esta carta es la estricta e intensa vigilancia a que estaba sometida la frontera del delta oriental. Por tanto, parece extraño que, de haberse producido un flujo o tránsito importante de personas (aun sin ser de las dimensiones desorbitadas que plantea el Libro del Éxodo) por ellas, no se haya preservado ni una sola documentación de semejante operación. Más aún: no hay en las fuentes egipcias, con excepción de la problemática Estela de Merneptah, una sola mención a Israel o a un gran colectivo de esclavos en la tierra de Gosén, que luego huyesen del monarca y anduviesen errantes por los desiertos del Sinaí. El Papiro de Anastasi, más que constituir una prueba a favor del la historicidad del relato bíblico, supone una objeción muy clara. Muchos elementos básicos del relato bíblico son más bien fiables, como hemos visto, e incluso puede que los israelitas perteneciesen por entonces al colectivo de los shasu, que aparecen mencionados en el Papiro de Anastasi y en las catalogaciones egipcias[59], y que de ellos tomasen el culto al dios Yahvé (aunque esto no prueba de modo determinado que los hebreos se hubiesen desligado paulatinamente de los shasu, pero no descarta que muchos de los que posteriormente se ha venido a llamar “hebreos” eran, sencillamente, shasu, y que en este caso si es posible que realizasen incursiones comerciales a Egipto o que incluso participaran en trabajos de construcción en este país). Como concluye el Prof. García López: “Los textos referentes al éxodo son esencialmente narrativos. Una narración puede incluir elementos históricos, legendarios y míticos. En cualquier caso, debe quedar claro que su verdad no se mide por su correspondencia con el hecho verificable”[60].
Si la historicidad del Éxodo es discutida y, como todo apunta, negada, más problemática aún es la figura de Moisés. El autor bíblico conocía, ciertamente, el entorno cultural egipcio, y al llamar al líder religioso “Moisés” no hizo sino usar el verbo egipcio msy (“nacer”). Sin embargo, en el Antiguo Testamento se encuentran otros nombres egipcios de personajes, como Pinjás (1 Sam 1,3) cuyos padres no parece que estuvieran en Egipto. Al igual que en el Génesis se nos dice que Abraham vino de Ur, en Mesopotamia, a fin de otorgarle al Pueblo Elegido el más ilustre de los orígenes (ya que Ur fue siempre sede de cultura y de nobleza, y una de las urbes más distinguidas de la Antigüedad), el autor bíblico, en el caso de Moisés, eligió un nombre muy propio de la realeza[61] que no hacía sino dar fiabilidad a su relato. Sorprende que dada la profusión de las fuentes antiguas para reconocer a las grandes figuras religiosas y espirituales del momento, no se halle referencia alguna a Moisés fuera de la Biblia, en los pueblos y culturas del entorno de Israel[62].
Siendo los testimonios arqueológicos más bien negativos, y contando con los estudios que ofrecen la crítica literaria y hermenéutica de la Biblia (la composición del Pentateuco), la discusión en torno a la historicidad o ficción de los relatos bíblicos torna más bien debate sobre el modo en que el autor bíblico logra asimilar las formas culturales de su tiempo y relacionarlas con un glorioso y remoto pasado que él trata de reconstruir. Anulada, por tanto, la perspectiva historicista que veía en el Libro del Éxodo una fuente fiable, en lugar de cerrarse caminos a la investigación se abren nuevos horizontes, especialmente en lo relativo a la investigación crítica de los textos y del trasfondo religioso, y cobra mayor vigor si cabe la perspectiva teológica, tan necesaria en estos momentos.
Los israelitas serían un pueblo más de la población cananea (no podemos excluir la posibilidad de que, en su momento, fuesen también identificados con la generalidad de los shasu, de quienes muy probablemente habrían tomado el culto a Yahvé[63]), que, seguramente a causa del aislamiento que le supuso la emigración a las tierras altas en torno al año 1000 a.C., evolucionó de forma autónoma. En el siglo IX y en las décadas siguientes individuos significativos o pequeños grupos empezaron a experimentar una intensa y peculiar vivencia religiosa que les iría singularizando y distinguiendo del entorno cananeo. Se produciría, así, una evolución desde el politeísmo y la religión natural cananea[64] hacia una experiencia mística y profética que se irá profundizando, singularizando, extendiendo, organizando e institucionalizando a lo largo de los siglos IX, VIII y VII a.C., aunque no se puede hablar de una consolidación religiosa hasta el reinado de Josías (640-609 a.C.). La institucionalización de esta viva experiencia religiosa hizo crear un trasfondo y escenario de ficción histórico-literaria capaz de enmarcar toda la trayectoria religiosa y teológica de más de tres siglos bajo el aspecto de una trayectoria histórica auténtica[65]. Sería la Escuela Deuteronomista quien habría de dejar formulada esta tradición en la definitiva redacción de la Biblia Hebrea entre los siglos VI, V y IV a.C.[66] Hemos de pensar que este fenómeno no es ajeno a la trayectoria literaria y cultural del mundo antiguo. Ya Manetón, en su Historia de Egipto hace remontar los orígenes de la civilización egipcia a las dinastías de dioses, semidioses y espíritus de los muertos[67], motivos también presentes en las historias épicas mesopotámicas, como el Poema de Gilgamesh, o en relatos parejos en la cultura hitita. Virgilio, al escribir La Eneida, reconstruye los orígenes de Roma remitiéndolos a un glorioso pasado de héroes cuyas hazañas son honrosa memoria para las generaciones venideras. Todo ello se enmarca dentro del inestimable aprecio de los antiguos por el pasado, máximamente expuesto en la filosofía platónica, que ve en los orígenes y en los tiempos pretéritos momentos extraordinarios de plenitud a partir de los cuales todo ha sido decadencia[68].
Tomando en cuenta estas y otras consideraciones, Redford, Finkelstein y Silberman han elaborado una interesante reconstrucción de los orígenes de la religión israelita, y en particular un importante estudio sobre el Éxodo en el cual nos centraremos[69]. Estos autores parten del hecho de que “la situación básica descrita en la epopeya del Éxodo –el fenómeno de unos inmigrantes que llegaban a Egipto desde Canaán y se asentaban en la región fronteriza oriental del delta- está abundantemente verificada por hallazgos arqueológicos y textos históricos”[70]. La desarrollada organización egipcia y la benevolencia de su clima y de su agricultura hacían de esta tierra un destino preferente para la emigración desde tierras menos afortunadas. Además, ya Manetón habló de la invasión de los hicsos, semitas procedentes de Sahura, en la franja de Gaza, que fueron finalmente expulsados por el monarca Ahmosis tras la toma de Avaris, en el Delta,y la conquista posterior de su ciudadela principal[71]. Muchos autores, siguiendo la afirmación bíblica de que el Templo de Salomón se construyó 480 años después del Éxodo, situaron este supuesto acontecimiento hacia el 1440 a.C., es decir, en plena XVIII dinastía en Egipto, entre los reinados de Tutmés III, Amenhotep II y Tutmés IV. Esta fecha extrema, defendida, entre otros, por Sir W.F. Petrie, difiere seriamente de muchas de las indicaciones y precisiones del relato bíblico, como los trabajos forzados para la construcción de la ciudad de Ramsés, algo inconcebible en el siglo XV a.C., cuando aún no había accedido al trono ningún monarca con este nombre. Aun desechando el valor literal de la datación bíblica (480 años antes de la construcción del Templo) e interpretándolo como una cifra simbólica, los estudiosos persisten en tomar en consideración el nombre del monarca que aparece en la Biblia, “Ramsés”, como si pudiese identificarse con algún soberano histórico. Disponemos de información por parte de las fuentes egipcias de que en tiempos de Ramsés II se construyó Pi-Ramsés (Pr-Rcms(w).s: “La Casa de Ramsés”), y parece que en su construcción se emplearon trabajadores semitas. Además, por lo que sabemos de la Estela de Merneptah (sucesor de Ramsés II), en el clima de inestabilidad reinante en Palestina tras el fallecimiento de Ramsés II, estallaron numerosas insurrecciones contra la dominación egipcia, que fueron exitosamente sofocadas en las ciudades cananeas de Ascalón, Guézer, Jeno’án y en una comunidad conocida por los egipcios como “Israel”[72]. Es extraño que en la correspondencia de Tell-el-Amarna, del siglo XIV a.C., no aparezca ninguna mención de Israel, cuando en las numerosas cartas, escritas en su mayoría en babilonio (la lingua franca de entonces) y cananeo entre las sedes diplomáticas de las principales potencias del momento (Mittani, Hatti, Babilonia, Egipto...), se describe la situación política de la zona con notable profusión. Por otra parte, el fortalecimiento de los controles en las fronteras orientales de Egipto tras la expulsión de los hicsos y el reforzamiento de la vigilancia sobre los flujos de inmigrantes, con una pormenorizada documentación de los distintos tránsitos (como hemos podido apreciar en el Papiro de Anastasi), hace prácticamente imposible un éxodo masivo en tiempos de Ramsés II. Además, carecemos de fuentes egipcias que hablen de una posible estancia de los israelitas en el país del Nilo. La autoridad de Egipto en Canaán era firme, tras las contundentes campañas de Ramsés II y su acuerdo de paz con los hititas, y el dominio egipcio en Oriente Próximo se hallaba en la cima de su esplendor. Entre el Sinaí y Gaza se habían construido fortines con una estructura definida que protegían los tránsitos comerciales y caravaneros entre el Este y el Valle del Nilo[73]. La Arqueología no ha encontrado indicios de caminantes errantes en el Sinaí en la época de Ramsés II, cuando se tiene constancia, por ejemplo, de prospecciones en las minas de turquesa de Serabit el Jadim ya en el Reino Antiguo, y de continuas misiones de extracción de minerales en la zona, e incluso algunas de las formas más tempranas de escrituras (las inscripciones proto-sinaíticas). Las modernas técnicas arqueológicas están capacitadas ara hallar huellos de los escasísimos restos que una ocupación nomádica habría dejado. Los resultados negativos en esta línea parecen apuntar a que los relatos bíblicos no son históricos. Ni siquiera en los lugares donde la Biblia dice que el Pueblo Elegido acampó, como Cades Barne (Nm 33), donde se conserva un tell de la Edad del Hierro, no hay prueba alguna de ocupación anterior. Resultados similares hallamos en Esión Gueber o en Tel Arad. Los lugares mencionados por el Libro del Éxodo son reales, pero los acontecimientos descritos no se ajustan a los testimonios arqueológicos.
Todos estos hechos hacen concluir a Redford, Finkelstein y Silberman que, en virtud de los vínculos indiscutibles con el siglo VII a.C., muchos detalles de la narración del Libro del Éxodo pueden ajustarse preferentemente a la gran etapa de prosperidad que vivió el reino de Judá al mismo tiempo que en Egipto gobernaba la XXVI Dinastía[74]. Psamético I y su hijo Nekao II trataron de amoldarse a los cánones del Reino Nuevo, y establecieron la capital en la ciudad de Sais, al oeste del delta. Durante su reinado se llevaron a cabo importantes obras constructivas, y se asentaron colonias comerciales griegas y muchos emigrantes de Judá[75]. El nombre de “Gosén” que da el Éxodo no es egipcio, sino semita, que según Redford deriva de Geshem, nombre dinástico de la familia real de los árabes quedaritas, que se establecieron en el Delta hacia el siglo VI a.C. Los autores han analizado también otras características que ponen de relieve el trasfondo cultural del siglo VII a.C., como muchos de los nombres egipcios mencionados en la historia de José (por ejemplo, Zafnat-Panej y Putifar), que no alcanzaron popularidad hasta la época saíta. Además, lugares como Cades Barnes sólo estuvieron ocupados en el s. VII a. C., y el reino de Edom al que alude la Biblia sólo alcanzó la condición de Estado gracias a los asirios en el siglo VII a.C[76].
Pese a todos los datos favorables que Redford, Silberman y Finkelstein aducen a favor de su hipótesis, no podemos compartir los términos generales de la conclusión: “la narración del éxodo tuvo su forma definitiva en tiempos de la XXVI Dinastía, en la segunda mitad del siglo VII y la primera del VI a.C.”[77]. Los árabes quedaritas no se convertirán en elemento dominante en el Delta hasta el s.V a. C., por lo que parece improbable que el autor bíblico, que teóricamente realizó la redacción definitiva en el s.VI, estuviese ya familiarizado con el topónimo “Gosén”. A nuestro juicio, no se puede hablar de un trasfondo histórico uniforme que hubiese influido en el escritor o en los escritores bíblicos, sino de un marco referencial más amplio, que abarcaría desde el siglo VII al V a.C. (con elementos aun anteriores que el autor conocería por tradición, como por ejemplo algunos aspectos del reinado de los ramésidas y del entorno geográfico y cultural del siglo XIII a.C.), que probablemente explicaría el ensamblaje de los documentos en sentido wellhauseniano, teniendo también en cuenta el concepto, aunque problemático, de tradición oral y de cierta acumulación gradual de algunos fragmentos e interpolaciones posteriores. No podemos tampoco olvidar que las líneas generales de la epopeya del Éxodo son anteriores, y ya están presentes en los oráculos de Amós y de Oseas, que se remontan al siglo VIII a.C. (Amós predica durante el reinado de Jeroboam II, hacia el 750 a.C., y Oseas, oriundo del Reino del Norte, es contemporáneo de Amós)[78]. Si bien sostenemos, grosso modo, la hipótesis de Redford, Finkelstein y Silberman de la ahistoricidad de los relatos del Éxodo y su carácter de “epopeya nacional” (no sin olvidar la intencionalidad teológica y religiosa que cubre todo el relato), no podemos compartir su juicio de que la narración del mismo tuvo su forma definitiva en tiempos de la XXVI Dinastía, sino que, en todo caso, habría que retrasarlo al siglo V. a.C. Además, parece contradictorio que los autores, tras afirmar que la narración del éxodo tuvo su forma definitiva en la XXVI Dinastía, coincidiendo con el reinado de Josías, defiendan más tarde que “en siglos posteriores –durante el exilio en Babilonia y más tarde- se añadirían nuevos elementos al relato del éxodo”[79]. El proceso de elaboración es mucho más amplio y diluido, y si bien muchos de los rasgos propios del relato señalan el reinado de Josías y la figura del monarca egipcio Nekao II como dos referencias importantes, no podemos concluir que el autor o los autores se fijaran exclusivamente en ellos y en el trasfondo histórico en que se apoyan, sino que es necesario ampliar más la etapa de composición del Libro del Éxodo y abandonar la idea de un escenario histórico uniforme en la mente del escritor. Esto, además, concordaría mejor con los resultados de la investigación crítico-literaria sobre la composición del Pentateuco, que retrotrae su formulación definitiva a los siglos V y IV a.C., en el contexto de la tradición deuteronomista.
Hemos visto cómo la Arqueología, y más concretamente la Egiptología, no ofrece ningún testimonio a favor del Éxodo tal y como se encuentra narrado en la Biblia. Los resultados de las investigaciones críticas y literarias sobre la composición del Pentateuco, y las pruebas arqueológicas, indican más bien que el Éxodo fue escrito entre los siglos VII y IV a.C., reflejando el trasfondo histórico de la época, en especial el del monarca egipcio Nekao II y del soberano judío Josías, y de etapas anteriores y posteriores del Próximo Oriente antiguo. Por tanto, no podemos tomar los relatos del Éxodo como sustancialmente históricos. Este resultado, lejos de cerrar puertas a la reflexión teológica, más bien exhorta a la profundización en la vertiente espiritual y religiosa del Libro del Éxodo y del Pentateuco en general, permitiéndonos resaltar las partes esenciales del mensaje bíblico. Es por tanto obligado esbozar una reflexión teológica a modo de conclusión.
[35] Cf. J. Wellhausen, Prolegomena zur Geschichte Israels, Berlín, 1878; W.E. Albright, “The Israelite Conquest of Canaan in the Light of Archaeology”, Bulletin of the American Schools of Oriental Research 74, 1939, 11-23.[36] Cf. J. Bright, Historia de Israel, 1981, 119 (quien sí la defiende); N. P. Lemche, Ancient Israel. A New History of Israelite Society, Sheffield, 1988, 109, quien sostiene que la tradición del éxodo es legendaria y épica, si bien en su obra posterior Die Vorgeschichte Israels. Von den Anfängen bis zum Ausgang des 13. Jahrhunderts v.Chr., Sttutgart, 1996, simplemente la pone en tela de juicio y, en cualquier caso, afirma que el Libro del Éxodo se expone como un hecho literario y no como un hecho histórico.[37] Cf. R. Albertz, Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, 1999, tomo I, 89.[38] Según Albertz, no hay disenso entre los historiadores al respecto –Herrmann, Weimer, Zenger, Schmidt, Donner...-, cosa que hoy en día no está tan clara. [39] Cf.W. Helck, Beziehungen, 1971, 581.[40] Papiro de Leiden, en K. Galling (ed.) Texte zur Geschichte Israels, 1968, 35; J. Briend (ed.), Israel et les nations d’aprés les texts du Proche Orient ancien, París, 1989, 34.[41] Oponiéndose a las teorías anteriores de A. Alt y M. Noth de la progresiva infiltración pacífica de grupos nómadas procedentes del desierto –que presentaba lagunas, como su incapacidad de explicar el origen de estos grupos-, Mendenhall y Gottwald propusieron el “modelo de revolución”, que habla en términos de un “proceso revolucionario” acaecido en el seno mismo de la sociedad cananea. Pero esta hipótesis tampoco cuenta con el respaldo documental –por ejemplo, de las cartas de Tell el Amarna-, y hoy pocos estudiosos la siguen, y muchos hayan preferido un modelo no de revolución sino de “evolución”, como de Geus, Lemche y Stager. Cf. R. Albertz, Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, 1995, tomo I, 132-136; I. Finkelstein, N.A. Silberman, La Biblia desenterrada, 2003, 359-367.[42] Cf. Urkunden IV, 304, 17.[43] Cf. Journal of Egyptian Archaeology, 13, 75.[44] Cf. R. O. Faulkner, A Concise Dictionary of Middle Egyptian, Oxford, 1962; Urkunden IV, 1309, 1. Faulkner emplea la expresión “An Asiatic people”. [45] E.A.W. Budge, An Egyptian Hieroglyphic Dictionary, Nueva York, 1978.[46] La cronología egipcia es muy discutida. Seguiremos la que ofrece N. Grimal en Historia del antiguo Egipto, 1996.[47] N. Grimal no parece tener problema en efectuar tal identificación, pero a nuestro juicio la cuestión es más compleja, máxime teniendo en cuenta los estudios de Mendenhall y Gottwald, donde predomina la tesis de que los apiru son un colectivo social y no étnico. En nuestra opinión, los testimonios arqueológicos, que han hallado el término en lugares tan alejados como Capadocia y Mari, parecen confirmar esta hipótesis. Cf. N. Grimal, Historia del antiguo Egipto, 1996, 235.[48] Cf. B. Grdseloff, Études égyptiennes, II, El Cairo, 1949.[49] Cf. A. H. Gardiner, El Egipto de los Faraones, 1994, 222.[50] El Prof. R. Albertz ha elaborado un estudio muy interesante sobre Yahvé en el que demuestra que hay testimonios de cultos primitivos en la región de Madián, que en todo caso resulta ser más antiguo que Israel. Yahvé era un dios extranjero, si bien ajeno al panteón egipcio, un dios del tipo Hadad, del huracán y la tormenta, con características dinámicas muy similares a las del dios Baal. Las catalogaciones egipcias de la época de Amenhotep II (primera mitad del siglo XIV a.C.) y de Ramsés II (siglo XIII a.C.) hablan ya de Y-h-w3 de los shosu, en la región sur de Palestina. La construcción t3 s3w yhw3puede leerse como “la tierra de los shasu-Yahvé”. Otra posibilidad es suponer un doble genitivo directo: “la tierra de los shasu de Yahvé”. Tampoco puede descartarse la lectura de una aposición de lugar –cf. A.H. Gardiner, Gramática Egipcia, 1991, 90, 3-, resultando “Yahvé en la tierra de los shasu”, que emplea M. Görg, similar a la frase t3-wr 3bdw: “Abidos en el nomo Thinita”. Cf. R. Albertz, Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, 1999, tomo I, 97-104.[51] La Estela es del año quinto del reinado de Merneptah, sucesor de Ramsés II. KRI IV 12,7-19,11. La presencia del determinativo de “pueblo” (hombre y mujer sentados con los tres trazos verticales del plural) indica que, más que de una región geográfica, se trata de un colectivo que habitaba en un territorio de Palestina.[52] No podemos compartir, por tanto, las tesis de Caselles, Grimal y Bucaille. Cf. F. García López, El Pentateuco, 2003, 138.[53] Alude a la idea de completitud, de tiempo necesario para completar una misión. Así, Moisés vive cuarenta años en Egipto, cuarenta en Madián, y está cuarenta años en el desierto. [54] Tan brillantemente interpretados en su vertiente teológica por B. S. Childs en El Libro del Éxodo, 2003.[55] Cf. N. Grimal, Historia del antiguo Egipto, 1996, 392. Grimal recoge la confusión fonética que ha producido el asociar esta ciudad con Ramsés II, quien sí había edificado monumentos en la zona de Pi-Ramsés. A nuestro juicio, las investigaciones que traten de identificar las supuestas ciudades edificadas por los israelitas están condenadas al fracaso. Hemos de recordar que el reinado de Nekao II coincide, aproximadamente, con el de Josías y de sus reformas en Israel, por lo que los autores bíblicos podrían haberlo tomado como modelo de monarca egipcio autoritario al elaborar la epopeya del Éxodo. Sin embargo, como veremos también más adelante, es necesario ser prudentes al respecto, porque las identificaciones taxativas conllevan muchos problemas, y en este sentido nos inclinamos hacia la hipótesis de que al autor bíblico no tuvo en mente ningún monarca en concreto como molde, sino que, de algún modo, recogió también una serie de convicciones que subyacían en su época y en su comunidad sobre los egipcios y su monarquía, asociándolas, evidentemente, al rey que gobernara en ese momento.[56] Cf. F. García López, El Pentateuco, 2003, 138; N.P. Lemche, Die Vorgeschichte Israels (n. 27), 63-64.[57] Cf. M.D. Oblath, “Of Pharaohs and Kings-Whence the Exodus”, Journal for the Study of the Old Testament, Sheffield, 2000, 23-42; E. Zenger, “Le theme de la sortie d’Égypte et la naissance du Pentateuque”, en A. de Pury (ed.), Le Pentateuque en question (n. 3), 322-323. En una comunicación personal, el Prof. Albertz, de la Universidad de Münster, nos transmitió su convicción de que, al haberse luchado la revuelta de Jeroboam I bajo el estandarte del Éxodo, debería encontrarse alguna memoria fiable de ello, y manifestaba también su esperanza de que las excavaciones más recientes en los palacios ramésidas pudiesen aportar nuevo material documental. No podemos ser tan optimistas como el Prof. Albertz, porque a nuestro juicio el Éxodo no puede tomarse como relato auténticamente histórico, sino más bien como una epopeya escrita siglos más tarde. Por otra parte, si la sistematización de los escritos bíblicos se produjo hacia el s. VII a.C., los reinados de David y Salomón, y la revuelta de Jeroboam, se enmarcarían también dentro del plano de lo épico, y no podrían tomarse como referencias históricas válidas. [58] Cf. J. Briend (ed.), Israel et les nations (n. 32), 37; F. García López, El Pentateuco, 2003, 139.[59] Cf. Nota 49[60] Cf. F. García López, El Pentateuco, 2003, 140. El significado de la última frase puede entenderse a la luz de la verdad teológica, que no se diluye en la vertiente histórica del relato, sino que, más bien, los nuevos estudios de crítica y de arqueología constituyen un vivo estímulo para la labor del teólogo, permitiéndole distinguir entre el núcleo esencial y los elementos secundarios de la fascinante historia de salvación que es la Biblia. [61] Basta mirar los nombres s3 rc–“hijo de Ra”- de monarcas como Ahmosis, Tutmés, los ramésidas, etc.[62] Cf. F. García López, “El Moisés histórico y el Moisés de la fe”, Salmanticenses 36, 1989, 7-21.[63] Sir E.A.W. Budge recoge en su Hieroglyphic Dictionary el colectivo “shasu” como los nómadas semitas en general, “shws” en copto, siendo la misma palabra escrita con el determinativo de país “la tierra de los nómadas semitas”. R. O. Faulkner, por su parte, también los analiza, y sitúa el país de estos nómadas en el desierto al nordeste de Egipto, mientras que a la colectividad de los mismos los incluye bajo el epónimo de “beduinos”. No vemos, por tanto, problema alguno en suponer que los israelitas también cayeron bajo esta denominación, hasta que la progresiva diferenciación, sobre todo en el plano religioso, místico y profético, les hizo adquirir una mayor identidad.[64] Una descripción de los cultos cananeos se puede encontrar en Ez 8, donde se relata la adoración a divinidades cananeas, como la diosa Astarté, en el Templo de Jerusalén. Estas continuas inclinaciones hacia la religión cananea –la religión del entorno- prueba que no hubo una idea definida de “religión” judía hasta mucho más tarde, con mucha seguridad hasta después del Destierro.[65] Agradezco al Prof. Gregorio Sebastián los valiosos comentarios y sugerencias a este respecto.[66] Sobre la Escuela Deuteronomista, identificada por M. Noth en 1943 y hoy uno de los puntos fundamentales de la investigación veterotestamentaria, cf. R. Albertz, “In Search of the Deuteronomists”, en T. Römer (ed.), The Future of Deuteronomistic History, Biblioteca Ephemeridum Theologicarum Lovaniensium, 2000, 1-17.[67] Cf. Manetón, Historia de Egipto, edición de C. Vidal, 1998, tomo I. [68] Este tema está magníficamente expuesto en obras ya clásicas como Paideia, de W. Jaeger, Science and Creation: From eternal cycles to oscillating universes de S.Jaki y w. Guthrie, Historia de la filosofía griega.[69] Cf. D.B. Redofrd, “An Egyptological Perspective on the Exodus Narrative”, en A.E. Rainey (ed.), Egypt, Israel, Sinai: Archaeological and Historical Relationships in the Biblical Period, Tel Aviv, 1987, 137-161; Egypt, Canaan and Israel in Ancient Times, Princeton, 1992, 98-122; I. Finkelstein, N.A. Silberman, La Biblia desenterrada, 2003, 55-80.[70] O.c. 60. El fenómeno está bien atestiguado, por ejemplo, en las pinturas de la tumba de Beni Hasan, en el Egipto Medio, donde se representa un grupo de transjordanos que baja a Egipto con animales y bienes.[71] La Egiptología denomina “segundo período intermedio” al que comprende la invasión y dominio del Bajo Egipto por parte de los hicsos. Las fechas son discutidas, pero al parecer se sitúa entre 1785 y 1560 a.C. El relato más detallado de la conquista de Avaris y de la expulsión de los hicsos es el que realiza el oficial Ahmosis, hijo de Abana, en su autobiografía, elegantemente escrita en primera persona; texto que figura en su tumba. Cf. Urkunden IV 3-5.[72] Cf. H. Engel, Siegesstele, 1979; R. Albertz, Historia de la religión de Israel en tiempos del Antiguo Testamento, 1999, tomo I, 131. Esta mención temprana de “Israel” pro parte de los egipcios debe estar acompañada, a nuestro juicio, por otras anteriores en diferentes fuentes, ya que es difícil de comprender que los egipcios empleasen de modo tan directo un nombre de colectividad social y geográfica desconocido con anterioridad. Sería, por tanto, interesante emprender un estudio sobre los orígenes de esta denominación, aunque la escasez de material supone, ciertamente, una problemática difícilmente salvable. El estudio de los epónimos de los diferentes pueblos relacionados con los egipcios, especialmente el de los shasu y apiru, puede aportar interesantes luces al respecto del origen del nombre “Israel” y del surgimiento de los hebreos como colectivo religiosa y culturalmente diferenciado en el seno de las comunidades cananeas. Por el momento, lo único que podemos suponer es que por “Israel” los egipcios comprendían un grupo muy genérico y vago de cananeos –como se deduce del hecho de que “Israel” aparezca en la enumeración de las ciudades cananeas vencidas por Merneptah-, que sólo hasta muchos siglos después gozaría de una autonomía en todos los sentidos.[73] Cf. E.D. Oren, “They Ways of Horus in North Sinai”, en A.F. Rainey (ed.), Egypt, Israel, Sinai: Archaeological and Historical Relationships in the Biblical Period, Tel Aviv, 1987, 69-119.[74] Cf. I. Finkelstein, N.A. Silberman, La Biblia desenterrada, 2003, 74.[75] Jer 44,1; 46,14. El Profeta Jeremías vivió a finales del siglo VII y principios del siglo VI a.C. Dice así: “Palabra dirigida a Jeremías con destino a todos los judíos establecidos en territorio egipcio en Migdol [nombre genérico de fuerte en el Reino Nuevo], Tafnis, Menfis, y en territorio de Patrós [designa el Alto Egipto]”; “Anunciad en Egipto y hacerlo oír en Migdol, y hacedlo en Menfis y en Tafnis. Decid: Tente tieso y erguido, que ha devorado la espada tus contornos”, contenido en el oráculo de la invasión de Egipto. En unos versículos anteriores (46, 2ss), Jeremías da cuenta del ejército del rey Nekao II, al cual batió Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto de Joaquín, hijo de Josías. Los estudiosos de la Biblia afirman que los escritos proféticos son, por lo general, los primeros en el orden cronológico, aunque en ellos también se encuentran interpolaciones posteriores que explicarían la alusión o referencia a sucesos narrados en el Pentateuco. [76] Cf. I. Finkelstein, N.A. Silberman, La Biblia desenterrada, 2003, 76.[77] O.c. 77.[78] Aunque tampoco se pueden descartar interpolaciones en estos escritos, particularmente en Amós, donde la importancia relativa de los sucesos del Éxodo es menor. Las menciones a Egipto son aquí más escasas (sobre todo Am 2, 10; 3, 1; 4, 10), y podrían explicarse o bien por tradiciones anteriores no sistematizadas –quizás documentos previos influidos por tradiciones orales-, o por interpolaciones posteriores.
La Teología del Éxodo
La Historia es el escenario de la acción del hombre, donde se manifiestan su libertad y su racionalidad. La Revelación, en cuanto destinada al hombre en lo más profundo de su condición, se sitúa en la Historia, en el devenir temporal. La Historia influye en cada hombre como individuo, quien a su vez, con su actuar, la determina de modo irreversible, único y propio. Pero la Historia está también referida siempre a la intersubjetividad humana, y por tanto comprende algo supraindividual[80]. Descubrir la dimensión reveladora de la Historia es uno de los grandes méritos de las ciencias del espíritu. En la Historia se revela el hombre mismo, sus anhelos, sus aspiraciones, sus capacidades, su búsqueda, su conciencia. En el Antiguo Testamento, y en el Pentateuco en particular, se percibe una particular relación entre las experiencias de Israel, sus vivencias fundamentales, y la auto-manifestación de Dios a su Pueblo. Los sucesivos eventos, como el paso del Mar Rojo, no son sino una prueba del amor de Yahvé por Israel. Todos estos acontecimientos proclaman, además, la gloria del Señor: “Yo canto al Señor un cántico, porque es alto y excelso. Caballos y carros arrojó al mar. Mi fortaleza y mi cántico es el Señor, Él ha sido mi salvador (…). En tu grandeza soberana abates a los enemigos contra el suelo” (Ex 15,1-21)[81]. No es de extrañar, por tanto, que el Antiguo Testamento ofrezca una imagen belicosa de la Divinidad, que no es ajena al contexto cultural de las demás civilizaciones de la Antigüedad[82]. El hombre antiguo tenía una peculiar comprensión de la relación entre Dios y la historia de los hombres. Los éxitos habían de ser atribuidos a la bondad protectora y benefactora procedente de lo Alto, mientras que los fracasos y derrotas se interpretaban como castigos divinos[83]. Así, por ejemplo, en la Estela Poética de Tutmés III (Dinastía XVIII), leemos que el dios Amón-Ra, Señor de los Tronos de las Dos Tierras (el Alto y el Bajo Egipto) le dice al monarca: “Hago que tus enemigos caigan bajo tus sandalias, para que pisotees a los rebeldes y a los adversarios, ya que te he otorgado la tierra en toda su extensión, estando sometidos a tu autoridad los occidentales y los orientales. Tú hollas todos los países, con tu corazón lleno de gozo. No hay quien pueda volverse agresivamente en la proximidad de tu majestad, sino que, siendo yo tu guía, eres tú quien les da alcance”[84]. Moisés logró guiar victoriosamente al Pueblo de Israel a través del Mar Rojo y del Desierto hasta la Tierra Prometida porque contaba con la ayuda de Dios. Las guerras de Israel son las guerras de Yahvé. Como dice N. Lohfink: “Para la conciencia de entonces la guerra podía convertirse en una auténtica experiencia. Es algo que nosotros ya no podemos vivir. Mas no deberíamos avergonzarnos de respetar nuestro texto, cuando registra con asombro la experiencia de que Yahvé es un guerrero, que Yahvé es su nombre”[85]. Se da en la Historia una experiencia del sentido, del significado del devenir temporal y de la acción libre de los hombres. El hombre da sentido y es a su vez partícipe del sentido ya dado. La Revelación manifiesta que el sentido de la Historia no puede explicarse únicamente desde el hombre. La reflexión meramente humana no conduce al sentido auténtico del devenir histórico. En cada experiencia, cada acontecer individual, cada acción libre, cada suceso, se percibe la dimensión del misterio. Este misterio no es algo que se resuelva considerándolo más allá del mundo, ajeno a la dinámica misma de la Historia, sino que es en la raíz, en la profundidad del acontecer humano donde se aprecia esa incapacidad de comprender cuanto sucede. La Revelación, en este sentido, constituye un encuentro entre el sentido y el individuo, entre la respuesta y quien busca. Para los antiguos hebreos, en los relatos de gloriosas batallas y de grandes fatigas, en el intento de adquirir una conciencia propia al margen de las comunidades del entorno, podía contemplarse la dimensión reveladora de la Divinidad, el mensaje que desde lo Alto llegaba a los hombres y que ellos podían identificar con situaciones concretas vividas y experimentadas. Por tanto, en la narración de las epopeyas del Éxodo no se pretendía ofrecer una visión diacrónica, exacta y verídica de la Historia, sino que se deseaba propiciar un marco, un ámbito donde el Pueblo de Israel pudiera reconocerse, encontrarse, hallar la conciencia de sí mismo, viendo en todo ello la acción creadora, providencial y comprometedora de la Divinidad. Mas la Revelación no se encuadraba sólo en un contexto victorioso, bélico y épico, sino que todo el Pentateuco confiere a lo cotidiano, a la vivencia individual, una indudable importancia. El Éxodo relata cómo Dios se reveló a Moisés en una zarza ardiente mientras éste pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró (Ex 3,1). Dios es el que acompaña permanentemente a su Pueblo, su Pasado y su Futuro, su más viva esperanza[86]. Así, el nombre de Yahvé es un signo de esperanza y de gozo para Israel: Yahvé es el que ésta con ellos por siempre, quien salva y redime a Israel. La existencia de Israel, liberada de la esclavitud de Egipto, simboliza así la dependencia absoluta de la bondad, del poder del Dios vivo, del amor de Yahvé, que ha elegido y protegido a su pueblo. La invocación a Yahvé es una apertura, una abrirse de Israel a la dimensión divina, al poder salvador y redentor de Dios, y es una muestra de confianza en la cercanía de un Dios vivo a quien el hombre puede dirigirse. La fe es esencial en el Antiguo Testamento, y es precisamente lo que otorga unidad a la dispersión de textos, de relatos y de pasajes que hemos tenido oportunidad de analizar. La fe es muestra viva de una intensa experiencia espiritual, mística y profeta que propicia el encuentro del Pueblo de Israel con la Divinidad en lo más profundo de su existir. No es extraño, por tanto, que Martín Buber defina la historia de Israelcomo una historia de fe[87] (heemin), historia de la confianza en la dirigencia poderosa de Yahvé como fundamento de la propia existencia e historia. Moisés simboliza, ante todo, la asunción del cometido y su cumplimiento. Moisés escucha la llamada de Dios en el Sinaí y se dispone a cumplir su misión. Yahvé, el Dios vivo, el Dios que habla al hombre y le trata como interlocutor, el Dios que se revela a Israel en su historia, es el artífice verdadero de las proezas de Moisés y del Pueblo de Israel. Se contempla la fe como un camino, un camino que libera a Israel de las ataduras de la Historia. La historia de Israel es una historia de fe, de confianza, de esperanza, de compromiso con la Divinidad. Los relatos del Libro del Éxodo no son sino una muestra de esta afirmación fundamental, y sólo a la luz de la profunda fe de Israel en su Dios puede comprenderse el conjunto de los textos y su intención. Las motivaciones de carácter político, de legitimación del Pueblo de Israel y de las reformas de Josías, de adquisición de una conciencia propia frente al entorno cananeo, no pueden desligarse de la fe de Israel en Yahvé y de su convicción de que a través de los acontecimientos históricos manifestaba su poder y a su amor por su Pueblo. La reconstrucción literaria, por tanto, de hechos remotos que probablemente nunca ocurrieron no puede entenderse si se disocia de la perspectiva de la fe de Israel en Yahvé, que en todo evento vislumbra la palabra de Dios, su mensaje, su revelación, su diálogo con cada hombre. Esta imagen viva de Dios, que sin duda distingue a Israel de las demás civilizaciones, permite comprender la Historia como una vía y no como un simple escenario carente de sentido y de significado. El significado de la Historia lo da la fe en Dios, la fe en sus promesas, la fe en que más allá de los éxitos y de los reveses de Israel se manifiesta el amor de Yahvé por su Pueblo. Se dice así en Isaías: “Si no creéis, no subsistiréis” (Is 7,9). El ser de Israel es su creer: creencia y existencia no son separables, sino que ambos representan dos dimensiones de una misma realidad: la de cada hombre como dependiente de la bondad y del don de Dios. En Yahvé, el hombre se siente seguro y protegido. En las grandes gestas Dios ha demostrado su fidelidad y su poder. Las exigencias de Yahvé, su Ley, es apoyo y luz para esta subsistencia en la fe. Dios habla a través de la Historia: los hechos históricos son el lenguaje a través del cual se puede contemplar, vivir, experimentar el mensaje salvador de Yahvé. Aquí radica también la importancia del símbolo y de los aspectos simbólicos de cada suceso histórico. Más allá de la inautenticidad histórica de los relatos del Éxodo, persiste su validez en el plano de la fe, su ejemplo, su simbolismo, su significado y sentido para cada hombre. Además, la Historia es también un signo para todos los pueblos, un signo del poder de Yahvé y de la condición de Israel de pueblo suyo, por Él elegido y por Él preservado en la fe. Para los griegos, en cambio, la fe no desempeñaba un rol tan importante. La contemplación es siempre extática; la religión no hace sino fundarse en la convicción de que la mismidad, el ser del mundo, es divino, eterno, inmutable y perfecto, como se puede apreciar en las filosofías de la Grecia clásica[88].
Historia no es para Israel el puro acontecer de los sucesos. Historia no es el devenir diacrónico, sino que la Historia es la manifestación del poder y del amor de Dios; la Historia es el cumplimiento, la creencia firme en Dios, la fe viva. Los relatos del Éxodo se aprecian así desde una perspectiva sincrónica, de conjunto, que no excluye, sin embargo, la importancia singular de cada acontecimiento como símbolo y mensaje de la bondad infinita de Dios (la funcionalidad de lo diacrónico), pero que no concibe la Historia como el acaecer frío, sino como el dinamismo de la revelación de Yahvé a su Pueblo. La Revelación adquiere así un sentido más amplio: no se trata de una dicción literal de los textos sagrados, sino de una experiencia de fe a través de la Historia.
Yahvé es el Dios que salva. En las culturas antiguas, el nombre constituye una singularidad, una designación tan propia que integra varias cualidades en sí mismo. El nombre es un espejo del ser mismo, de la realidad del nombrado. No le falta, pues, razón a Bock cuando afirma que toda la historia del Éxodo se puede leer como definición narrativa de este nombre, anticipado en la revelación de la zarza a Moisés[89].Israel (yd’ en hebreo) reconoce a Yahvé y le rinde culto como soberano. Ante el escepticismo del monarca egipcio, que afirmaba no conocer a un dios llamado “Yahvé” (Ex 5,2), la grandeza de Yahvé se manifestará en los prodigios que obrará.
El estudio exegético de los textos ofrece amplias e interesantes perspectivas que ni el crítico literario ni el historiador pueden desestimar en su trabajo. Es difícil ofrecer una conclusión a modo de epílogo del estudio precedente, pero esperamos que haya servido para mostrar la inigualable riqueza del Libro del Éxodo y la intensidad y profundidad de su mensaje salvífico. En efecto, “para hablar a hombres y mujeres, desde el tiempo del Antiguo Testamento, Dios utilizó todas las posibilidades del lenguaje humano; pero al mismo tiempo, debió someter su palabra a todos los condicionamientos de ese lenguaje”[90]. Recogemos finalmente las palabras de Su Santidad el Papa Juan Pablo II: “deben utilizarse todos los medios posibles –y hoy se dispone de muchos- a fin de que el alcance universal del mensaje bíblico se reconozca ampliamente y su eficacia salvífica se manifieste por doquier”[91].
[80] Cf. H. Fries, Teología Fundamental, 1987, 255. La Historia es por tanto el espacio de la novedad, de lo imprevisible, donde se manifiesta el misterio de la libertad humana y de su condición espiritual. La ciencia histórica estudia el devenir del hombre en el espacio y en el tiempo. Además, para Toynbee, los acontecimientos históricos apuntan a una realidad trascendente, de modo que se puede hablar de God’s activity in History.[81] Leemos también en los salmos: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos; el día al día comunica el mensaje, la noche a la noche le pasa la noticia” (Sal 19, 2-3). En ocasiones, poner el acento sobre los aspectos filológicos, literarios e históricos de la Escritura puede impedirnos admirar la maravillosa belleza de los textos bíblicos, donde se integran de forma armoniosa y sorprendente lo teológico, lo sapiencial, lo poético y lo moral.[82] Véanse, por ejemplo, las invocaciones de los monarcas egipcios a los dioses antes y después de las batallas, o las leyendas que forjaron al respecto (es el caso de Ramsés II y la Batalla de Qadesh).[83] Es interesante observar que la figura de Job, al preguntarse por la injusticia del triunfo y del éxito de los impíos, que contrasta con las penurias del justo, cuestionó la raíz misma de estos planteamientos, propiciando el surgimiento de una comprensión más amplia del bien y del mal como resultado de las acciones humanas.[84] Cf. J.M. Serrano Delgado, Textos para la historia antigua de Egipto1993, 155.[85] N. Lohfink, Das Siegeslied am Schilfmeer, Frankfürt, 1964, 114. En el Nuevo Testamento la Gloria de Dios no se manifestará sólo en las victorias, sino en la impotencia y en la debilidad: theologia crucis.[86] El totalmente nuevo, “quien es nuestro futuro y crea de nuevo un futuro humano”, E. Schillebeeckx, Gott –die Zukunft des Menschen, Maguncia, 1969, 153.[87] Cf. M. Buber, Der Glabue der Propheten, Zurich, 1950.[88] Cf. L. Goppelt, Theologie des Neuen Testaments, Gotinga, 1975, 198ss; H. Fries, Teología Fundamental, 1987, 86.[89] Cf. S. Bock, Breve Storia del popolo d’Israele, Bolonia, 1992, 48. La Biblia de los LXX traduce el célebre “yo soy el que soy” como egw eimi o wn. Sin embargo, una fórmula tan estática y metafísica no parece adecuarse al contexto propio del pueblo hebreo, por lo que la mayoría de los estudiosos prefieren “Yo soy el que seré”, que indica que Dios se irá revelando progresivamente. Cf. F. García López, El Pentateuco, 2003, 144. Véase también el Libro de Oseas 12,10; 13,4.[90] Cf. Pontificia Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 2001, 127.[91] Discurso de Su Santidad el Papa Juan Pablo II sobre la interpretación de la Biblia en la Iglesia, pronunciado el 23 de abril de 1993 durante una audiencia conmemorativa de los cien años de la Encíclica Providentissimus Deus de León XIII y de los cincuenta años de la Divino Afflante Spiritu de Pío XII.
Apuntes de la conferencia dada el 26-02-2005 en el canal IRC de AE
No puedo comenzar la charla de hoy, sin haceros partícipes de una advertencia. El tema del Éxodo es por unanimidad de los exegetas bíblicos, de los más complejos y extensos, por lo que me es materialmente imposible y por el espacio de tiempo que contamos, tocar cada uno de los numerosos puntos que forman la investigación sobre esta parte específica de la Torá. Así que me ceñiré a los datos básicos que tenemos en el campo de la arqueología y su significado o interpretación contrastado posteriormente con lo que dice el texto bíblico. Por tanto muchas cuestiones igualmente interesantes no aparecerán expresadas en esta charla, pero espero poder abrir el germen para otros coloquios futuros, porque el Éxodo, como dice Alain Zivie en su artículo “Ramsés y el Éxodo,¿Una idea tomada prestada?”: es y seguirá siendo un tema abierto.
Una de las historias más trascendentes de la Biblia es la salida del pueblo de Israel a la conquista de la tierra prometida. Una gran masa de israelitas parten de Egipto al mando de Moisés y tras deambular cuarenta años en el desierto, llegan a Canaán. Hasta no hace mucho los arqueólogos bíblicos daban por sentado la historicidad de un éxodo, que únicamente habría sido con el paso del tiempo adornado y enriquecido por la literatura judía.
Pero el desarrollo de la arqueología y la egiptología de los últimos veinticinco años ha sido muy productiva en hallazgos; y sin embargo, no se han descubierto textos escritos extra bíblicos de la edad del bronce tardío que mencionen a Moisés, ni que detallen un éxodo como el descrito en la Biblia.
¿Es qué acaso el éxodo no es más que una leyenda?
Una leyenda es una relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos. Una definición que parece cuadrar actualmente con la narración del Éxodo, pero que en este caso no sería una leyenda cerrada. Y no podemos decir que es una leyenda cerrada, porque un hallazgo arqueológico concluyente podría girar la balanza hacía la historicidad de un éxodo. El profesor John C.H. Laughlin en su libro “La Arqueología y la Biblia” señala sobre este extremo: <>.
Y decimos uno o varios hallazgos arqueológicos definitivos porque hasta ahora únicamente contamos con ciertos vestigios aislados de algo que nos recuerda al éxodo bíblico. Se trata de restos materiales que tienen cierto parecido con lo que nos cuenta la Biblia, pero que carecen de relación entre ellos mismos en un contexto cronológico, sin orden alguno, y sin que por consiguiente nos puedan servir como prueba definitiva sobre la cualidad histórica del relato. Si bien estos hallazgos no son concluyentes por si mismos, ni en su conjunto, nos abren un soportal a la interpretación.
El primero de estos hallazgos en el campo de la egiptología es la estela del faraón Merneptah (1213-1203 a.C.). Hallada en 1896 por Petrie en el templo de Mernepath en Tebas, mide 2,25 metros de altura y está compuesta de granito negro. Esta estela data de los años 1208-1207 a.C. y contiene un himno de victoria que conmemora la aclamación de Egipto sobre sus enemigos. El final de la estela se mencionan los enemigos de Egipto que se hallan en la región de Canaán, entre los que aparece “Israel”.
La frase en jeroglíficos egipcios dice: << Israel está derribado y yermo, no tiene semilla”.(traducción de Pritchard, 1969,pp.376-378).
Al nombre Israel le precede un jeroglífico egipcio que la refiere como población no como un estado, ciudad o región. Lo único que nos proporciona esta inscripción es que sobre el año 1208 a.C. había una población asentada en Canaán denominada Israel y que había sido abatida por este faraón porque su desarrollo demográfico, como ha indicado el egiptólogo Hans Goedicke, podía suponer una amenaza para Egipto. Aunque esta es la referencia más antigua a Israel que conocemos, no nos dice que esta población procediese de un éxodo desde Egipto, ni menciona a un Moisés, ni nada que se le parezca, por lo que como dice el profesor Laughlin, la estela de Merneptah es irrelevante para esta cuestión. El único dato que nos proporciona es que si alguna vez existió algún éxodo, este debió producirse antes del año 1208 a.C.
¿Otros textos egipcios nos ofrecen pistas sobre la existencia de Israel?
Los textos de Execración son unos documentos escritos sobre figuritas de terracota en los que se representan asiáticos (enemigos de Egipto) con el nombre de su población, y se procede a quemar y destruir a la figurita como maldición mágica o forma de destruir parte de su poder. Hay dos grupos de textos: el más antiguo data de la dinastía XII y data de tiempos de Sesostris III (1878-1842 a.C.). Hay un segundo grupo de textos, más tardío (Bronce Medio II, 1800-1630 a.C.). Entre los lugares asiáticos destacan “Shutu” probablemente la región de Moab (Números 24:17) y lugares como Siquem, Hazor, Ashkelon, Lachis, Tiro, y Pella. Se nombra incluso a Jerusalén, pero no hay ninguna mención de Israel. Los textos de execración no nos ofrecen por tanto pistas sobre la existencia de un pueblo llamado Israel fuera de Egipto, en la edad de Bronce.
la estela de Khu-Sebek (Djaa) encontrada en Abidos narra una campaña asiática por Sen-Usert III (1880-1840 a.C.) que dice: “Su majestad se puso hacia el norte a derrocar a los Asiáticos. Su majestad alcanzó un país extranjero de cual el nombre era Sekmem. Su majestad tomó la dirección derecha en el proceder a la Residencia de vida, prosperidad, y la salud”.
Aquí "Sekmem" es probablemente Siquem, pero tampoco se menciona a Israel. En las cartas de Amarna se menciona a Lab'ayu, como gobernador de Siquem, pero no hay referencia alguna a Israel.
¿Israelitas en Egipto?
No hay un éxodo sin estancia en Egipto. No podemos secuenciar una salida, sin una entrada, por lo que lo primero es probar la existencia de israelitas residentes en el Antiguo Egipto. Las pruebas arqueológicas indican que hubo movimientos migratorios de origen asiático hacía Egipto en distintas épocas, pero lo que todavía desconocemos es si en un periodo anterior al siglo XIII a.C. los israelitas se encontraban entre estos grupos.
El profesor Israel Finkelstein director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv dice: <>.
Documentos pictóricos como los relieves de la tumba de Khnumhotep III( alrededor 1880 a.C.) en Beni Asan, muestran un grupo de semitas de la familia de los Abishai entrando en Egipto y en el Papiro de Leiden 348 se dan órdenes para distribuir grano y se menciona a unos habiru empleados en el transporte de piedras para un templo. Esto ha sido asociado por algunos con Éxodo 1:11, donde los hebreos construyeron las dos ciudades granero, Pithom y Rameses.
<>.
Los apiru o habiru también aparecen mencionados en las cartas de el-Amarna, pero tampoco podemos asegurar que fueran Israelitas:
“¡Mira, Turbasu ha sido muerto en la puerta de Sile, y el rey se ha quedado callado/inerte!¡Mira, a Zimrida, rey de Laquis lo han herido unos siervos que se han hecho habiru!”(Carta de Amarna nº41 procedente de Jerusalén)
El historiador egipcio Manetón, escribió en el siglo III a.C. como los egipcios habían sucumbido a una tragedia nacional. Egipto había sido invadido por extranjeros llamados “hicsos” o soberanos de países extranjeros, quienes se habrían establecido en Avaris.
Las excavaciones arqueológicas han confirmado que los hicsos verdaderamente invadieron Egipto de manera gradual, es decir, se trataba de una inmigración progresiva, más que una campaña militar. La influencia cananea en los hicsos es destacable, como ha podido verse a través de la cerámica, arquitectura, tumbas y escritura hallada en el yacimiento arqueológico de Tell ed-Daba, la antigua Avaris. Finkelstein resalta el “paralelismo revelador” entre el periodo hicso y el relato bíblico, diciendo: <>.
A mediados del siglo XVI a.C. Tell ed-Daba fue abandonada y con ella toda influencia cananea en Egipto.
¿Eran los hicsos israelitas?
No hay ningún documento egipcio del periodo hicso que mencione a Israel, tampoco se menciona en las cartas de Tell el-Amarna. Solo aparece mencionado como grupo humano en la estela de Merneptah. Sin embargo, no hay duda del origen semítico cananeo de los hicsos, ¿tal vez protoisraelitas?; téngase en cuenta que la voz “Israel” se traduce del hebreo”Dios lucha, Dios es fuerte”, nombre que Yavhé da al patriarca Jacob(Gén. 32, 28) <>. Por tanto la palabra ”Israel” tiene un origen tardío en la época patriarcal, y bien pudiera haber tenido un uso lo suficientemente extendido durante el siglo XIII a.C., mientras que siglos anteriores los protoisraelitas podrían haber sido identificados bajo otro nombre.
Como todavía no podemos asegurar si entre estas tribus semíticas residentes en Egipto se encontraban los israelitas, algunos minimalistas como el profesor Philip Davies, de la Universidad de Sheffield(Reino Unido),sostienen que los judíos no fueron de Egipto a la tierra prometida, sino que eran aborígenes de Canaán.
El Papiro de Leiden 344 o Papiro Ipuwer, fue traducido por A.H. Gardiner en 1909 y describe una serie de catástrofes y plagas que azotan Egipto, hambre, sequía, fuga de esclavos que se llevan las riquezas de los egipcios y muerte en todas partes de la tierra de Egipto. La similitud entre varios pasajes del éxodo bíblico y el papiro Ipuwer son tan sorprendentes, que algunos eruditos la muestran como fuente egipcia del relato bíblico (Goedicke y Velikovsky).
El Papiro de Leiden es un texto que registra las denominadas "admoniciones de Ipuwer", copiado por escribanos de la XIX Dinastía, pero que se remonta en su redacción original a un periodo que va desde el Reino Antiguo hasta el Reino Medio. Se podría remontar a tiempos de la VI Dinastía (Imperio Antiguo), aunque otros como Gardiner sitúan su contexto en tiempos de la XII Dinastía(Imperio Medio). Su principal característica es que narra grandes desastres en la tierra de Egipto similares a las diez plagas de Egipto. Obsérvese que el orden secuencial de algunas de las plagas coincide con el descrito en la Biblia.
Por ejemplo hay frases similares a las que aparecen en el libro del Éxodocomo:
2:5-6 La plaga esta en todo el territorio. Sangre en todas partes. (Papiro Ipuwer)
"Y hubo sangre por toda la tierra de Egipto." (Éxodo 7:21)
2:10 El rio es sangre. (Papiro Ipuwer)
"Y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre". (Éxodo 7:20)
2:10 La gente no quiere probarla -- La gente esta sedienta en búsqueda de agua. (Papiro Ipuwer)
3:10-13 ¡Así esta nuestro agua ! ¡Así esta nuestra felicidad! Que haremos al respecto? ¡Todo es ruinas! (Papiro Ipuwer)
5:5 "todos los animales, sus corazones lloran. Los ganados gimen... "(Papiro Ipuwer)
"Mira que mi mano será sobre tus campos y sobre los caballos, y asnos y camellos, y bueyes, y ovejas, peste muy grave " ( Éxodo 9:3)Aunque en el papiro no hay ninguna referencia explícita a los israelitas, se menciona una revuelta de esclavos, una columna de fuego y la desaparición en circunstancias insólitas de un faraón.Éxodo 13:21<>.Papiro 7:1 <<>>.El Papiro de Anastasi VI es una carta escrita por un funcionario de puesto fronterizo del tiempo de Seti II, comunicando la salida desde la frontera del delta oriental de ciertas tribus llamadas shasu, es decir, beduinos: “Otra comunicación para mi señor: hemos terminado de hacer pasar a las tribus shasu desde Edón hasta Tjkw, a través de las fortificaciones de Merneptah, hasta los cauces (albercas) de Pr-Itm de Merneptah (existentes) en Tjkw, para preservar su vida y la de sus animales, gracias a la benevolencia de Faraón, el buen sol de todo el país”
Estos textos egipcios son como islotes en medio del océano, son piezas sueltas que si bien nos recuerdan al texto bíblico, estas similitudes podrían ser simples casualidades o también puede que no. Es seguro que no tienen una correspondencia cronológica entre ellos, pero tampoco la tiene la redacción de la Biblia. Así que la Biblia se trasforma de modo autónomo, en una pieza más del rompecabezas. ¿Cuándo redactó Israel los textos que narran su estancia en Egipto y su liberación? Saber la fuente y el periodo cronológico de elaboración del texto del Éxodo es igualmente relevante a la hora de plantear su historicidad o leyenda.
Lo primero es admitir que los textos que describen el éxodo son en su mayoría mucho más recientes que los supuestos acontecimientos. Existen dos versiones del relato del Éxodo, la fuente Yahvista, denominada “J” que se remonta al siglo X a.C. y la fuente Sacerdotal, llamada “P” (del alemán Priesterschrift) que se remonta al siglo VI a.C. Sin embargo hay un resquicio arcaico; se trata del “Canto de Moisés” que se recoge en Éxodo 15,1-18. En este cántico hay expresiones muy antiguas que sugieren una época cercana a los acontecimientos (Jean Louis Ska “Moisés la génesis del texto del Éxodo”). ¿historicidad? No; aun cuando se pudiese, no sin bastante dificultad, datar este texto poético. Su adecuación a un contexto temporal tampoco nos daría la certeza de que esos acontecimientos fueron realidades y no leyenda.
La geografía del Éxodo
El libro del Éxodo es rico en topónimos. El nombre “Sucot” mencionado en Éxodo 12:37 es la forma hebrea del egipcio “Tjkw” y Pitón es la forma hebrea de “Pr-Itm”, ambos mencionados en el Papiro Anastasi.
Por otra parte el nombre “ Migdal”, “Migdol”, “Magdalo”, “Magdala” o “Magdalum” que significa “fortaleza o torre” aparece en Éxodo 14:2 <<>>. La voz Migdol es un nombre corriente para los fuertes egipcios del Imperio Nuevo, situados en la frontera oriental delta y en la ruta de Egipto a Canaán a través del norte del Sinaí. A mediados del año pasado un equipo arqueológico egipcio descubrió al norte de la península del Sinaí un conjunto de fortificaciones construidas en el área de Tharu o Tell Hebua, a unos 30 kilómetros al Este del canal de Suez.
Entre los descubrimientos había un fuerte de la era de los hicsos. El fuerte fue probablemente destruido en las luchas en las que los hicsos fueron expulsados por Kamose y Almose en el s.XVI a.C. Otro descubrimiento fue un grupo de almenas, incluida la pared que mira al sur de una ciudad fortificada del siglo XVI al XIV a.C.Mientras que el último hallazgo fue un fuerte utilizado desde la era hicsos hasta la era Persa, esta última comenzó alrededor del año 525 a.C.
Un relieve del faraón Seti I, grabado en un muro del Templo de Amón en Karnak, muestra los fuertes egipcios con depósitos de agua. En la década de 1970, el arqueólogo Eliécer Oren, de la Universidad Ben-Gurion, realizó campañas de excavación al Norte del Sinaí y descubrió restos de fuertes que coinciden en sus emplazamientos con el relieve de Seti I anteriormente mencionado.
La confusión por tanto es que todas estas fortalezas son igualmente Migdol. ¿ Cúal es entonces el verdadero Migdol bíblico? Si el hallazgo del Migdol de Tell Hebua es el Migdol bíblico, podríamos tener una reconstrucción más clara de la ruta del Éxodo.
Actualmente la ruta del Éxodo sigue siendo objeto de debate. La ruta tradicional del Éxodo bíblico supone que los hebreos cruzaron la zona sur del lago Menzaleh antes de llegar a los lagos Amargos, para luego desviarse hacía el Este de la Costa oriental del golfo de Suez y luego entrar en el Sinaí, en Jebel Musa. Otra versión alternativa sitúa la ruta, dirigiéndose hacía el Este, en sentido opuesto al lago Timas, desplazándose hacía el sitio alternativo del Monte Sinaí en Jebel Helal. Además hay una tercera ruta que los localiza a lo largo de la franja de tierra que separaba el Mar Mediterráneo del lago Sirbón.
Así pues, ante tal vigilancia, cualquier grupo sublevado que pretendiese escapar de Egipto sería capturado fácilmente por los soldados egipcios de estas fortalezas. El único camino sería adentrarse en el desierto del Sinaí.
Pero, ¿ Hay indicios de seiscientas mil almas vagando por el desierto durante cuarenta años?
Tanta masa de gente durante cuarenta años debería haber dejado alguna huella, algún rastro arqueológico. En el Sinaí se han encontrado restos de una actividad pastoral en el tercer milenio a.C., en el periodo helenístico y bizantino, pero no hay prueba alguna de tiempos de Seti I, Ramses II y Merneptah. En Cades Barne donde la Biblia menciona que los israelitas acamparon durante 38 años, los arqueólogos han hallado los restos de un fuerte de finales de la edad de hierro, pero nada de finales de la edad de bronce. Lo mismo pasa con el emplazamiento de Esión Geber, también citado en la Biblia. No hay por consiguiente una correspondencia espacial y temporal entre el Éxodo bíblico y los datos arqueológicos, pero no puede negarse que hay una lógica geográfica en el itinerario de la narración bíblica. No hay duda que los redactores del libro del Éxodo, Números y Deuteronomio, conocían el territorio reseñado, aunque la identificación de estas zonas geográficas no dota de mayor historicidad al Éxodo.
No obstante, si hay restos arqueológicos en el Sinaí de campamentos que se remontan al tercer milenio a.C. en la llanura de Har karkom y en el Valle Uvda, donde los trabajos arqueológicos del profesor Emmanuel Anati, fundador y Director del Centro Camuno di Studi Preistorici in Capo di Ponte en Italia y profesor de Paleo-etnología en la Universidad de Lecce; han ofrecido datos cuanto menos curiosos. Para este erudito la concordancia con las fluctuaciones climáticas, la comparación con la literatura egipcia, la documentación arqueológica en Jericó y en Ai, junto con los hallazgos en Har Karkom y de Ein Kudeirat, parecen confirmar una base histórica al éxodo e indican que los acontecimientos de la salida de Egipto se remontan al período de la VI dinastía egipcia (2345-2181 a.C.).
Emanuel Anati ha realizado excavaciones arqueológicas y exploraciones en la península del Sinaí desde 1954. Su teoría de un éxodo muy temprano ( a finales de la Edad de Bronce Temprano) viene abogada por su identificación del monte Sinaí con el monte Har Karkom, entre la frontera de Israel y Egipto. Tengase en cuenta que hay actualmente unas 20 ubicaciones distintas para el famoso monte Sinaí (desde la tradicional en el área de Santa Catalina, hasta en Arabía Saudí). Entre los más importantes hallazgos hay un altar con doce piedras erguidas, tal y como describe la Biblia, estructuras circulares de piedra con forma de vivienda y una inscripción en la roca con perfil de doble arco y subdivisión en diez cuadrados. Se trata para el profesor Anati de una representación de las tablas de la ley.
Téngase en cuenta que hasta la fecha, la versión extra bíblica más antigua de los diez mandamientos hallada en Egipto se halla en el Papiro de Nash del siglo II a.C., hallado en 1902-1903 por W. L. Nash y llevado a Cambridge (Inglaterra), que consta de cuatro fragmentos de 24 líneas en texto premasorético
En Timna se ha hallado un santuario madianita que posee una gran semejanza con el santuario móvil israelita que permaneció durante la estancia en el desierto. En el santuario medianita los arqueólogos hallaron una serpiente de cobre muy similar a la serpiente de bronce descrita en números 21:6-9.
En la región de Edom, el profesor y arqueólogo canadiense Adams de la Hamilton's McMaster University ,Thomas Levy de la Universidad de California en San Diego y Mohammad Najjar del departamento jordano de Antigüedades han investigado la minería de cobre y la fusión en Khirbat en-Nahas. Tras aplicar métodos de datación por C14 a algunos de sus hallazgos, concluyeron que el lugar de ocupación tuvo sus inicios en el siglo noveno a.C. y que una fortaleza fue ya edificada en el siglo XI a.C., algo que sustenta la existencia de un estado edomita varios cientos de años antes de lo que se creía. Las fechas del Carbono 14 sitúan a los edomitas en tiempos de David y Salomón, como un reino circundante o regional a la monarquía unida del antiguo Israel.
La Biblia menciona a Edom como un Estado gobernado por un rey y Finkelstein decía que “ la arqueología nos ha mostrado que no había reyes de Edom con quienes pudieran enfrentarse los israelitas” y sin embargo el hallazgo reciente de Adams acaba de tirar por la borda la idea tradicional de que ningún estado edomita existió antes del siglo octavo y ha sacado a la luz una fortaleza edomita de defensa. Hasta hoy se habían hallado sellos edomitas del siglo VIII a.C. o la ostraca de Tell e-Kheleifeh, procedente del siglo VI a.C. y tradicionalmente los primeros asentamientos de los edomitas en Petra se remontan al siglo VII a.C. Todo ello, se basaba en que no existían pruebas físicas materiales de que Edom hubiese existido ya en tiempos de David y Salomón, mientras que en el Éxodo se menciona a Edom como un estado formado con anterioridad a Israel.
Todas estas pruebas y otras no mencionadas nos acercan a una posible historicidad, pero ¿son suficientes para arrancar el carácter legendario del Éxodo? No podemos negar que los lugares mencionados en el éxodo son reales, y que tanto ciertos textos egipcios, como ciertos restos parecen referirse al mismo; sin embargo, no hay una correspondencia cronológica entre la Biblia y los papiros, ni entre los demás restos conservados. Algunos de los topónimos mencionados estaban deshabitados en tiempos del bronce tardío, otros no. Tenemos un mosaico de datos, pero no sabemos donde encaja cada pieza. Hasta que estas piezas no formen algo consistente, la narración del Éxodo mantendrá su carácter legendario.
Tampoco podemos afirmar que el Éxodo es completamente ahistórico. Como dice el egiptólogo Hans Goedicke “la tradición del Éxodo refleja la historia sin ser un libro histórico, porque es literatura que contiene reflexiones históricas”.Estas reflexiones históricas hacen que no estemos ante un mito.
La salida de Egipto no es una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Las vivencias de una población semítica unida por su religión, trasladada a la tradición oral y folklore, sometida a las influencias culturales vecinas, ha difuminado aquello que pudo ser un éxodo. Es muy probable que la Biblia contenga un pequeño porcentaje de núcleo histórico sobre el éxodo, incluso puede ser que éste fuera muy diferente del que menciona el texto. Tal vez hubo varios éxodos, tal vez fueran salidas en distintas épocas y de forma gradual. Y es que sería tan poco prudente negar la existencia de un sustrato real sobre la narración del éxodo, como afirmar que es una narración completamente histórica, porque si bien a la vista de las pruebas que he mencionado en esta charla, no puede deducirse la historicidad del éxodo judío, todavía es demasiado prematuro calificarla de mitología, pues como dijo el doctor Hawass durante el año 2002 “nunca sabremos qué secretos está ocultando la arena de Egipto y eso que sólo hemos encontrado un 30% de nuestros monumentos, así que todavía tenemos 70% por descubrir”. En mi opinión, aquellos que niegan la historicidad del Éxodo bíblico, en términos generales, dándolo como un caso cerrado de mito, se están precipitando en sus conclusiones y pecan en una posible futura retractación, porque la salida de los israelitas de Egipto es una leyenda abierta a la historicidad.

Santorini

Apuntes de la Conferencia dada el 10-11-2006 en el canal IRC de AE
Egipto aparece mencionado expresamente más de doscientas veces en el Pentateuco, aunque podemos encontrar unas setecientas alusiones al país del Nilo. La relación Biblia-Egipto ha fascinado tanto a eruditos bíblicos, como filólogos, arqueólogos, egiptólogos e historiadores. Durante cientos de años se dio por cierto que el Éxodo recopilaba las crónicas históricas de la salida de los israelitas de Egipto. No se discutía la veracidad histórica de la narración ni se dudaba de los milagros con que Dios había favorecido al pueblo de Israel. Fue durante el siglo XVII y XVIII con el desarrollo del racionalismo y la ilustración cuando comienza la aparición de obras críticas sobre la Biblia como “Edad de la Razón” por Thomas Paine o “Bibl. Explic.” De François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire.
El filósofo Espinosa (1632-1677) dijo (tract.Theolog. Pol. C.VI) que “los milagros suceden según el curso ordinario de la naturaleza”, entendía que los milagros son una consecuencia del orden y las leyes de la naturaleza, pues de lo contrario una suspensión o interrupción de ellas, no probaría la existencia de un Dios creador, omnipotente e infinitamente sabio. Sobre el paso de los israelitas por el Mar Rojo decía que “El paso del Mar Rojo fue efecto natural del viento del Oriente que toda la noche sopló con gran fuerza”.
Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) decía “Más seguro estoy de mi juicio que de mis ojos” y “Los milagros de los impostores se hacen en las encrucijadas, en los desiertos, en un aposento”.
M...eck, cap.5: “Los progresos de la física, han explicado muchos efectos naturales que se miraban como funestos presagios en los tiempos de ignorancia. La electricidad explica lo que es el rayo, etc. Los milagros vendrían también a colocarse en el número de los efectos naturales>” (s.XVIII).
David Hume (1711-1776) en su obra Décimo ensayo sobre el entendimiento humano, dice:”Un milagro es un efecto o un fenómeno contrario a las leyes de la naturaleza, Más como una experiencia constante e invariable nos convence de la certeza de estas leyes; la prueba contra el milagro, tomada de la certeza misma del hecho, es tan completa como pueda serlo otro argumento que ofrezca la experiencia. Luego no puede ser destruida por ningún testimonio sea el que fuere. En efecto la fe que damos a la deposición de los testigos oculares, está tan bien fundada sobre la experiencia, es decir, sobre el conocimiento que tenemos de que este testimonio es ordinariamente conforme a la verdad. Luego si semejante testimonio es sobre un hecho milagroso, concurren dos experiencias opuestas, una de las cuales destruye a la otra, o a lo menos la mayor de ellas debe prevalecer a la más débil. Siendo, pues, mucho más probable que los testigos se engañen o quieran engañar que no que se interrumpa el curso de la naturaleza, debemos adherirnos más bien a la experiencia de la naturaleza que a la otra”.
A partir de estas tesis se buscaban explicaciones naturalistas de los milagros de la Biblia. Y esas explicaciones naturalistas sobre las plagas de Egipto, o el paso de los israelitas por el Mar Rojo han seguido desarrollándose, como ahora veremos, hasta nuestros días. Sin embargo, hoy, con el adelanto de las ciencias, el debate Egipto-Biblia a tomado un cariz más amplio y no se centra únicamente en los milagros, sino que versa sobre la propia historicidad del Éxodo hasta su propia raíz, es decir, hasta el punto de cuestionarse si hubo realmente israelitas en Egipto y si aquellos alguna vez salieron del país del Nilo. Si bien el debate sobre la historicidad del Éxodo lleva varios siglos abierto, el avance de la arqueología, egiptología y las ciencias, le han dado un nuevo rumbo.
El 15 de septiembre de 2004 tuvo lugar la conferencia “La Teoría Éxodo-Volcán” en la que explique la tesis del egiptólogo Hans Goedicke quien conecta el Éxodo con una erupción volcánica en el archipiélago de Santorini en tiempos de la reina Hatshepsut (1473 a.C.). Goedicke sostiene, dentro de esta línea naturalista de los milagros bíblicos, que la erupción en la Isla de Thera, en Santorini, al norte de Creta (Grecia) produjo la novena plaga bíblica, la columna de fuego y el milagro de la separación de las aguas del Mar Rojo.
El día 24 de septiembre 2004, el propio Hans Goedicke impartió una conferencia en Madrid que tenía por título: “El Éxodo y las Fuentes Antiguas egipcias”, la cual versaba sobre su teoría del volcán y el Éxodo.
Dos años después, nuevos datos han surgido. El pasado 28 de abril de 2006 en el Daily Telegraph saltó la noticia de los resultados del equipo de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) dirigido por Walter L. Friedich, profesor asociado en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la misma universidad, quien años antes descubrió en una capa de roca volcánica de Thera, los restos una rama de olivo que habían sido carbonizados por la erupción. La prueba del Carbono 14 dio como resultado una datación entre los años 1627 a.C. y 1600 a.C. aproximadamente. Simultáneamente, la Universidad de Cornell (EEUU) hizo otras dataciones de muestras de la región que situaban la explosión alrededor del 1660 y 1613 a.C. Es decir, la erupción se habría producido un siglo antes de lo que la arqueología sostiene. En las excavaciones austriacas en Tell el-Daba se halló material volcánico (ceniza) datado por los arqueólogos entorno al año 1475 a.C.-1500 a.C.
El 28 de agosto de 2006 la Universidad de Rhode Island (Nueva Inglaterra-EEUU) publicaba la noticia de que la erupción volcánica de Thera durante la edad del bronce, fue mucho más grande y más extendida de lo que se pensaba hasta ahora. Durante las expediciones realizadas en abril y junio de 2006 los científicos de la Universidad de Rhode Island y el Centro helénico para la Investigación Marítima hallaron depósitos de piedra pómez volcánica y ceniza de 10 a 80 metros de espesor a una distancia de 20 a 30 kilómetros en todas las direcciones de la isla griega de Santorini. Así pues el volumen de material lanzado fue todavía mayor del que pensaba la comunidad científica. Hasta ahora se estimaba que unos 39 kilómetros cúbicos de magma y roca habían estallado del volcán, pero ahora las nuevas pruebas realizadas en los depósitos marítimos establecen que fueron 60 kilómetros cúbicos de material volcánico. El impacto que habría tenido en las regiones vecinas habría sido considerable y desde luego, los efectos habrían llegado también a Egipto.
Así pues tenemos por un lado que los efectos de la explosión volcánica fueron mucho mayores de lo que hasta la fecha se pensaba y por otra parte que persiste una falta de acuerdo entre vulcanólogos y egiptólogos sobre la fecha de la destrucción volcánica de Thera. Tampoco es algo novedoso, pues ya no lo había anteriormente e incluso en el campo de la egiptología. Estudiosos del tema ven la fecha de Goedicke (1473 a.C.) como demasiado tardía, incluso para las cronologías conservadoras y es que otra teoría sobre el Éxodo relacionada con Thera se retrotrae a los tiempos del faraón Ahmosis I.
Un nuevo documental que lleva por título “EXODUS DECODED”(“El Éxodo descifrado") producido en 2006 por Simcha Jacobovici, un cineasta canadiense judío, argumenta que el Éxodo tuvo lugar en tiempos del faraón Ahmosis I (entorno 1525-1500 a.C.) y que el Éxodo estaría relacionado con la erupción volcánica de Thera en el mar Egeo hace 3.500 años. El documental, que es relatado por el director James Cameron (Director de la película "Titanic"), también trata de explicar "la ubicación" del Monte Sinaí.
La película cargada de efectos especiales y que ha tenido un coste de 3,5 millones de dólares, fue primero difundida a través del canal Discovery Channel en Canadá el pasado 17 de abril, y lo fue en el Festival cinematográfico de Jerusalén durante el mes de julio, fue emitida en el Canal Historia en Estados Unidos en agosto y probablemente también será emitido en español a lo largo de los próximos meses.
Al igual que en el documental “MOISÉS” emitido a finales del año 2002 en el canal BBC1 del Reino Unido, donde se analizaban los efectos de la explosión volcánica, entre ellos un Tsunami que habría alcanzado la costa del delta egipcio; el documental “EXODUS DECODED” revisa nuevamente los efectos del volcán egeo y saca a la luz nuevas conclusiones.
Jacobovici se fundamenta en la denominada “Estela de la tormenta” o estela de Ahmosis. Sus fragmentos fueron encontrados en el tercer pilón del templo de Karnak en Tebas entre los años 1947 y 1951 por la misión francesa dirigida por Henri Chevrier. Una restauración de la estela y traducción del texto fue publicada por el egiptólogo Claude Vandersleyen en el año 1967. En 1968 Vandersleyen añadió dos fragmentos más a la estela, uno en la parte superior de la inscripción y otro en la línea 10 del texto.
En la parte superior de la estela se ovacionan los títulos del rey Ahmosis y se recitan fórmulas religiosas. Posteriormente se describe una terrible tormenta que ha sido vista por algunos como un testimonio de la catástrofe de Santorini. Lamentablemente la parte que refiere a la descripción de la tormenta es la más dañada y la que se puede ver con mayor claridad es la siguiente, es decir, la que detalla las medidas tomadas por el faraón para reparar los daños producidos por este desastre natural.
Parte del texto dice así (traducido del inglés):Línea 7 “...los dioses expresaron (mostraron)Línea 8“su descontento...los dioses (han hecho) manifestarse el cielo con una tormenta de (lluvia); se ha oscurecido toda la región occidental; el cielo está (furioso)”.Línea 9 “(......), sin....más que el rugido de la muchedumbre; era....poderoso sobre las montañas más que la turbulencia de él”.Línea 10”la catarata (..........) colosal. Cada casa...cada refugio (o cada lugar cubierto) que ellos alcanzaron...”.Línea 11”se flotaba en el agua como las cortezas de papiro (sobre el exterior) de la residencia real durante día(s)...”.Línea 12”sin nadie capaz de alumbrar (encender) la antorcha en todas partes. ¡Entonces su majestad dijo (....) estos acontecimientos sobrepasan el poder del gran dios y los testamentos de las divinidades! Y su majestad descendió”..................Línea 14 “Después de que el poder de dios fue manifestado. Entonces su majestad llegó a Thebas...(..........................)..........................Línea17 “entonces su majestad fue informada de los recintos funerarios que habían sido invadidos por el agua, que las cámaras sepulcrales habían sido dañadas, que las estructuras de recintos funerarios habían sido minados, que las pirámides se habían (derrumbado).
Línea 18 “todo lo que existió había sido aniquilado, Su majestad entonces ordenó la reparación de las capillas que se habían caído en ruinas en todo el país, la restauración de losLínea 19 “monumentos de los dioses, la nueva erección de sus alrededores, el reemplazo de los objetos sagrados...............”
Jacobovici sostiene que la descripción que aparece en la estela de la tormenta se asemeja a la narración del Éxodo. En la Biblia, la séptima plaga es una tormenta de granizo. (Éxodo 9:23-24) ”Moisés extendió su cayado hacía el cielo y Yavhé lanzó truenos, granizos y rayos a la tierra. Yavhé desencadeno una lluvia de granizo sobre el país de Egipto. El granizo y los rayos mezclados con el granizo fueron tan fuertes que nunca se había visto una cosa semejante en el país de Egipto desde que comenzó a ser nación”. También la Biblia habla de la novena plaga, las tinieblas que sumieron en una profunda oscuridad a Egipto. (Éxodo 10:21-23) “Yavhé dijo a Moisés: <> Extendió Moisés su mano hacía el cielo y unas densas tinieblas cubrieron durante tres días el país de Egipto. No se veían unos a otros, y nadie se levantó de sus sitio por espacio de tres días...”). También añade Jacobovici que en la línea 14 se habla de la manifestación del poder de dios (en singular) lo que es extraño.
En mi opinión una objeción a la estela de la tormenta y su relación con el Éxodo es que no hay mención alguna al granizo mezclado con fuego. Se habla de lluvia e inundaciones, pero nada de granizo, salvo que la palabra granizo estuviera en la parte deteriorada o perdida para siempre de esta estela.
A falta de mención al granizo, Jacobovici se aferra al Papiro de Ipuwer. Este papiro del que ya habíamos hablado en otra ocasión, narra grandes desastres en la tierra de Egipto similares a las diez plagas de Egipto. En una de estas catástrofes, el Papiro de Ipuwer cuenta que Egipto fue azotado por una lluvia mezclada de hielo y fuego. Además la erupción de Thera habría elevado una nube de ceniza hasta la estratosfera y junto con el vapor de agua, la ceniza y los cristales de hielo se habrían compactado creando una especie de granizo. Efectivamente un fenómeno similar se produjo en mayo de este año, debido a la explosión del Volcán Tingo María en Perú, en donde la población del distrito de Ubinas soportó –por unos minutos– la caída de una especie de granizo provocado por el proceso eruptivo del volcán.
Es posible por consiguiente un granizo mezclado con ceniza volcánica, pero el problema está en la datación del Papiro de Ipuwer. Para la mayor parte de los egiptólogos su datación es entre 2100 a..C. y 1700 a.C., mucho antes de Ahmosis.
Ahmosis I fue el faraón fundador de la XVIII Dinastía (1550 –1525 a.C.). Durante su reinado los hicsos, una población de origen semítica, fueron expulsados de Egipto. Se ha barajado la posibilidad de que los hicsos contuvieran población israelita y Jacobovici sugiere en su documental que la expulsión de los hicsos fue el Éxodo. Simcha muestra unas imágenes de una tumba en Beni Hassan a 400 kilómetros al sur de Avaris, donde aparece gente semítica occidental entrando en Egipto. En los jeroglíficos se les llaman “Amu”, que significa gente de dios. Las pinturas de esta tumba están datadas por una inscripción del año sexto del reinado de Sesostris II, en 1890 a.C. Tampoco veo una relación suficientemente clara entre estas pinturas y Génesis 46:26, cuando Jacob se instala en Egipto y tampoco lo es el hallazgo en Tell el-Daba (Avaris) de 9 sellos con forma de escarabajo con el nombre “Jacob”(Y'QB-HR). Como ya explique en otras ocasiones el nombre semítico Jacob fue muy común durante el bronce medio y además el nombre de Jacob ha sido hallado en otros lugares fuera de Egipto. Se han hallado otros escarabeos con el nombre de Jacob en Tell Shiqmona que datan del mismo periodo (s.XVIII a.C.), cerca de Haifa varios y otros en Kabri, cerca de Nahariya. No es por consiguiente una prueba clara de que los israelitas llegaron a Egipto en este periodo.
Los partidarios de esta teoría sostienen que Seqenenre Tao II es el faraón de la opresión, mientras que Ahmosis, nombre que en hebreo dicen significa hermano de Moisés, sería el faraón del Éxodo. En mi opinión el significado del nombre Ahmosis en nada lo relaciona con la vida de Moisés, pues sabemos que el nombre Moisés es un nombre de origen egipcio que significa “hijo de” y de hecho aparece como nombre compuesto en otros faraones como Tut-Moses.
A unos 400 kilómetros al Sur del Delta el documental nos traslada a las minas de turquesa de Serabit el-Khadem al noroeste del Sinaí. En estas minas han sido localizadas varias inscripciones tanto en jeroglíficos egipcios como en escritura protocananea. Las inscripciones semíticas parecen haber sido escritas por esclavos asiáticos que trabajaron en las minas. Jacobovici data la escritura entorno al 1500 a.C., sin embargo los estudiosos todavía no se han puesto de acuerdo. Algunos especialistas las datan del Imperio Medio (2040 a.C. aprox.-1640 a.C aprox..) y otros creen que fueron hechas durante el Imperio Nuevo (1550-1070 a.C aprox.). Una de estas inscripciones dice: “¡ÉL-, sálvame!”, lo que parece una súplica a Yhavé. El editor de la revista Biblical Archeology Review y fundador de Biblical Archaeology Society Hershel Shanks discrepa de Jacobovici y argumenta que la inscripción de Serabit el-Khadem no tiene porque estar clamando a un dios israelita. Además su desciframiento no es todavía concluyente.
Ahora, volvamos a la estela de Ahmosis:
Jacobovici añade que la estela contiene un sincronismo con la Biblia. La estela cuenta como las estatuas de los dioses habían caído en tierra. ¿Un terremoto? Se sabe por las excavaciones en Akrotini (Thera) realizadas por el arqueólogo Spyridon Marinatos que además de la erupción hubo un terremoto. ¿Un maremoto en el archipiélago de Santorini habría sido sentido en Egipto?: No hay duda que si. Baste poner el ejemplo del terremoto que azotó el Mar Egeo el pasado 9 de enero de 2006. El seísmo de entre 6,4 y 6,9 grados en la escala de Richter tuvo su epicentro localizado bajo el fondo del mar, a 200 kilómetros al sur de Atenas y a 20 kilómetros al este de la isla de Kythira. La Isla de Kythira esta muy paralela a Santorini. Este temblor tuvo varias réplicas y se notó en Italia, en Croacia, en Israel y en Egipto. En 1908 hubo otro en la misma zona de escala 7,2 e igualmente se sintió en el delta del Nilo.
Distinto fue el terremoto que asoló Egipto el 12 de octubre de 1992. El resultado fueron 552 muertos en un terremoto de entre 5,5 y 6 grados en la escala de Richter.
Es seguro que al igual que la explosión volcánica, el terremoto que se produjo en Santorini durante la edad de Bronce se sintiera en Egipto. Lo difícil es relacionar la estela de la tormenta con este terremoto.
Intercede el documental en que las plagas tienen una conexión egea. Que la explosión en Thera y los terremotos son la explicación natural a los milagros que narra el libro del Éxodo. La gran falla que separa la placa arábica y africana pasa por el Mar de Galilea, el Mar Muerto y el Mar Rojo. De hecho el Mar Rojo es el resultado de la separación de la placa arábiga y la africana. Hace 30 millones de años la península arábiga comenzó a separarse de África, creándose de forma progresiva el Mar Rojo. La separación continúa en nuestros días, por lo que dentro de millones de años el Mar Rojo se habrá convertido en un nuevo océano (teoría de John Tuzo Wilson). Hay también dos líneas de falla que pasan por el canal de Suez y otra entre el Nilo y Avaris. Bajo Santorini tenemos la falla que une la placa euroasiática. Primero veamos un mapa actual realizado por la NASA de la localización de las placas tectónicas en:
No hay duda que en el antiguo Egipto hubo terremotos, pero ¿acaso una actividad volcánica o un terremoto podrían explicar la plaga de la muerte de los primogénitos o las aguas sanguinolentas del Nilo?
Simcha Jacobovici cree que si. En su documental sostiene que en el Nilo se pudo haber producido una “erupción límnica”. Una erupción límnica es un fenómeno geológico extraño, del cual sólo se tiene constancia histórica en dos zonas vecinas. En el lago Monoun (Camerún) el 15 de agosto de 1984 y en el lago Nyos en 1986. Al tratarse de un hecho volcánico raro, es difícil determinar si ha habido erupciones límnicas en otras partes, aunque se estima que otro lago de alto riesgo es el lago Kivu, entre la frontera de la República democrática del Congo y Ruanda. Para que haya una erupción límnica, un lago debe ser saturado de gas procedente de un volcán. Bajo el lago se produce una sobrecarga de CO2 y un terremoto, un derrumbamiento o una erupción volcánica, produce la liberación de la bolsa de gas, que sale a la superficie en forma de burbujas. Al salir al exterior forma una nube de gas C02 y desplaza el agua formando un Tsunami.
Debe ser un lago muy profundo, estable, tropical y volcánico. Además debe ser un lago meromíctico, es decir, que tenga dos capas de agua que no se mezclan. En la parte más profunda del lago no hay vida, porque no hay oxígeno, sino dióxido de carbono. Este dióxido de carbono se acumula en el fondo (0,38 x10.000.000 m3/año en Lago Monoun y 2,8x10.000.000m3/año en Lago Nyos). La liberación de gas se puede producir cada varios años (L. Monoun), décadas (L. Nyos) o milenios (L.Kivu).
Podemos observar que a mayor profundidad del lago, mayor tiempo en saturación de gas (Profundidad media Lago Monoun=90 m; profundidad media lago Nyos= 210 m; profundidad media lago Kivu=240 m). Cuando un terremoto, una explosión o una erupción sacúde el lago, el gas letal se libera y sube a la superficie produciendo efectos devastadores.La erupción límnica del lago Nyos sacó a la superficie 1,6 millones de toneladas de CO2 que asfixió en 1986 a 1.800 personas en un radio de 200 millas. La nube de gas que emanó de la parte este del lago Monoun en 1984 vino precedida de un estallido y mató a 37 personas. El dióxido de carbono es un gas 1,5 veces más pesado que el aire, no se eleva y se mantiene concentrado a baja altura, de ahí su peligro. Otro ejemplo de concentraciones de CO2 se prodúcen en el Monte Nyrangongo, en el Congo. Allí se ha producido en ocasiones el envenenamiento de niños que aventuran por algunas áreas del monte; donde sale un gas expulsado por grietas en la tierra; no produciéndose en adultos debido a la altura de estos. En el lago Monoun las muertes se produjeron en un área de baja altura. La nube de gas era blanquecina con olor a ácido amargo y las víctimas tenían decoloraciones en la piel y abrasiones. La vegetación aparecía aplastada alrededor del lago por una ola y los supervivientes estaban situados en zonas más elevadas. En el lago Kivu, el profesor Robert Hecky de la Universidad de Michigan, ha obtenido pruebas que demuestran que las criaturas del lago se extinguen cada mil años aproximadamente y que la vegetación cercana al lago es completamente barrida.
Además, según el profesor Jorge Kling, las aguas inferiores de estos lagos contienen altas concentraciones de hierro disuelto que cuando emerge a la superficie, al ponerse en contacto con el oxígeno, se convierte en hidróxido de hierro que le da al agua una coloración pardusca o rojiza.
¿Decoloraciones o abrasiones que parecen úlceras?, ¿hidróxido de hierro que da un color sangre al lago?, ¿una nube de gas que mata a las personas?, todo ello nos hace pensar en algunas de las plagas de Egipto; pero ¿Puede darse una erupción límnica en el Nilo?
En mi opinión es geológicamente imposible. Para empezar el fenómeno límnico únicamente se produce en lagos, no en ríos y además porque el movimiento de las aguas del Nilo impediría saturaciones de gas o minerales.
En segundo lugar no hay constancia en los sedimentos del Nilo, a diferencia del lago Kivu, que haya habido alguna vez actividad límnica. Tampoco el Nilo es meromíctico porque contiene vida en su lecho, ni tiene profundidad suficiente (Profundidad media 15,24-22,86 m). Además hemos observado que a mayor profundidad, mayor tiempo de saturación de gas en el lago, lo cual significa que si el Nilo estuviese gasificado, cada pocos meses habría emanaciones de gas; lo cual nunca se ha producido. ¿Y en los lagos de Egipto?
Nada de esto aparece en los estudios realizados en los lagos del Delta del Nilo. Por ejemplo el Lago Menzaleh (Manzala). Esta laguna litoral cuyo nombre en árabe es Buhayrat al-Manzilah, tiene aproximadamente 40 km. de ancho y 60 km. de largo, contiene más de 1000 islas dispersas por el lago y tiene una profundidad media de 1,3 metros; hasta el punto de que sólo la parte norte es navegable, pues en el sur el agua es muy baja y pantanosa. No se cumplen los requisitos para darse una actividad límnica.
Comenta Jacobovici en su documental que el dióxido de carbono es la décima plaga y que el gas tóxico, más pesado que el aire, circulaba en las zonas más bajas, asfixiando de forma selectiva a los primogénitos varones de Egipto. Continúa defendiendo la idea de que los primogénitos varones tenían una posición privilegiada en el antiguo Egipto y que dormían en camas egipcias a ras del suelo, mientras que el resto de hermanos y hermanas solían dormir en la parte superior de las viviendas. Aporta Jacobovici el hallazgo en Avaris de una tumba masiva sólo de varones. Lo que parece un entierro rápido, tal vez producido por una epidemia. Asimismo añade que el primogénito de Ahmosis murió muy joven, cuando contaba sólo con 12 años.
Pero Jacobovici vuelve a errar, los enterramientos masivos en Tel el-Daba son de la XVIII Dinastía, posterior a la expulsión de los hicsos. Además un examen antropológico confirmó que los individuos enterrados comprenden una edad entre 18 y 25 años, algunos de ellos son nubios que probablemente habían sido empleados en el ejército egipcio durante este periodo. Se hallaron puntas de flecha y el lugar de entierro es cercano a la zona militar, por lo que lo más probable es que fueran soldados que murieron a causa de alguna epidemia.
Por último el documental menciona la inscripción de el-Arish. Se trata de una inscripción ptolemaica (305-31 a.C.) hallada en El-Arish. Jacobovici piensa que esta inscripción narra la historia del éxodo desde el punto de vista del Faraón. En realidad, esto no es así, sino que el texto contiene la historia de los dioses Shu, Geb y Ra.. Dice Jacobovici que en la inscripción de el-Arish se menciona a Moisés como el Príncipe del Desierto”, cuando en realidad aparecen otras palabras como “gran jefe del llano ” o “ príncipe de las colinas ”.Jacobovici hace una interpretación tendenciosa de la inscripción de El-Arish, cogiendo una frase de la inscripción y emparejándola con una frase de la Biblia, para luego decir que ambos textos narran los mismos hechos.
La conclusión es que el documental “Exodus decoded” es un documental sensacionalista que aporta una teoría sobre el Éxodo y Ahmosis que no se sostiene por si misma. El problema está en las propias pruebas arqueológicas que aparecen en el documental, que en mi opinión están sacadas de contexto y en las dudas o contradicciones que se producen si situamos el éxodo israelita en tiempos de Ahmosis. No es de extrañar que “Exodus Decoded” haya tenido muchísimas críticas que han salido publicadas en la red, incluso Bryan G.Wood ha llegado a comparar en su artículo Debunking "The Exodus Decoded"(Associates for Biblical Research) el documental de Jacobovici con la película “El Código Da Vinci”. “Exodus decoded” no descodifica el Éxodo, pero el análisis crítico que hemos realizado al documental nos permite ver que la conexión egea es y seguirá siendo a lo largo de los próximos años uno de los puntos más estudiados.